El endocérvix: un nuevo órganor

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Epidemiología

Al respecto, es válido preguntarse si los factores predisponentes para el carcinoma de cérvix son diferentes o iguales a los correspondientes al adenocarcinoma. Hemos analizado el factor infeccioso relacionado con el papilomavirus humano (PVH) y sólo el serotipo 18 se relaciona con el adenocarcinoma; en cuanto al factor hormonal, se considera que el uso prolongado de anovulatorios orales tiene relación directa con el adenocarcinoma,3 no así con el epitelioma. Los otros factores físicos (coito) o químicos como el pH ácido de la vagina que actúan en la zona de transformación de la mucosa endocervical al exocérvix, no podrían ser involucrados en la génesis del adenocarcinoma De otra parte, la promiscuidad sexual y su relación con el virus del papiloma humano (PVH, es específica para el serotipo 18.

Historia natural

Los conceptos correspondientes a la historia natural del carcinoma de cérvix tampoco pueden ser aplicados al adenocarcinoma, pues lo que se dice acerca de la aparición del carcinoma en primera instancia en la zona de transformación no puede aplicarse al adenocarcinoma y a los procesos preneoplásticos, como la neoplasia intraepitelial cervical (NIC), y ni siquiera están aceptados para la neoplasia adenomatosa.3

Incidencia

El adenocarcinoma es menos frecuente que el carcinoma epidermoide, pero en las últimas tres décadas su progreso ha sido notorio, pues mientras que la incidencia era apenas de 5% en la década de 1950-1960, ascendió a 12% en los siguientes diez años y para la década comprendida entre 1970 y 1980 fue de 20% a 25% e incluso de 34% para algunos autores (Devis JR).

Por otra parte, el uso de contraceptivos orales por tiempo prolongado (más de 5 años) está considerado como un factor real que favorece la aparición del adenocarcinoma de endocérvix, lo que no se ha podido comprobar con el carcinoma epidermoide, según diversos estudios publicados. Tal aseveración tiene importancia epidemiológica, aunque los nuevos preparados vengan ahora con minidosis.4,8

En cuanto a los factores aparentes, hay que considerar, de un lado, las técnicas de la citología, pues después de que Papanicolaou describiera la técnica de la toma en tres sitios, a saber zona de transformación, exocérvix y el fondo de saco vaginal posterior, y a raíz de los análisis estadísticos de los falsos negativos, se fue mejorando el método. Así, Ayre describió una espátula que raspaba mejor el conducto endocervical; sin embargo, ese método no ha mejorado mucho los resultados. También se han descrito técnicas utilizando el hisopo de algodón, pero sólo con el uso de los escobillones se puede obtener material representativo del endocérvix (Cyto-Brush)5 la finalidad de hacer esta modificación se debió a que los diferentes autores se percataron de que el material obtenido por el método Papanicolaou no incluía el endocérvix.

Recientemente han ocurrido dos hechos importantes con relación al tema; el primero es el estudio Connecticut6 y el segundo, la promulgación del sistema Bethesda.

La experiencia de Connecticut fue un trabajo de investigación que se hizo para comprobar o descartar los llamados cánceres de evolución rápida, en la cual pudo comprobarse que no existían tales cánceres sino eran más bien hallazgos falsos negativos y que de ellos, 32 % correspondían a adenocarcinomas. El segundo se refiere a pacientes con sintomatología difusa y en particular a aquellos con una evolución clínica crónica y tórpida, en quienes se recomienda tomar biopsias endocervicales o conización. Una vez se haya popularizado en el mundo el sistema Bethesda, dentro de los citopatólogos y ginecólogos y tanto aquellos como estos, tengan en cuenta la información acerca del material obtenido o no, del endocérvix, las cifras de carcinomas serán mucho más representativas.

Mención especial merece el uso de la coloración del azul-alciano7 en todas las piezas de histerectomías por cáncer y en las biopsias. Según Buckley, quien usó la coloración mencionada en las piezas de patología de histerectomía, con tal colorante se hacen evidentes las células productoras de moco y es preciso hacer una reclasificación de los tumores en 20%-30% cambiando el diagnóstico de carcinoma escamoso por el de adenocarcinoma adenoescamoso.

El hecho de que el carcinoma de cérvix se diagnostique en etapas preinvasoras, en los países desarrollados y que el tratamiento oportuno lleve la mortalidad a cero ha hecho que las cifras de adenocarcinoma aparezcan aumentadas en su apreciación general.

Diagnóstico

El curetaje del endocérvix tiene una sensibilidad de 64% (falsos negativos 36%) y por eso es preferible la técnica de la conización, ya sea con el método tradicional o con el aparato de radio cirugia8.
La clasificación por etapas es la misma utilizada para el carcinoma epidermoide con las correcciones señalas por Buscema J. y Woodruff J.D.9 Se han hecho intentos para evaluar por medios citológicos e histológicos la diversidad de cambios celulares de la mucosa glandular (es decir NIC I II y III), pero no hay unanimidad en su identificación e importancia (figura 2).

Estados
I Limitado al cérvix.
IA Lesión microscópica
< 5 mm de profundidad
a partir de la membrana basal.
IA1 Invasión <3 mm.
IA 2 Invasión >3 mm. y <5 mm.
IB Lesión visible
IB1<4 cm de diámetro.
IB2 >4 cm de diámetro.
II Extensión a vagina/parametrio.
IIA Compromiso de los 2/3 superiores de la vagina.
IIB Extensión al parametrio.
IIIA Compromiso hasta del 1/3 inferior de la vagina.
IIIB Extensión hasta la pared
pélvica o hidronefrosis.
IVA Compromiso de la mucosa
de la vejiga o el recto.
IV B Metástasis a distancia.
Figura 2. Clasificación por estados del cáncer del cérvix uterino.

El extremo grave de la escala, es decir, NIC III se identifica con mayor facilidad y parece ser un precursor aceptable del adenocarcinoma invasor. En la etapa microinvasiva de la enfermedad glandular no existe una terminología aceptada y criterios definidos en que se funde este diagnóstico. Por tal motivo dicho concepto es, en esencia, teórico.

Pronóstico

El estudio de las características pronósticas del adenocarcinoma de endocérvix es controversial y resulta imperativo unificar los distintos criterios.

Tras realizar una completa revisión bibliográfica, Kilgore y colaboradores presentaron las conclusiones de diversos autores, en un artículo publicado en 1995, en la revista Clínicas Ginecoobstétricas de Norteamérica, y resaltaron varios puntos de particular importancia (tabla 3).10

Tabla 3
1. La clasificación por etapa clínica es imprecisa en la enfermedad invasora.
2. El subtipo histológico es poco importante si se relaciona grado y volumen.
3. Grado: opinión dividida en relación con el hecho de que los tumores indiferenciados son de peor pronóstico.
4. Tamaño de la lesión: el pronóstico es peor con tumores mayores de 3 a 5 centímetros.
5. Compromiso de los ganglios linfáticos: resultados poco conclusivos.
6. Edad: resultados poco conclusivos.
7. Profundidad de la invasión: a mayor profundidad menos supervivencia.
8. Afección del espacio linfovascular: resultados divergentes.

Por lo expuesto, se concluye que los factores pronósticos son poco conclusivos y los procedimientos terapéuticos son difíciles de comprobar y comparar, a su vez, con el carcinoma.

Discusión

Al comenzar el estudio retrospectivo, descriptivo, del adenocarcinoma de endocérvix, durante un período de cinco años en el Hospital Universitario de Barranquilla, a través de las hojas de patología de las pacientes intervenidas por carcinoma de cérvix con histerectomía abdominal, sufrimos una frustración, pues las historias clínicas correspondientes se habían extraviado. Entonces, al revisar la bibliografía especializada, al respecto, nos percatamos de que el endo y el exocérvix por sus características anatómicas, fisiológicas, embriológicas, patológicas y clínicas podían ser deslindados en dos órganos independientes, así como se ha venido haciendo tradicionalmente con el cuerpo y el cuello del útero.

Este hecho, desde el punto de vista taxonómico, le daría al endocérvix una posición consecuente con su real importancia y una mejor comprensión de las afecciones de dicha estructura, especialmente en lo referente al proceso neoplásico.

La frecuencia del adenocarcinoma se ha incrementado por diversos factores reales y aparentes, los cuales ameritan que el tema sea mejor dimensionado y que aquellos puntos aún indefinidos, como los estados preinvasivos, sean mejor estudiados para poder definir, según su clasificación, un pronóstico acertado y un tratamiento adecuado.

Conclusiones

La mayor incidencia del adenocarcinoma del endocérvix se ubica entre los 31 y los 39 años. De otra parte, la incidencia del adenocarcinoma de endocérvix en el grupo estudiado fue de 5,3%.
De los adenocarcinomas encontrados en las 13 pacientes, la mayoría (8) correspondió al tipo bien diferenciado. En el grupo estudiado, sólo seis fueron clasificados histológicamente, por lo cual se recomienda a los patólogos que, en lo posible, incluyan este punto tan relevante en sus resultados. Por medio de este trabajo proponemos intensificar la educación médica para la toma correcta de las muestras endocervicales (escobillón) y la elaboración de nuevos protocolos para el manejo de los diversos tipos de tumores endocervicales.

Al comprobar la autonomía anatómica, embriológica, fisiológica y clínica del endocérvix con respecto al exocérvix, es recomendable considerar al endocérvix como un órgano independiente del exocérvix y, en consecuencia, resulta conveniente presentar la patología de cada estructura en forma individualizada.

Referencias

1. Frederic F. El cuello uterino y sus enfermedades Salvat Editores. 1963; 3-104.
2. Shingleton HM, Gore H, Bradley DH, Soong SJ. Adenocarcinoma of the cervix Am J Obstet Gynecol 1981;139: 799.
3. Taylor Warton J. Neoplasmas of the cervix. En: Holland JF et al, eds. Cancer Medicina, 4th edition; Baltimore, William and Wilkis, 1997; 2227-38.
4. Kaunitz AM. Oral contraceptives and gynecologic cancer: an update for the 1990s. Am J Obstet Gynecol. 1992; 167: 1171-6.
5. Mariam L, Mc Cord, M, Thomas G, Stovall MD, Janeld N et al. Cervical Cytology; a Randomized comparison of four sampling methods. J Obstet Gynecol 1992; 166: 1772-1779.
6. Schwartz PE, Hadjimichael O, Lowell DM, Merino MJ, Janerich D. Rapidly progressive cervical cancer: the Connecticut experience. Am J Obstet Gynecol. 1996; 175 (4 Pt 2): 1105-9.
7. González MA, Corso J, Posso HP, Saenz Bohorquez MC, Martínez Morales G. Carcinoma Invasivo de cérvix INC. 1985-1997. Rev Col Obs y Gin 1994; 45.
8. Hoyos E. Biopsia de endocérvix. Rev Col Obs y Gin 1997; 48.
9. Buscema J. Woodruff JD. The significance of neoplastic atipicalities in endocervical epithelium. Gynecol Oncol. 1984; 17: 56-362.
10. Kilgore L, Helm W. Clínicas Gin-Obs de N A. Vol. 4 Pag. 833-838. L990 Adenocarcinoma del Cuello Uterino.