|
De las armas biológicas a la guerra biológica en la historia de Colombia
Indice - Pagina1
- Pagina 2 - Pagina
3 Hugo A. Sotomayor Tribín,
M.D.* Introducción Hoy cuando a raíz de los acontecimientos del 11 de septiembre del año anterior, se habla permanentemente de armas biológicas, guerra biológica y bioterrorismo, creo que es importante considerar todos estos tópicos a la luz de nuestra historia y actualidad, dentro de una perspectiva bioética. Por arma biológica entiendo cualquier material vivo, o derivado de un ser vivo, en estado natural o transformado por el hombre, utilizado para infligir daño al oponente o enemigo. Por guerra biológica entiendo aquella guerra en la que en forma deliberada se utilizan armas biológicas contra el enemigo, o la que por su dinámica logística y de los propios combates, daña, usando para ello cualquier tipo de armas, biológicas o no, las condiciones ecológicas naturales. En este sentido creo que sería mejor utilizar el concepto de guerra ecocida, por ser más amplio que el de guerra biológica, y por que nos ubica no sólo en la perspectiva antropocéntrica, el combate entre hombres, sino que nos sitúa en el terreno de la vida como un todo. Algunos han equiparado a la guerra biológica a las tácticas que impiden a los combatientes o no combatientes el acceso a los recursos médicos para el alivio y tratamiento de heridas y enfermedades. Recuento histórico En el transcurso de la Primera Guerra Mundial se utilizaron por primera vez las armas químicas después de haberse llevado a cabo intensas investigaciones sobre este tipo de armas en laboratorios de Alemania, Reino Unido y Estados Unidos, y durante la Segunda Guerra también se hicieron algunos intentos de emplear armas biológicas. Entre 1940 y 1950, los japoneses bombardearon, en la campaña contra Corea y Manchuria, once ciudades chinas con bombas que contenían material contaminado por peste y tifus. La cifra de muertos que produjeron estas armas biológicas entre la población civil nunca ha sido evaluada. En campos de concentración de prisioneros de guerra, los japoneses inyectaron a tres mil prisioneros chinos, mongoles, británicos, americanos y coreanos, soluciones con principios activos de diversas enfermedades epidémicas; como mínimo mil prisioneros fallecieron en estos experimentos. 1 Se sabe que expertos del ejército británico, realizaron en 1942 experimentos con bombas de ántrax en la isla de Gruinard frente a la costa noroeste de Escocia2 y en 1951, los coreanos acusaron a Estados Unidos de arrojar plagas sobre los campos de cultivos de su país.3 Tras la Segunda Guerra Mundial, en los años 50 y 60, el Gobierno de los Estados Unidos instaló en el estado de Maryland un complejo de laboratorios militares conocidos como Fuerte Detrick. En sus mejores días llegaron a trabajar en él un millar de científicos dedicados a la investigación de armas biológicas. Tras un periodo de receso el gobierno norteamericano, a través del NIH (National Institutes of Health), en la primavera de 1977, decide ponerlo nuevamente en funcionamiento por considerar que esas instalaciones son un lugar seguro para las investigaciones biotecnológicas (con virus).4 En diversos laboratorios construidos bajo la máxima seguridad, investigadores del USAMRIID ( Instituto Médico del Ejército de los Estados Unidos para el estudio de Enfermedades Infecciosas) estudian el efecto de los virus de Lasa, Ébola o Chikungunya, o de virus de la viruela, fiebre amarilla, encefalitis equina, gripe, enfermedad de Marburg y la fiebre del Rift. De gran interés militar en el fuerte Detrick son también las bacterias del ántrax, el botulismo, la brucelosis, la peste, el tifus y las esporas de tétanos, así como otras veinte clases de toxinas tales como los venenos de serpientes, setas, escorpiones y algas.5 De igual modo, han realizado investigaciones con las ranas venenosas, existentes en la costa pacífica de Colombia y utilizadas para los dardos venenosos de los indígenas catíos, de los géneros Dendrobates y Phyllobates. En el proyecto USAMRIID de Fuerte Detrick se han empezado a insertar genes del veneno de serpiente en el ADN de colibacterias, también se está trabajando en la obtención sintética de sustancias venenosas, por ejemplo el veneno de un hongo llamado tricoteceno (conocido como “lluvia amarilla”) y el Pentágono ha gastado enormes sumas en secuenciar el gen que codifica a la enzima acetilcolinesterasa, que es fundamental para regular la acción de ciertos neurotransmisores. Como la producción con técnicas de ingeniería genética es fácil y de bajos costos, las toxinas son las armas biológicas que más posibilidades tienen de ser empleadas en un conflicto.6En cuanto a su aplicación directa, los militares piensan que el aerosol es el mejor vehículo para expandir las armas biológicas entre la población y los ejércitos enemigos.7 Aunque en los laboratorios en donde se realiza manipulación genética de microorganismos, las medidas de seguridad se rigen por las directrices de Asilomar (California), que son mucho más estrictas que las de los laboratorios convencionales (el contar con circuitos de reciclado de agua y aire propios y de compuertas de descontaminación en sus comunicaciones con el exterior), en los últimos años la mayoría de los laboratorios, tanto privados como estatales, en donde se practica la ingeniería genética han empezado a apartarse de estas severas reglas. En la actualidad se llevan a cabo en empresas multinacionales numerosos experimentos de manipulación genética en laboratorios semiconvencionales. En cuanto a los riesgos de transporte o de un sabotaje mencionaremos brevemente que en septiembre de 1981 desaparecieron de Fuerte Detrick 2,3 litros del virus Chikungunya, cantidad suficiente para infectar a toda la humanidad.8 Durante la Guerra Fría cuando existió el riesgo de una confrontación internacional, las potencias se preocuparon por tener arsenales gigantescos de todo tipo de armas, entre estas, las biológicas. Un documento de la OTAN informa que hoy pueden ser empleados entre 39 y 42 agentes biológicos como armas.9 Los Estados Unidos utilizaron potentes herbicidas en la Guerra del Vietnam. Parece que a fines de los años setenta y principio de los ochenta, la Unión Soviética utilizó armas biológicas en Laos, Camboya y Afganistán. A fines de los años ochenta el gobierno Iraquí mató a miles de kurdos con gas Mostaza. En la guerra del Golfo, el ejército estadounidense aplicó a 250 mil soldados una vacuna experimental de ántrax antes de entrar a la zona de combate, ante la posibilidad de que Irak usara este tipo de armas.10 En 1998 se sabía que el uso en el campo de batalla del ántrax era plausible ya que más de una docena de países tenían el arma o la estaban desarrollando, según el Pentágono.11 Hasta esa fecha, los laboratorios podían fácilmente pedir cultivos a ántrax a proveedores estadounidenses. Los países que poseen armas biológicas son además de Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia y Alemania, Bulgaria, Rumania, Israel, Irak, Irán, Pakistán, India, Libia, China, Taiwán, Corea del Norte, Sudáfrica, Cuba, Egipto y Sudáfrica.12 Existe desde hace
varios años el Protocolo de Verificación de Convenio de Armas Biológicas
y Tóxicas (CABT), junto con una elite biotecnológica de Estados Unidos
y los países ricos aliados que conforman un club hermético llamado el
Grupo de Australia para prohibir envíos de equipos y conocimientos a países
sospechosos de desarrollar armas biológicas.13 |
|
Aparte de los riesgos de la manipulación, el transporte y el sabotaje, en algunos aspectos los militares consideran a las armas biológicas más atractivas que las atómicas; pues no destruyen la infraestructura del país conquistado, sólo aniquilan a la población humana y si además el país agresor se halla en posesión de una vacuna efectiva contra la epidemia, su población y su ejército puede ocupar sin problemas el territorio conquistado a pesar de la contaminación biológica. Unos pocos kilos de ántrax tienen la capacidad de matar a tanta gente como una bomba atómica del tamaño de la de Hiroshima.14 Las armas biológicas presentan un peligro mayor porque pueden producirse con métodos de baja tecnología, aunque esto es ligeramente menos cierto a medida que se emplea cada vez más ingeniería genética; además, son casi invisibles. Y si, a diferencia del ántrax, se utilizan microbios contagiosos como base para un arma, pueden crear una epidemia en expansión.15
Indice - Pagina1 - Pagina 2 - Pagina 3
|