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Servicio de oncología clínica

Doctor Luis Flórez F.

 

Las afecciones cancerosas agrupan enfermedades diferentes en su aspecto clínico, pero con algo en común como el carácter, de suyo, invasor y maligno y que, sin tratamiento oportuno y eficaz, produce un deterioro importante en el paciente y, con mucha frecuencia, la muerte del mismo.

 

El doctor Nuland, usando una analogía, lo define como: “un grupo de células que se comportan como los miembros de una banda bárbara que ataca y destruye todo lo que encuentra, sin tener ninguna guía, ninguna dirección, pero con un solo propósito en mente, saquear todo lo que esté a su alcance; son los delincuentes juveniles de la sociedad celular”. Es la tercera causa de muerte en Colombia y en los últimos años ha presentado un aumento considerable hasta el punto de convertirse, en muy corto tiempo, en un importante problema de salud mundial.

 

En nuestra institución, los pacientes portadores de esta patología, luego de habérseles diagnosticado la enfermedad, solían ser remitidos a los pocos centros de atención en nuestro radio de acción, que existen en Bogotá, a saber, el Instituto Nacional de Cancerologia y el Hospital Clínica San Rafael.

 

Por ello, en junio de 1995, el doctor Luis E. Flórez Montalvo, quien fue médico interno de la institución en el 88 y había realizado estudios de postgrado en oncología clínica en el Hospital Militar de la ciudad de Buenos Aires, presenta a las directivas de la institución, presidida por el doctor Guillermo Rueda Montaña y dirigida por el doctor Juan Consuegra, un proyecto para crear la unidad de oncología clínica. Con el apoyo del departamento médico en cabeza del doctor Francisco Barreto se da vía libre a dicha iniciativa y se crea el servicio de oncología clínica dependiente del mismo departamento.

 

El servicio inicia su actividad teniendo como sede la oficina de medicina interna; en coordinación con los demás servicios de la institución se realizaron actividades académicas incluidas como parte docente de la misma; las diferentes especialidades enviaron residentes de sus dependencias a realizar rotaciones por el servicio y se empezaron a recibir las primeras ínterconsultas, las cuales, por volverse más frecuentes, requirieron en corto tiempo la adecuación de una pequeña área del hospital, gracias al apoyo de todas las directivas y de la parte administrativa. La sede, inaugurada en septiembre del mismo año, se ubicó en una habitación del antiguo pabellón Uricoechea, en el primer piso, y su dotación consistió en un puesto de secretariado, dos sillones reclinables y un diván, además de un servicio de televisión para la realización de procedimientos de poliquimioterapia.

 

El servicio continuó con su expansión clínica y asistencial, producto de la creciente necesidad de atención de la población de pacientes con cáncer y de la integración y cooperación de los diferentes servicios de la institución. Por eso, el 15 de agosto de 1996, con el apoyo de la nueva administración presidida por el doctor Darío Cadena, del director médico, doctor Manuel Palacios y del jefe del departamento médico, doctor Francisco Barreto, se procedió a la remodelación e inauguración de la unidad de oncología, en el mismo pabellón pero ya bastante ampliado en su capacidad física y operativa. Al mismo tiempo, se adicionó un equipo multi-disciplinario de psicología, enfermería y terapia ocupacional para obtener un mejor rendimiento tanto diagnóstico como de manejo de los pacientes, a fin de integrarlos en las diferentes esferas física, sicosocial y laboral.

 

Esta nueva unidad de oncología consta de ocho puestos reclinables para la realización de quimioterapia ambulatoria, una zona de hospitalización diurna dotada con dos camas, que cumplen las funciones de observación, urgencias y administración de protocolos de larga duración o infusiones prolongadas.

 

Hay instalados en el servicio televisores y circuito cerrado de video, para comodidad de los pacientes; se inaugura también un banco de drogas oncológicas que, en caso de emergencia, funciona para suplir la demanda y mantener sin interrupción el tratamiento de los pacientes, logrando (al prolongar los periodos de remisión y las tasas globales de supervivencia) alcanzar así nuestros objetivos fundamentales tendientes a la curación y control de la enfermedad.

 

En 1999 se inician las obras de remodelación de la torre de consulta externa por lo que el servicio de oncología clínica se trasladó al segundo piso del hospital, en el antiguo pabellón de maternidad y se logran mejorar las instalaciones físicas, permitiendo mayor independencia en las diferentes áreas; como novedades importantes se registran dos nuevos consultorios, un área de preparación de medicamentos citotóxicos y una nueva sala de observación o de hospital diurno; así, la capacidad operativa aumentó a 300 procedimientos al mes. Por el incremento de la demanda, se crea un segundo cargo médico: en agosto de 2001, se vincula a nuestra institución el doctor Pedro Ramos Guette.

 

El portafolio de servicios de la unidad de oncología es muy versátil y novedoso, y se puede resumir de la siguiente forma: consulta externa de oncología clínica (capacidad operativa de 400 por mes), interconsulta hospitalaria (capacidad operativa de 200 por mes), tratamiento de quimioterapia ambulatoria (capacidad operativa de 300 por mes), hospital de día (capacidad operativa de 120 por mes), valoración de urgencias oncológicas (capacidad operativa de 120 por mes), manejo del dolor del paciente oncológico, servicio de banco de drogas en caso de emergencia (capacidad operativa de 20 por mes), paracentesis evacuatorias tumorales (capacidad operativa 120 por mes), toracentesis diagnóstica y terapéutica (capacidad operativa 90 por mes), quimioterapia intrahospitalaria (capacidad operativa de 120 por mes), quimioterapia de infusión intermedia (capacidad operativa de 80 por mes), administración de hemoderivados en el hospital de día, hospitalización de pacientes oncológicos (capacidad operativa de 120 por mes), valoración y manejo por sicooncología. (capacidad operativa de 80 por mes), grupo de apoyo para pacientes y sus familias (capacidad operativa de 80 por mes), valoración y apoyo nutricional (capacidad operativa de 120 por mes), realización de curaciones y manejo de escaras (capacidad operativa de 60 por mes).

 

Las citas de primera vez, dadas en la unidad de oncología, se cumplen dentro de las 48 horas. Para los pacientes en control clínico y en tratamiento por el servicio se establecen en los días correspondientes a su protocolo de manejo sin complicaciones ni atrasos perjudiciales para el cumplimiento del mismo. En los últimos cinco años, el servicio de oncología clínica ha participado activamente en eventos de tipo académico. En coordinación con la facultad de medicina de la Universidad del Rosario y de la Fundación Universitaria Ciencias de la Salud (FUCS), se crea la cátedra de pregrado de oncología clínica en donde se dan los principales conceptos y lineamientos del diagnóstico y manejo de los pacientes portadores de la enfermedad y se estimula la formación de postgrado en esta área.

 

Se participa activamente en los diferentes eventos académicos de índole nacional realizados por los diferentes servicios. En el campo asistencial, la institución ha ganado su participación en el manejo del paciente con cáncer hasta el punto de manejar 30% de la población oncológica de la ciudad, al realizar más de 400 consultas/mes y más de 250 procedimientos/mes. Como consecuencia de lo anterior, la institución es reconocida como un centro de referencia importante en el manejo de esta enfermedad. Cuando se nos habla de cáncer, el mundo se nos viene encima y esto se debe a una creencia infundada que es sinónimo de muerte y dolor; pero con los adelantos de la ciencia y, en particular, de esta especialidad, y con la aparición de diferentes conductas terapéuticas, hemos podido modificar en forma sustancial la historia natural de la enfermedad y el pronóstico de la misma.

 

Hoy este servicio es una realidad, gracias al apoyo y la colaboración de las entidades directivas, administrativas y de las personas que lo integran. Ellas dan lo mejor de sí para lograr sus objetivos y no aprenden otra enseñanza más importante que la de nunca permitirle a sus pacientes perder la esperanza, incluso cuando es claro su estado agónico.

 
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