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Riesgos profesionales en la historia Fernando
Serpa Flórez
La muerte del actor Toda profesión tiene sus riesgos. La tensión a que vive sometida una persona a causa de su trabajo se puede manifestar en su fallecimiento más o menos súbito, más o menos precoz. Pocos datos hay para hacer la historia clínica de Molière (1622-73), el mejor autor cómico francés, quien, en cambio, en su “Médico a palos”, escrito en 1666, (Le médicin malgré lui),1 retrata a los galenos en forma humorística y acerba, con trazos indelebles. No dejó cartas, ni diarios, ni memorias que sirvan de guía al desesperado biógrafo. El señor Poquelin abandonó el honorable y burgués negocio familiar de tapicería, que tenía protección de la corona, para seguir un derrotero azaroso y pleno de aventuras, pues durante trece años recorrió las aldeas y poblaciones de las provincias francesas, con una partida de “cómicos de la legua” para cuyas representaciones escribió sus primeras obras. Después de sufrir prisión por deudas (durante pocos días) enla famosa prisión de le Châtelet, se estableció en París, donde sus comedias fueron acogidas con el debido entusiasmo al ser admiradas en el Palais Royal, de cuya troupe du Roi hacía parte, como actor y director, y en el Teatro de la Comédie Française que él fundó y aun perdura.2 A tales alturas llegó la fama de Molière que el mismo Luis XIV lo distinguió con su aprecio, le brindó protección y le cubrió de honores, al punto que fue padrino del primogénito del dramaturgo. No obstante, tales muestras de favor, fueron, en realidad, un privilegio relativo pues el monarca, egoísta y exigente, era un patrón difícil de complacer. Molière fue amigo de Racine, Boileau y La Fontaine y de su vida amorosa se murmuró en su vida que la adolescente con quien contrajo matrimonio, Armande Béjart, era hija, y no hermana menor, de una antigua amante suya, reconocida por sus livianas costumbres. Aunque nadie pudo probarlo, la posibilidad del incesto alimentó la imaginación popular. Como autor de teatro escribió obras inmortales además de la ya citada, entre ellas, Tartuffe (o La hipocresía),3 L’Avare4 y el Enfermo Imaginario (Le Malade Imaginaire),5 su obra postrera, durante cuya cuarta representación en el papel de Argan tuvo una agorera premonición para no caracterizar a su hipocondriaco personaje en el papel de moribundo: “No, no, le tranquilizó la criada Toinette," ¿qué peligro puede haber en ello?". Pero, mas valiera al actor haber seguido los dictados insondables de su corazón, pues, ya en el escenario le acometió un mortal acceso que poco tiempo después le causaría la muerte. Acabó de cumplir, agobiado por el esfuerzo, su compromiso con el público presente y fue trasladado a su vivienda cercana, en la rue de Richelieu, donde murió una hora después. Como no se había reconciliado ante ningún sacerdote por su disoluta vida de actor, la iglesia puso mil trabas para evitar que fuera sepultado en tierra consagrada y sólo la intervención del mismo rey, ante el arzobispo de París, pudo obviar tales objeciones, de modo que durante las sombras de la noche, cerca de las 9:00 pm y sin mayor pompa, fue enterrado en el cementerio parisiense de San José. Uno de los pocos objetos que recuerdan a Molière, a más de sus inmortales obras, es el sillón escénico que solía utilizar para dirigir a los actores y que hoy puede verse en el segundo piso del vestíbulo de la Comédie Française (figura 1). |
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Figura 1: Ilustración de Jean Baptiste Poquelin, sieur de Molière, en su sillón escénico, que se conserva hoy en el Teatro de la Comedia Francesa, en París. |
Al repasar la vida del genial comediante, el médico no puede menos que admirar, con compasión y cariño, la vida de aquel que, con tanto ingenio, se burló de nosotros. Y recordar la ópera de Leoncavallo, I Pagliacci, escrita un siglo después: Tu sei Pagliaccio! Vesti la giubba e la faccia infarina. La gente paga e rider vuole qua. (“ ¡Eres payaso! Viste el jubón y empolva el rostro. La gente paga y quiere reír …” O aquella anécdota en verso sobre David Garrick (1717 - 79), actor que por varios años dirigió el teatro londinense Drury Lane y que comienza: “Era Garrick actor de la Inglaterra - y el público al mirarlo le decía: ‘ Eres el más famoso de la tierra - y el más feliz … |
| ’ Y el cómico, reía”. Cierto día, agobiado por la depresión, acudió un paciente a un científico de Londres en busca de consejo para curar su melancolía. El doctor, buscando hallar una fórmula adecuada para tratarle el mal, no encontró otra que enviarlo al teatro a ver una representación del cómico inglés. El enfermo, que luego se suicidó, respondió a su médico con aquella frase que se haría famosa: “Yo soy Garrick, cambiadme la receta”. | |