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Servicio de oftalmología Doctor Alfonso Tribín Piedrahíta
El Hospital de San José de Bogotá fue inaugurado oficialmente el 8 de febrero de 1925. Pero de tiempo atrás se había creado la Sociedad de Cirugía, cuya existencia real data del 22 de julio de 1902, cuando un grupo de médicos, encabezados por Guillermo Gómez y José María Montoya, resolvieron reunirse en la casa ocupada por el Club Médico para fundarla y, en especial, crear bajo la dirección de esta Sociedad, un hospital con los mayores adelantos posibles en la época, para que ayudara a suplir las necesidades médicas y quirúrgicas de la capital de la República y de sus municipios, ya vecinos o lejanos, dada la creciente incapacidad locataria del Hospital de La Hortúa para recibir y atender toda la población enferma, siempre en aumento y con mayor pobreza y mayores necesidades de salud.
Una vez logrados estos objetivos, 23 años después de la primera reunión, la Sociedad de Cirugía de Bogotá, obtenía sus metas iniciales y daba al servicio en la capital de la República el tan deseado hospital, el cual desde ese entonces recibió el nombre de San José, propuesto por el general Juan N. Valderrama, donante del lote inicial, de aproximadamente 3.000 metros cuadrados, en el cual se construyó el nosocomio.
Entre los fundadores, no se encuentra médico alguno a quien se le haya atribuido alguna actividad oftalmológica, pero entre quienes entraron después como Proto Gómez, Tiberio Rojas, Celso Jiménez López, Arcadio Forero y Arturo Arboleda, ya se empezó a observar una definida tendencia a ejercer, por lo menos en parte, aquello que por entonces se denominó especialización en órganos de los sentidos.
Alrededor de 1918, y en los años siguientes, fueron presentados en el seno de la Sociedad trabajos como Sutura de la córnea en la operación de la catarata, por el doctor Arturo Arboleda; Un caso de luxación del cristalino en la cámara anterior del ojo, por el doctor Celso Jiménez López; Una variedad de conjuntivitis, por Arturo Arboleda, que también leyó en la Academia Nacional de Medicina, así como trabajos realizados por quienes, además de la oftalmología, ejercían otras ramas de la medicina como Un caso de sífilis terciaria, por el doctor Tiberio Rojas y el Proyecto de código de moral médica, del doctor Proto Gómez, quien fue considerado como uno de los primeros oftalmólogos de carrera de nuestra patria, y quien se había graduado en París con una tesis relacionada con traumatismos y heridas de los ojos (Des blessures de loeil) hacia 1873.
En 1932, procedente de París, regresa al país el doctor Carlos Uribe Aguirre, médico colombiano graduado en la Facultad de Medicina y Ciencias Naturales de Colombia en 1925, quien, después de terminados sus estudios médicos, realizó también una especialización en órganos de los sentidos con el profesor Celso Jiménez López en el Hospital de La Hortúa de la Universidad Nacional; partió para Francia en donde consolidó su especialización en órganos de los sentidos y en medicina de aviación, y regresó con un enorme bagaje de conocimientos que de inmediato puso al servicio de sus pacientes. Fundó el Servicio de órganos de los sentidos en el Hospital Militar, llamado para tal fin por el entonces director de Sanidad Militar, doctor Jorge Esguerra López; contribuyó al examen de pacientes de sus especialidades en el Centro de Protección Infantil de la Dirección Municipal de Higiene y practicó un poco más tarde exámenes de ojos, oídos, nariz y garganta a los aspirantes a pilotaje en las fuerzas armadas y a los cadetes navales. En 1932, fue llamado por el doctor Andrés Bermúdez para fundar el servicio de oftalmología y otorrinolaringología en el Hospital de San José, de la Sociedad de Cirugía de Bogotá, a lo cual accedió con gusto y facilitó en sus comienzos el funcionamiento prestando su instrumental, pues las consultas las realizaba en su consultorio particular y la cirugía en el hospital, hasta cuando llegó del exterior el pedido hecho por la institución.
Durante los primeros años, el doctor Uribe Agui-rre trabajó solo en el hospital, pero muy pronto fue ayudado por el doctor Arcadio Forero quien, después de graduado en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, hizo estudios de especialización en Europa y en la Argentina en oftalmología, otorrinolaringología, endoscopia de laringe y bronquios, ejerció en Buenos Aires con éxito y perfeccionó sus estudios en cirugía plástica, especialmente de nariz y oído y en broncoesofagología con lo cual, a su regreso a Bogotá, fue el iniciador de los servicios de endoscopia en los hospitales de San Juan de Dios de la Universidad Nacional y de San José de la Sociedad de Cirugía. La ausencia del país del doctor Arcadio Forero, en especial durante los años 1930 y 31, hizo que la Sociedad de Cirugía, lo pasara de miembro de número a correspondiente, situación que posteriormente revirtió al establecerse de nuevo en Bogotá. Hacia 1933 y 1934, siendo presidente de la Sociedad de Cirugía el doctor Zoilo Cuéllar Durán, se pensó en hacer cursos de especialización en el Hospital de San José. El doctor Arcadio Forero, quien trabajaba con el doctor Uribe Aguirre en el servicio de órganos de los sentidos, fue comisionado para hacer los de oftalmología, pero no hay constancia de la realización de alguno de ellos. Entre 1934 y 1935, durante la presidencia del doctor José María Montoya en la Sociedad de Cirugía se leyó el trabajo, uno de los últimos del doctor Arturo Arboleda sobre Complicaciones oculares de origen sinusal, en donde se esbozaba el papel del foco séptico tan invocado en fechas posteriores, como factor de alteraciones oftalmológicas, especialmente alérgicas e infecciosas.
En estos primeros años de funcionamiento del servicio de órganos de los sentidos en el Hospital de San José, realizaron prácticas, sin que posteriormente continuaran ejerciendo la especialidad, los doctores José Santos Lezaca, Carlos Mora y José A. Jácome Valderrama.
Hacia 1938, aparece en el panorama nacional primero, y luego en los servicios especializados de órganos de San José, el doctor Jorge Suárez Hoyos, quien en 1927, por concurso, se había desempeñado como practicante interno del servicio de órganos de los sentidos del profesor Celso Jiménez López, en el Hospital de La Hortúa de la Universidad Nacional y en 1934, 1935 y 1936 fue jefe de clínica, durante los dos primeros años por nombramiento y el último por concurso, del mismo servicio en donde ya empezaba a figurar su posterior director, el futuro profesor Francisco Vernaza, a la sazón director de la consulta externa de oftalmología del Hospital San Juan de Dios (Hortúa). Fue, igualmente, entre 1935 y 1937, por nombramiento, médico especialista en órganos de los sentidos del Instituto Nacional.
Este entrenamiento le proporcionó al doctor Suárez Hoyos la oportunidad de ser llamado a Medellín, en donde fue nombrado y desempeñó entre 1937 y 1938 el cargo de profesor titular de la Clínica de Órganos de los sentidos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, para regresar a Bogotá y al Hospital de La Hortúa en donde, en 1939, fue nombrado Asistente de Cátedra en Órganos de los Sentidos, ya bajo la dirección del profesor Vernaza y, en este mismo año, obtuvo por concurso, con el trabajo Contribución al estudio de algunos trastornos del lenguaje, el cargo de profesor agregado de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional. Por esta misma época, se vinculó al respectivo servicio del Hospital de San José, en donde el 2 de septiembre de 1940, entró a la Sociedad de Cirugía como miembro de número, con el trabajo Mil amigdalectomías con el Sluder Balanger de doble lámina; fue nombrado jefe del servicio de órganos de los sentidos y participó con el doctor Uribe Aguirre, en la formación de los especialistas doctores Francisco Arango Jaramillo, Luis Carlos Reyes, desaparecido en forma trágica al comienzo de su vida como especialista y cuando desempeñaba el cargo de tesorero de la Sociedad de Antiguos Internos del Hospital de San José, Juan Arciniegas Castilla, Hernando y Jorge García Gómez, Honorio Arellano Ángel y Juan Arango, quien posteriormente fue director de la Clínica Oftalmológica del Club de Leones de Cartagena y profesor de la Facultad de Medicina de esa ciudad, a más de otras distinciones y cargos políticos en la vida pública.
En 1939, bajo la dirección del profesor Francisco Vernaza, se desarrolló en el servicio de órganos de los sentidos de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, el evento denominado Primera Semana Nacional de la Catarata, que reunió en el Hospital San Juan de Dios de Bogotá a un numeroso grupo de especialistas de todo el país, en especial de Bogotá. Allí, por iniciativa del profesor Vernaza y de Arcadio Forero G. se sentaron las bases para la fundación de la Sociedad Colombiana de Oftalmología y Otorrinolaringología, cuyo primer presidente, en 1942, fue el mencionado doctor Forero, también, por entonces, profesor de los dos hospitales principales de Bogotá, en la especialidad que nos ocupa.
Pero, volviendo al de San José, el profesor Suárez Hoyos regresó bien pronto de Medellín y desde 1940, ya siendo miembro de número de la Sociedad de Cirugía como describimos antes, fue designado jefe del servicio de oftalmología del Hospital de San José, en donde a la sazón terminaban de formarse los doctores Arango Jaramillo, Caserta y Reyes, ya mencionados con anterioridad.
El servicio de órganos de los sentidos continuó su curso en forma satisfactoria, y como después de la Primera Semana de la Catarata se había convenido que era conveniente y necesario continuar con una próxima que se efectuaría en el Hospital de San José, el entonces presidente de la Sociedad de Cirugía y director del servicio de oftalmología y otorrinolaringología, profesor Jorge Suárez Hoyos con su equipo de docentes y adjuntos doctores Carlos Uribe Aguirre, Francisco Arango Jaramillo, Juan Arciniegas Castilla, Hernando García Gómez y Alejandro Posada Fonseca, asiduo concurrente al servicio respectivo de San José, y en ese entonces Presidente de la Sociedad Colombiana de Oftalmología y Otorrinolaringología, resolvió llevar a cabo la Segunda Semana Nacional de la Catarata para confrontar los conocimientos actuales y evaluar los progresos obtenidos con los tratamientos en boga.
Fue el doctor Hernando García Gómez el encargado de recoger toda la información pre y post evento; lo cumplió a cabalidad y con exceso de celo y de fidelidad en la información, recolectando todo lo relacionado con el formidable curso, al cual concurrió lo más selecto de la oftalmología colombiana; su descripción se plasmó en un volumen especial, que constituyó su tesis de grado en 1950; uno de los autores de esta reseña fue, muy honrosamente, su presidente de tesis.
Para ese entonces, ya habían sucedido en el país hechos importantes en lo referente a la oftalmología y otorrinolaringología. La facultad de medicina de la Universidad Nacional, había determinado desde 1947 que los concursos para residentes, jefes de clínica y profesores de órganos de los sentidos, serían divididos ya en sus componentes con concursos separados para oftalmología y otorrinolaringología, dando a cada una de las especialidades su justo valor, acorde con el desarrollo mundial de ellas. Fueron por estricto concurso los primeros especialistas en obtener el título de jefes de clínica de oftalmología en el país los doctores Alfonso Tribín Piedrahíta y Francisco Infante Barrera, quienes en ese momento habían terminado su año de internado obligatorio en el Hospital San Juan de Dios; habían presentado su tesis y examen de grado y obtenido su título de doctor en medicina y cirugía en la Universidad Nacional de Colombia. No está por demás agregar que desde entonces, todas las facultades de medicina del país, incluyendo el Hospital de San José, que en ese momento era uno de los centros asistenciales que prestaba servicios a la facultad de medicina de la Universidad Javeriana, siguieron este ejemplo. Alrededor de 1950 separaron los servicios y las cátedras de órganos de los sentidos en sus dos áreas, y quedaron los doctores Francisco Arango Jaramillo y Juan Arciniegas Castilla al frente del servicio de oftalmología del Hospital de San José por muchos años, manejándolo de manera eficiente. El doctor Hernando García Gómez, el profesor Suárez Hoyos y el doctor Jorge García Gómez, hermano del oftalmólogo, asumieron la parte otorrinolaringológica.
También es justo anotar que en Bogotá ejercían ya dos médicos especialistas en oftalmología únicamente: Jorge Díaz Guerrero, formado en San Juan de Dios en órganos de los sentidos, pero con estudios en el exterior exclusivamente en oftalmología, y fundador del servicio de enfermedades de los ojos del Hospital de la Samaritana, anexo a la Universidad Javeriana; y Alejandro Posada Fonseca, formado en Francia, en donde se especializó en oftalmología y quien durante varios años ayudó con eficiencia, buena voluntad y sabiduría en el Hospital de San José y luego dirigió la oftalmología en el Hospital Infantil Lorencita Villegas de Santos.
El panorama oftalmológico cambió súbitamente en el hospital a partir de 1950 con la creación del Instituto de Seguros Sociales, y su contrato con el Hospital de San José para atender la cirugía de esa entidad. Efectivamente, muchos especialistas de la capital, hasta entonces ajenos al desarrollo de las actividades de esta entidad hospitalaria, empezamos a concurrir a ella para operar los casos que se nos enviaban del ISS, lo cual trajo muchísimas ventajas para el desarrollo de las relaciones con los colegas especialistas de San José y de otras entidades universitarias, y muchas veces para discutir las ventajas de una u otra técnica quirúrgica y su aplicación en determinados casos. Lo cierto fue que, a la larga, se establecieron o restablecieron amistades, se conocieron las actividades de muchos otros colegas, sus criterios diagnósticos y operatorios, se compararon resultados, se evaluaron nuevas técnicas quirúrgicas o se revaluaron otras, se facilitaron juntas médicas y se conoció el funcionamiento de otras entidades hospitalarias y de otros criterios de colegas experimentados. Fue algo realmente beneficioso, que unió a la oftalmología capitalina y, en forma más general, a la colombiana.
Hacia 1962, por hechos sucedidos en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, un gran número de sus profesores renunció a sus cátedras y entre ellos los oftalmólogos. Esta circunstancia permitió a uno de quienes esto escriben, y quien se hallaba entre los profesores renunciantes, ser llamado por el doctor Juan Arciniegas a formar parte del grupo de oftalmólogos del Hospital de San José, constituido en ese momento, como anteriormente se informó, pero al cual se habían incorporado los doctores Diego Espinosa, formado en los EE.UU. en Cleveland y Alfonso Barbosa, médico ya de alguna edad que consolidaba su formación oftalmológica en este centro universitario; y el doctor Alberto Martínez, quien prestaba sus servicios en la consulta externa. Es de advertir que en ese momento, la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana realizaba en este hospital gran parte de su educación clínica.
Aceptando el llamado generoso del doctor Arciniegas, y con la anuencia de las directivas del hospital y la Sociedad de Cirugía, el doctor Tribín Piedrahíta fue nombrado oftalmólogo del servicio respectivo del hospital, en donde comenzó a laborar con gran entusiasmo y cordialidad. Se intensificaron las actividades del servicio, se estudiaban en conjunto todos los casos difíciles y, diariamente, después del almuerzo había sesiones de estudio intensivas para profundizar en determinados temas de la especialidad y para discutir la evolución de todos los casos hospitalizados y poder modificar tratamientos cuando fuere necesario. Aprovechando la amistad con los doctores Luis Enrique Uribe, antiguo interno del servicio de oftalmología de San Juan de Dios de la Universidad Nacional en Bogotá y de Hernando Cardona, formado en España y en EE.UU., ambos oftalmólogos residentes en Nueva York y entonces al servicio del famoso especialista Ramón Castroviejo, el doctor Tribín logró que dictaran un curso sobre queratoplastia y queratoprótesis en octubre de 1962 en el salón de actos de la Sociedad de Cirugía del Hospital de San José, el cual fue muy concurrido, interesante e instructivo.
Algunas fotografías de su archivo personal dan testimonio de esta reunión. Las actividades del servicio de oftalmología cambiaron casi radicalmente. Los profesores y residentes diariamente concurrían a la consulta externa, examinaban los pacientes en conjunto, tomaban decisiones que previamente se discutían y aprobaban, almorzaban juntos y después, durante una hora o un tiempo mayor, estudiaban en los más adelantados libros de la especialidad publicados en el mundo en esa época, los temas más variados y de mayor interés.
Fue así como, después de un estudio intensivo y diario durante un año sobre el glaucoma en todos los libros y revistas de la especialidad a nuestro alcance y de la mayor novedad, se determinó escoger este tema para dictar un curso a los oftalmólogos nacionales sobre esta entidad causante de ceguera cuando se desconoce, se descuida o se trata mal.
Después de unificar criterios y asegurar una línea de conducta para su estudio y tratamiento, se decidió comunicar a nuestros colegas los resultados y frutos de ese estudio, se organizó un curso teórico-práctico que, con excelentes resultados fue dictado en el hospital, con gran concurrencia oftalmológica nacional y alguna extranjera, del 2 al 7 de agosto de 1963, por los entonces docentes del Servicio de oftalmología, dirigidos en ese momento por los doctores Tribín Piedrahíta y Arciniegas Castilla.
En 1964, por su vinculación con el Hospital de San José, en donde se atendía gran parte de la docencia de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, fueron nombrados por las directivas de dicha universidad como profesores de ella, en oftalmología, los doctores Francisco Arango Jaramillo y Alfonso Tribín Piedrahíta, acompañados, como profesores auxiliares, de los doctores Alfonso Barbosa y Diego Espinosa y, como instructores, de los doctores José A. Martínez, Eduardo Barrera y Eduardo Arenas, los dos últimos estudiantes de posgrado o residentes del servicio respectivo del hospital que nos ocupa.
Las cosas continuaron así hasta cuando la Sociedad de Cirugía y el director del hospital, doctor Guillermo Fergusson, decidieron la creación de una facultad de medicina, la cual debía funcionar en las instalaciones hospitalarias que serían desocupadas por los estudiantes de la Javeriana, pues ellos dejarían a San José muy pronto, ya que sus propios edificios docentes y hospitalarios, les habían sido entregados ya.
Así las cosas, después de muchos estudios sobre diferentes posibilidades de alianzas con otras entidades universitarias, se decidió indagar sobre la fac-tibilidad de hacerlo con el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, famosa universidad, otra iniciadora de los estudios médicos en Colombia.
Sabiendo el doctor Fergusson los vínculos de amistad que el profesor Tribín Piedrahíta mantenía con el rector, el vicerrector y, en general con las directivas del Colegio en el cual había estudiado y dejado unos magníficos antecedentes como estudiante, se le encargó hacer los primeros contactos con ellos, todo lo cual se realizó como aparece referido en la publicación rosarista Calatrava, N° 2 de mayo de 1979 y que no es necesario repetir acá en su totalidad; basta decir simplemente que las conversaciones con los dignatarios rosaristas se iniciaron con extraordinario éxito y llegaron a feliz término algún tiempo después, cuando la Asociación de Universidades, por medio del acuerdo No. 73, artículo 4o del 13 de diciembre de 1965 expidió licencia de funcionamiento a la nueva entidad Rosarista-Sociedad de Cirugía de Bogotá. Por todos estos motivos, la consiliatura del colegio designó al doctor Tribín Piedrahita, junto con el distinguido abogado y profesor de jurisprudencia de la facultad rosarista, doctor Hernando Morales Molina, como sus representantes en el Consejo Directivo de la nueva facultad y luego, algunos años más tarde, nombró al doctor Tribín Piedrahíta como uno de sus consiliarios, según comunicación emanada de la rectoría, el 20 de noviembre de 1978.
Pero retomemos el hilo de nuestra historia. Durante los años precedentes, nuevos especialistas en oftalmología habían sido formados en San José, los doctores Eduardo Arenas Archila, Eduardo Barrera Barrera y Mario Ortiz Gómez, El doctor Tribín Piedrahíta en marzo de 1965 presentó a la Sociedad de Cirugía el trabajo Algunas consideraciones sobre el tratamiento del desprendimiento de la retina, con el cual accedió a ella como miembro asociado, título al cual renunció posteriormente, no sin dolor pero con justicia, lo mismo que al cargo que entonces desempeñaba como profesor de oftalmología de la nueva facultad de medicina, por razones que no son del caso relatar acá, pero totalmente independientes de su actividad docente, siempre reconocida por las directivas universitarias.
En ese momento había problemas en la dirección del servicio de oftalmología de la Universidad Nacional y en el Hospital San Juan de Dios, lo cual indujo a las directivas de la facultad de medicina y a las de la Universidad Nacional a abrir nuevamente concurso de títulos y méritos, para profesor, y ocupar la jefatura de la sección de oftalmología del Hospital San Juan de Dios la cual, después de los estudios correspondientes, le fue adjudicada nuevamente al doctor Alfonso Tribín Piedrahíta, quien volvió a ella en calidad de profesor asociado y luego, dos años después, nuevamente por concurso en 1969, obtuvo el título de profesor titular de oftalmología y fue luego profesor emérito y maestro universitario.
En San José continuaron los doctores Francisco Arango Jaramillo, como jefe, Juan Arciniegas Castilla, Diego Espinosa Espinosa y Eduardo Arenas Archila, quien fomentó de manera importante la investigación en la unidad de oftalmología.
Con el tiempo, llegaron ya a las especializaciones los primeros médicos formados en la nueva facultad del Rosario - Sociedad de Cirugía y en oftalmología obtuvieron cupo para realizar la respectiva especialidad, los ya doctores Alfonso Tribín Ferro y Diva Sandino Medina, de la primera promoción rosarista, y un año después Fernando Amaya Quijano, de la segunda promoción, dirigidos, además, por los especialistas antes mencionados y algunos otros. Además de los nombrados anteriormente, nuevos profesionales ingresaron al profesorado, como los doctores Alfonso Santofimio Morales, Mario Arenas Archila, y como adjuntos de la docencia, Alina Arango Echevarría, proveniente del Hospital Militar y Alfonso Tribín Ferro, formado ya en el servicio de oftalmología de San José, quien planeó y desarrolló la cirugía ambu-latoria en el área de oftalmología que se convirtió en modelo en todo el país, desde 1976.
Con ánimo progresista y con consultorios bien dotados, aunque de espacio todavía insuficiente, con docentes muy bien preparados y formados en su mayoría en el mismo hospital, con servicios especializados de ortóptica y pleóptica, dirigidos por Marta Arango Echeverría, formada muy bien en Alemania como ortoptista y pleóptica, invitaron ella y su padre, el doctor Francisco Arango, a la doctora mejicana, estrabóloga de reconocida capacidad internacional en ese campo y la doctora Emma Limón de Brown, para dictar un curso sobre estrabismos y su tratamiento, fundamentalmente para ex alumnos del programa del servicio de oftalmología del hospital, el cual fue muy concurrido y de excelente calidad.
Además, desde 1976, el doctor Francisco Arango había creado en San Martín, Departamento del Meta, la Fundación Llanera para las Enfermedades de los Ojos, anexa científicamente al servicio de oftalmología de la facultad de medicina, con la cual se tenía convenio en ese momento en el Hospital de San José y en la cual, los residentes de San José y Fundonal, en su último año de formación, cumplían con una rotación obligada de tres meses, que no sólo era beneficiosa para quienes la realizaban sino para las gentes que pueblan esta parte del territorio patrio.
Los profesionales allí formados, cualquiera haya sido la facultad de medicina, anexa o no a la Sociedad de Cirugía de Bogotá y, con muchísima mayor razón, aquellos que se formarán bajo la dirección y responsabilidad de la propia, son y habrán de ser en el futuro, pilares del progreso oftalmológico nacional. Igualmente, dentro de las alianzas estratégicas que han acompañado el desarrollo de la enseñanza oftalmológica en San José, ha existido una buena y útil relación académica permanente con la Fundación Oftalmológica Nacional, que dirige el doctor Álvaro Rodríguez González, en donde también se implantó durante varios años una rotación de los residentes de una y otra institución.
En el período 1980-1990, se vivieron, como lo había sido en 1950, años de intenso movimiento quirúrgico en la oftalmología, especialmente con pacientes del Instituto Colombiano de los Seguros Sociales. Se operaban diariamente, entre 15 y 20 pacientes de oftalmología, lo cual permitió el funcionamiento concomitante de tres salas de cirugía de la especialidad con una utilización de cada una muy cercana a 90 %.
En esta misma década, empezaron a llegar a los puestos directivos de la Facultad de Medicina Rosario - San José, alumnos de las primeras promociones. Los doctores Fernando Isaza y Arturo Aparicio Laserna, sucesivamente, desempeñaron la secretaría académica y en 1990 el doctor Alfonso Tribín Ferro fue nombrado vicedecano de la Facultad de Medicina, mientras era decano el doctor Antonio Ucrós Cuéllar.
En 1992, el doctor Alfonso Tribín Ferro accedió a la decanatura de la facultad, cargo que desempeñó en el Hospital de San José hasta el año 1997, y luego en la Quinta Mutis, hasta 1999, debido a que la Universidad del Rosario y la Sociedad de Cirugía se habían separado de común acuerdo y ya con la creación y existencia de una facultad de medicina por esta última entidad, la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud (FUCS), de la cual fue su primer decano, el doctor Roberto Jaramillo Uricoechea.
Sin embargo, el doctor Tribín Ferro continuó ligado a la Sociedad de Cirugía, al Hospital de San José y al servicio de oftalmología, como consultor permanente, a más de ser un desinteresado benefactor. En el año 2000, es nombrado decano de la facultad de medicina de la FUCS, mientras era presidente de la Sociedad de Cirugía de Bogotá, el profesor Darío Cadena Rey y rector de la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud, el doctor Eduardo Palacios Sánchez. La permanencia en este cargo ha continuado hasta el momento por ratificaciones hechas por los doctores Jorge Gómez Cusnir, actual presidente de la Sociedad de Cirugía y Roberto Jaramillo Uricoechea, rector de la Universidad.
Después de varios años a la cabeza del servicio de oftalmología y de numerosos y valiosos aportes al mismo, al hospital y a la oftalmología en general, el doctor Francisco Arango fue sucedido en la jefatura del servicio por su hija, la doctora Alina Arango, quien, como ya se mencionó, se había formado en el Hospital Militar y quien más adelante sería distinguida como la primera mujer elegida miembro de número de la Sociedad de Cirugía de Bogotá. Luego asumió el cargo el doctor Fernando Santofimio quien organizó el primer curso de ex alumnos del hospital con motivo de las bodas de oro profesionales del doctor Francisco Arango. Además, se reestructuró el programa de residencia y comenzó a funcionar la óptica en el servicio de oftalmología, para la venta de anteojos, lentes de contacto y lentes intraoculares para cirugía de catarata. Durante la jefatura de la doctora Nandy Rodríguez, quien sucedió al doctor Santofimio, y de acuerdo con las tendencias de la especialidad, comenzaron a llegar algunos subespecialistas como el doctor Mario Osorio con entrenamiento en córnea y segmento anterior y el doctor Fernando Gómez, experto en glaucoma.
En el año de 1996, fue nombrado jefe del servicio el doctor Hernando Chacón Andrade, quien continuó con entusiasmo la labor de sus antecesores. Durante su gestión, y con la intención de organizar el servicio por clínicas especializadas, ingresó el doctor Juan Fernando Díaz-Granados que se había formado como oftalmólogo en Fundonal y regresaba al país después de un entrenamiento en córnea y cirugía del segmento anterior en EE.UU., bajo el liderazgo del doctor Chacón y con el apoyo de todos los especialistas del servicio se realizó el segundo curso de ex alumnos con una nutrida asistencia y la participación de importantes especialistas del país. También durante su jefatura se obtuvo, por intermedio de la Universidad del Rosario, un programa de entrenamiento en Alemania para los especialistas del servicio, en la avanzada técnica de Faco-emulsificación para cirugía de catarata con el profesor Ralph Gerl, una de las figuras mundiales en el tema. Los primeros beneficiarios fueron los doctores Juan Díaz-Granados y Andrés Rodríguez, y luego Mario Osorio, Fernando Gómez y Nandy Rodríguez. A finales de 1997, asumió la jefatura del servicio el doctor Juan Díaz-Granados por encargo directo del doctor Darío Cadena, presidente de la Sociedad de Cirugía en ese momento. El doctor Díaz-Granados, que había tenido la oportunidad de observar el funcionamiento de otros departamentos de oftalmología, con el apoyo del doctor Raúl Barrios, entonces director del hospital, logró centralizar bajo su dirección, los subservicios de exámenes especiales que funcionaban en forma independiente.
La óptica pasó también a ser manejada directamente por su jefatura. Retomó el proyecto de desarrollar las clínicas especializadas para efectos académicos y asistenciales, para lo cual consiguió la vinculación de varios oftalmólogos con entrenamiento formal en las diferentes áreas de la especialidad, entre ellos el doctor John Martínez, quien realizó la primera cirugía vitreorretiniana en el hospital.
El doctor Díaz-Granados, junto con el doctor Osorio reiniciaron, con nuevos avances y técnicas, la cirugía de trasplante de córnea en el hospital, que años atrás había sido desarrollada por los doctores Arenas, Tribín Ferro, Amaya Quijano y Sandino. Con el objeto de hacer más eficiente la consulta oftalmológica y contribuir con la enseñanza de la refracción ocular, se creó el cargo de optómetra y se nombró en él a Liliana Vidales, optómetra de la Universidad de La Salle, aunque años antes había desempeñado esta labor la optómetra Ligia Quintero. Producto de la intensa actividad académica en el servicio, en 1998, en el Congreso Nacional de Oftalmología, el trabajo sobre Uveítis, de las doctoras Nandy Rodríguez y Zolia González, residente de último año, fue premiado como el mejor trabajo libre y en 1999, un trabajo realizado por los doctores Nandy Rodrí-guez y Ricardo Araque fue escogido como único representante por Colombia para ser presentado en el Congreso Panamericano de Oftalmología. Diversos- trabajos han sido presentados en importantes reuniones científicas.
Durante la jefatura del doctor Díaz-Granados, se estudiaron rigurosamente y se actualizaron los protocolos de manejo de las patologías oftalmo-lógicas más frecuentes, se revisó y modificó el sistema tarifario y se elaboró el portafolio de servicios oftalmológicos con el objeto de generar nuevos contratos para la atención de pacientes. En octubre de 2001, después de un análisis cuidadoso sobre las áreas mínimas necesarias para el servicio de oftalmología, y gracias al apoyo del doctor Alfonso Tribín Ferro, se realizó el traslado a las nuevas instalaciones de consulta externa, donde hoy funciona con ánimo de progreso el servicio de oftalmología.
No podemos dejar de anotar que desde tiempo atrás colabora en el servicio un personal auxiliar, dirigido por una inmejorable secretaria a quien familiar y cariñosamente se le conoce con el nombre de Chavita, muy bien entrenada para manejar y atender a los pacientes que concurren a la consulta oftalmológica haciendo, con todo lo anteriormente recordado del servicio de oftalmología de la Sociedad de Cirugía de Bogotá y de su Hospital de San José, y de las facultades de medicina que en él han funcionado como la Javeriana, la del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario o la más reciente y de su exclusiva propiedad, la actual Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud, uno de los mejores servicios oftalmológicos existentes en Bogotá y en el país.
En la actualidad, el servicio de oftalmología del Hospital de San José está conformado por el doctor Juan Díaz-Granados, jefe del servicio y especialista en córnea y segmento anterior, los doctores Mario Osorio, coordinador académico y especialista en córnea, Alfonso Tribín Ferro, Alina Arango y Nandy Rodríguez como oftalmólogos de planta; las doctoras Magda Gil, glaucomatóloga, Carolina Fernández, oftalmóloga pediatra, Claudia Téllez, especialista en oculoplástica y Ana Mercedes Laverde, ecografista, como médicos adscritos; la optómetra Liliana Vidales, la ortoptista Berta Mendoza y la instrumentadora Elba Nassif, encargada desde hace varios años de la organización del instrumental en salas de cirugía y de la instrucción a las estudiantes de instrumentación quirúrgica.
Para terminar este recuento histórico, recordemos que se han graduado en total cincuenta especialistas en oftalmología de la Universidad del Rosario y siete de la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud.
Al celebrar el centenario de la Sociedad de Cirugía de Bogotá, el servicio de oftalmología ocupa un lugar físico preferencial en la nueva sede de la consulta externa, dotado con instalaciones modernas y equipos adecuados, gracias al impulso dado por los doctores Jorge Gómez y Laima Didziulis, lo cual permite prestar un excelente servicio asistencial y académico con dos salas quirúrgicas dotadas con la última tecnología en equipos e instrumental. Complementa todo esto un apropiado programa de entrenamiento en la especialidad de oftalmología.
Bibliografía
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