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Servicio de patología Doctor Darío Cadena R.
Desde que el hombre tuvo capacidad de raciocinio quiso explicar las afecciones que causaban dolor o limitación, algunas pasajeras y otras más complejas que llevaban a la muerte. Hay descripciones muy antiguas de los chinos, sirios y egipcios que relatan traumas con lesiones óseas, tumores o formación de quistes, pero la búsqueda de la causa de las enfermedades y la descripción de su historia natural se inicia con los estudios de Avicena alrededor del año 1000. El oscurantismo de la edad media frenó este deseo de conocimiento hasta que brota en el renacimiento con Leonardo da Vinci, Vesalius y Morgagni, padre de la anatomía patológica con su monumental libro De Sedibus et Causus Morborum per Anatomen Indigatis, publicado en 1761 donde analiza las enfermedades y los hallazgos en 700 autopsias practicadas por él. Enormes fueron las contribuciones de Bichat, Laennec, Rokitansky, Malpighi y Virchow para consolidar la especialidad. Fueron Charcot, Giemsa, Erlich y, posteriormente, Stout, Ewing y Ackerman los creadores de la moderna patología quirúrgica y Papanicolaou y Koss los visionarios de la citopatología.
En Colombia se introduce la cátedra de anatomía patológica a principios del siglo XX, pero el ejercicio de la especialidad en los hospitales sólo se inició en los años cuarenta en Medellín y Bogotá. En diciembre de 1955, se reunieron en Cali once patólogos, que eran casi la totalidad de los que ejercían en el país, para fundar la Sociedad Colombiana de Patología, que hoy agrupa a más de 300 especialistas.
En el Hospital de San José se inició la patología quirúrgica en 1954 al ingresar el doctor Alfonso Méndez Lemaitre y organizar el primer laboratorio con procesamiento manual y muy escasos recursos técnicos. Entrenó a Carmen Cárdenas, enseñándole el manejo de los tejidos, los cortes con inclusión en parafina y las coloraciones elementales de rutina. En los archivos del laboratorio reposan esos primeros informes de biopsias y especímenes quirúrgicos escritos con puño y letra del mismo doctor Méndez. Al año se retiró y lo reemplazó el doctor Hernando Latorre, quien al mismo tiempo, fundaba el laboratorio de patología del antiguo Hospital Militar. Los dos primeros patólogos fueron de dedicación parcial y ambos pertenecían a la nómina de profesores de la Universidad Nacional.
En 1958, se retira el doctor Latorre e ingresa el doctor Guillermo Fergusson Manrique, especializado en Buffalo, N.Y., como patólogo de tiempo completo y profesor de la facultad de medicina de la Universidad Javeriana, que por esa época tenía como una de sus más importantes sedes al Hospital de San José. Organizó el laboratorio a imagen de los más importantes hospitales norteamericanos con las secciones de patología quirúrgica y mórbida, para responder a las necesidades asistenciales del hospital y las docentes de la universidad. Se implantaron las biopsias por congelación, las conferencias clínico-patológicas con participación de todos los servicios del hospital y se iniciaron los primeros trabajos de investigación en ciencias básicas.
En 1960, la Sociedad de Cirugía nombra a Fergusson como director del hospital, desde donde desempeña una importante labor de modernización de los servicios y la organización de las especialidades, con duración mínima de tres años, pues hasta entonces los especialistas se formaban como adjuntos o internos junior y senior. Lo reemplaza en la dirección del departamento de patología el doctor Gabriel Ortega, quien continúa la labor de su antecesor, tanto en el área hospitalaria como en la docente. En 1964, termina el contrato entre la Universidad Javeriana y el Hospital de San José, cuando entra en funcionamiento el Hospital de San Ignacio, el doctor Ortega continúa con la Javeriana y se retira de San José.
Lo sucede el doctor Pablo García Infante, quien da un gran impulso a la citopatología. Durante el año de 1965 no hubo estudiantes de pregrado en el hospital, aunque se continuó el internado rotatorio con estudiantes de varias universidades del país, así como los posgrados que avalaba la Sociedad de Cirugía y los refrendaba la Asociación de Facultades de Medicina, mediante exámenes de estado que efectuaba cada seis meses o cada año en diferentes ciudades del país. A finales de ese año, la Sociedad de Cirugía y el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario firman un convenio para reanudar los estudios de medicina del Rosario, interrumpidos en varias ocasiones durante sus más de tres siglos de existencia.
En 1966, ingresa el primer grupo de estudiantes y el doctor Pablo García se encarga de la cátedra de histología. En patología queda como jefe el doctor Gabriel Toro González, quien da un formidable impulso al laboratorio, a la investigación y publicación de sus resultados, así como a la labor docente en la naciente facultad. Contó para ello con la colaboración de los profesores Max Llorente, José Dorado y Odilio Méndez y los residentes Susana de Smith y Darío Cadena. En 1969, se presentó un grave conflicto estudiantil en la facultad por la representación de una obra burlesca de la encíclica Humanae Vitae. Fergusson, director del hospital y decano de la facultad de medicina, no le dio mayor importancia y respaldó a los estudiantes. El rector del Rosario doctor Antonio Rocha, los consiliarios y las directivas desautorizaron y reprobaron la presentación y exigieron sanciones para los responsables. Tanto en el Rosario como en San José se dividieron las opiniones y la gran crisis terminó con la renuncia de Fergusson y algunos profesores entre los cuales se contaron a Gabriel Toro y Odilio Méndez.
El nuevo decano de la facultad doctor Arturo Aparicio Jaramillo contactó en Washington al doctor Francisco Cavanzo Cadena, quien estaba en el Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas. Decidió regresar al país y encargarse del departamento y la cátedra. Llamó a colaborar al doctor Luis Amaya, patólogo de la Universidad Nacional, que a la sazón estaba en San Ignacio y la Universidad Javeriana. En 1970, el doctor Darío Cadena termina su entrenamiento y entra a formar parte del equipo asistencial y docente. Viaja a St. Louis, Missouri, para subespecializarse en nefro e inmunopatología y así introducir estas novedosas técnicas que no había en el país. Participaron en el departamento los doctores José Luis Sierra, Haroldo Calvo Nuñez y Jorge García Cuesta. El doctor Cavanzo le imprimió gran dinamismo al Departamento y fue la época de mayor participación en el desarrollo de la patología en Colombia. Fue presidente de la Sociedad Colombiana de Patología de 1974 a 1976 y lo sucedió el doctor Cadena de 1976 a 1978. Fueron numerosos los cursos organizados por San José que se efectuaron en diferentes ciudades colombianas sobre patología hepática, digestiva, renal y pulmonar.
En 1980, el doctor Cavanzo sale del hospital para organizar el laboratorio de la reciente Fundación Santa Fe, en donde permanece hasta su retiro en 2002. Ingresa como jefe el doctor Darío Cadena Rey, quien seguirá el rigor científico que el laboratorio y la cátedra traen e impulsa la organización administrativa moderna, para convertirla en un centro de costos para lograr aumentar los ingresos y racionalizar gastos y, así, lograr un laboratorio más eficiente y con mayores recursos diagnósticos en histoquímica, inmunofluorescencia, inmuhisto-química y citopatología. Se cuenta con la colaboración de ex alumnos del departamento como el doctor Juan Guillermo Uribe quien, después de subespecializarse en Estados Unidos, le da gran impulso a la patología pediátrica con sus profundos conocimientos y su permanente dedicación. También regresa de Suecia la doctora Pilar Archila quien refuerza la citopatología e introduce la aspiración con aguja fina. El doctor Carlos Saavedra se especializa en hematopatología en Estados Unidos y da gran solidez a esta área de grandes cambios, tanto en el diagnóstico como en la terapia y la expectativa de vida de los pacientes. El doctor Fernando Velandia, después de especializarse en Francia, entra a ayudar en neuropatología. El doctor Édgar Patiño colabora en la cátedra en patología clínica, área que domina y logra que los estudiantes valoren en su magnitud la importancia del laboratorio clínico. La doctora Carmen Lucía Roa y el doctor Edgardo Yaspe, patólogo oncólogo se vinculan al servicio y dan brillo por su empuje juvenil, sus profundos conocimientos y su capacidad docente. En 1993, el doctor Cadena fundó la facultad de citohistotecnología, primera en Colombia, que fusionó dos carreras técnicas como son la citología y la histotecnología, que se hallaban en crisis en el país. La escuela de citólogas del Instituto de Cancerología desapareció debido a las nuevas normas legales que no permitían que una entidad prestadora de servicios de salud fuera, además, organizadora de cursos de educación superior. Las llamadas escuelas de histología eran en realidad contratos amistosos entre técnicos y alumnos que la enseñaban como la habían aprendido, es decir en forma artesanal. El laboratorio de patología de San José fue el epicentro de la nueva facultad y la cooperación de sus profesores y residentes fue decisiva para el éxito alcanzado, lo mismo que el convenio con el Instituto de Cancerología, con la colaboración invaluable de sus patólogos y citólogos. Se distinguieron el doctor Germán Barbosa, la doctora Elvira Castro y la citóloga Myriam Puerto. El doctor Cadena fue decano de la facultad de 1993 a 1995 y contó con el apoyo del rector de la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud, doctor Alberto Villaneda.
Fue decisiva la dedicación y gran capacidad docente de Rosalba de Rentería, secretaria académica, sin cuya presencia hubiera sido casi imposible el desarrollo del proyecto educativo. La doctora Alexandra Santamaría reemplaza al doctor Cadena en la decanatura de la nueva facultad hasta 1996 y desde esa fecha es decana la doctora Margarita Ruiz Rubiano. Las dos profesionales son egresadas de la Escuela Colombiana de Medicina, especializadas en San José con título de la Universidad del Rosario.
El libro Atlas de citopatología del tiroides, publicado por el Rosario en 1994 es fruto del trabajo de grado de Mariam Rolón y Alexandra Santamaría, bajo la supervisión del doctor Cadena, merecedor del premio al mejor trabajo en ese año.
En 1982, los estudiantes colegiales de la Universidad del Rosario eligen consiliario al doctor Cadena y la Universidad lo nombra representante en el Consejo Directivo de la facultad de medicina. En 1986, fue reelegido en los dos cargos hasta 1990. En 1996 el doctor Cadena es elegido por la Asamblea General como Presidente de la Sociedad de Cirugía de Bogotá, reelegido en 1998 hasta el año 2000. Durante este lapso, el doctor Luis Amaya asume la dirección del servicio y continúa la labor asistencial con sus áreas de apoyo, a la vez que organiza de nuevo la cátedra de patología en la nueva facultad de medicina de la FUCS, que el doctor Cadena lideraba en cuanto a su creación y funcionamiento como presidente del Consejo Superior. A finales de 2000, el doctor Amaya se pensiona y se retira del hospital, después de 30 años de servicios continuos que le dieron brillo a las instituciones de San José y el Rosario. La Sociedad de Cirugía le reconoció su gran dedicación otorgándole la condecoración Orden al Mérito, Sociedad de Cirugía. Durante su administración, en cooperación con el presidente de la Sociedad de Cirugía se realizó la remodelación del laboratorio con la que se logró que su estructura física y tecnológica queden a la altura de los mejores hospitales.
El doctor Edgardo Yaspe asume la jefatura por pocos meses, pues por motivos personales y compromisos profesiones se retira del cargo. Lo reemplaza en 2001 la doctora Pilar Archila quien, junto con el grupo que la acompaña, formado por los doctores Darío Cadena, Edgardo Yaspe, Luz Mery Vargas y Juan Carlos Bonilla, todos especializados en el Hospital de San José, han asumido el reto de sacar avante el laboratorio, la cátedra y la investigación, en momentos de grave crisis de la salud en Colombia.
Se han graduado como especialistas en patología 45 médicos. De ellos los 38 que recibieron el título de la Universidad del Rosario son: Darío Cadena, Susana de Smith, Ernesto Silva, Juan Guillermo Uribe, Fernando Velandia, Paulina Ojeada, Fernando Guzmán, Pedro Pablo Osejo, María Teresa Solarte, Rafael Andrade, Gerardo Prada, Esperanza Beltrán, Alicia Narváez, Enrique Colorado, María Constanza Gómez, Pilar Archila, Esperanza Theusabá, Carlos Saavedra, Nubia Dorado, Gonzalo Daniel, Rodrigo Acosta, Ligia Aguilar, Edgardo Yaspe, Ricardo Baquero, Walter Lieman, Jorge Luque, Olga Vásquez, Ana María Nariño, Clara Moreno, Mariam Rolón, Ligia Zárate, Alexandra Santamaría, Margarita Ruiz, Claudia Méndez, Juan Carlos Bonilla, Jackeline Perea, Carmen Lucía Roa y Gabriel Gallón. Recibieron el título de la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud: Claudia Ortega, Gonzalo González, Ángela Rios, Zulma Liliana Méndez, Tatiana Valenzuela, Luz Mery Vargas y Juvenal Baena. Están en la actualidad en entrenamiento: Eliécer Aragón, Martha Lucía Cadena, Ronald Bastidas, Claudia Peña, Patricia Guzmán, Jorge A. Franco y Liliana Moreno.
En la parte técnica se han destacado, además de Carmen Cárdenas, Mardoqueo Sedano, Miguel Rodríguez y su hermano Dionisio que en infortunado accidente de tránsito perdió la capacidad de trabajar, Denis Calderón, Debby Gallón y Patricia Isaza. Entre las citólogas recordamos a Gladys Cruz, Yolanda Walker, Laura Merchán, Clara Carrizosa, María del Rosario Vega y Janeth León. Los secretarios que nos han acompañado durante mucho tiempo han sido Wilma Naranjo, prematuramente fallecida, Alicia Casallas, Martha Malpica, Stella Pertuz, Dora Quiroga, con especial mención, y en la actualidad Marta Ariza, Patricia Benavides y José Romero.
No podríamos dejar de recordar al inolvidable auxiliar de morgue Dionisio Rodríguez, personaje novelesco que bien podría haber vivido dos siglos antes con sus planteamientos y soluciones, propios de nuestros campesinos de oriente.
Con el orgullo de haber estado más de 30 años en el hospital, seguiremos adelante buscando la excelencia de nuestro San José y de la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud. |
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