![]() |
|
|
Servicio de hematología Doctor Roberto Jaramillo U.
Los comienzos
Finalizando pues la década de los años cincuenta el doctor José Loboguerrero, quien cursaba su internado y se había destacado como preparador de histología en la Universidad Nacional de la cual era egresado, fue tentado por una beca al Brasil a través del profesor Juan Consuegra. El joven Loboguerrero era un dedicado estudiante de postgrado y gozaba de la admiración de sus compañeros por su dedicación al estudio.
A finales de 1961 el doctor Loboguerrero regresó al país, se vinculó al Hospital de San José y dedicó la mayor parte de su actividad docente a contribuir al desarrollo del floreciente departamento de medicina interna sin que el volumen de casos hematológicos pareciera justificar una dedicación especial.
Mucha de la actividad relacionada con la hematología, inclusive los primeros mielogramas fueron realizados e interpretados en el hospital por el doctor Mario Marulanda, que había ingresado a la planta del hospital en 1967; metódico para el diagnóstico, el profesor Marulanda formado en la Universidad Nacional, educado en hematología en Francia, llevó al servicio de medicina interna del hospital un particular afecto por la disciplina en el diagnóstico y el método en el tratamiento. Continuo asesor del servicio de hematología, lo sorprendió la muerte en mayo del año 1997 en la esencia de su trabajo, mientras rodeado de estudiantes, dictaba sus memorables clases de semiología en el pabellón Ragonesi.
Desde 1966 la coordinación de medicina interna funcionó en una pequeña oficina en el pabellón Manrique con la señora Marina Arias como secretaria, todavía vinculada al hospital como secretaria de la dirección. En esa pequeña oficina habría de funcionar en la segunda mitad de los años sesenta el primer consultorio de hematología.
Años más tarde la doctora Lucy optó por retirarse a la práctica privada y entregó su cargo a la bacterióloga Lucía Parra, su alumna por varios años y quien ha mantenido el alto nivel señalado por su antecesora y ha contribuido a la introducción de la revolución que representa el cuadro hemático automatizado, el anticoagulante lúpico y las pruebas para inhibidores del factor VIII. La dotación era precaria pero de buena calidad. Se recuerda de entonces un microscopio Leitz de alta eficiencia y desarrollo óptico; en él los residentes rotatorios hicieron su primer asomo a las células sanguíneas y todavía este aparato presta servicio sin la menor falla en la sección de hematología especial del laboratorio clínico.
Es probable que este brillante periodo se viera impulsado, además, por el desarrollo paralelo que tuvo el laboratorio clínico en su conjunto, incluyendo el nacimiento y desarrollo del banco de sangre, donde los nombres de Luz Stella Barbosa y María Cristina Peña merecen reconocimiento a su actividad pionera.
El pequeño consultorio ubicado en el pabellón Manrique fue pronto insuficiente. La unidad de hematología, ya constituida como tal pero fundida con las actividades de su director con la coordinación de medicina interna, se trasladó a un nuevo recinto en el corredor principal frente a las salas de cirugía donde hoy se encuentra provisionalmente un área administrativa. Se trataba de una pequeña oficina de no más de 20 metros cuadrados donde funcionaba la consulta hematológica y la coordinación de medicina interna que el doctor Loboguerrero asumió en 1971 y habría de ejercer por 11 años consecutivos. Había en esa oficina dos escritorios uno para el doctor Loboguerrero y otro para la secretaria, la señora Margarita Rodríguez. La camilla de examen estaba aislada por una célebre cortina de arabescos de colores naranja y verde y completaba el servicio un pequeño lavamanos. A pesar de lo precario de las instalaciones, la consulta crecía asombrosamente y los pacientes se agolpaban en el corredor que hacía las veces de sala de espera.
Esta pequeña oficina fue tornándose en sitio de reunión del personal docente del departamento de medicina interna; estas reuniones informales eran una combinación de la febril actividad académica de esos años orquestada por la enorme cantidad de patología que pasó por allí y el estilo coloquial y de grata camaradería que Loboguerrero impuso siempre a su actividad profesional.
Muchas actividades nacieron allí. No sólo se realizaban los procedimientos diagnósticos tradicionales de la especialidad sino que fue organizándose ese conjunto de actividades que terminan por definir una escuela. Loboguerrero impulsó entre muchos otros principios la ejecución de la biopsia ósea en todos los procedimientos de aspirado medular, el rígido análisis de la información anamnésica, la minuciosa exploración clínica y el desarrollo de la quimioterapia sistémica e intratecal.
La formación de especialistas
En 1980 un importante incremento en la demanda de servicios y la evidente
necesidad de formar especialistas en el área hizo que se planteara
la organización de un entrenamiento formal en la especialidad.
En ese año los doctores María Helena Solano y Carlos Alberto
Escobar iniciaron su formación en un programa especial que incluyó
rotaciones por el laboratorio clínico, banco de sangre y especialidades
afines en el Hospital Militar Central y el Instituto Nacional de Cancerología.
La consulta de los martes se dedicaba a púrpuras y la de los viernes
a linfomas y leucemias. Se vio saturada y obligó a una consulta
diaria y a crear servicios de hospitalización en camas asignadas
a medicina interna. Los residentes cumplieron el papel no sólo
de médicos en entrenamiento sino también de enfermeros,
recepcionistas, relacionistas públicos y actividades de la más
diversa índole desde la responsabilidad médica de la quimioterapia
ambulatoria, pasando por la atención psicológica de los
pacientes, hasta la recolección de datos para los estudios descriptivos
que era necesario llevar a los congresos de especialidades clínicas.
El doctor Loboguerrero renunció a la coordinación de medicina interna en 1983 y la dedicación de nuestra oficina pasó a ser exclusiva de las actividades de la unidad de hematología; se logró el nombramiento de personal administrativo, en particular el de la señorita Melba Lezama, una joven colaboradora que a lo largo de estos años ha demostrado particular capacidad en la compleja administración de la unidad. Del mismo modo, fue conveniente liberar a los residentes de actividades propias de enfermería por lo que se nombró a la señora Silvia Hernández como auxiliar de enfermería quien dio paso, un año después, al nombramiento de Rafaela Vargas, una persona inolvidable, pensionada en 1993. Desde su retiro nos acompaña la señorita María Helena Jiménez en continua disposición por el bienestar de los pacientes.
La doctora Solano, terminó su residencia en hematología y por iniciativa de los doctores Loboguerrero y Consuegra permaneció en la unidad de hematología; inició su carrera docente en 1984. Esta simbiosis entre el profesor, su experiencia y tradición con la alumna joven e impetuosa produjo rápidamente buenos resultados; se incrementó la asistencia a los congresos de medicina interna donde se hicieron públicos los logros que eran poco conocidos fuera de nuestro hospital. Se introdujeron cambios metodológicos, tratamientos novedosos y elementos actualizados en el diagnóstico de laboratorio. La docencia recibió gran impulso porque no sólo se fortaleció el programa de formación de hematólogos con nuevos residentes, sino que se incrementó el de rotatorios de otras especialidades que empezaron a llegar no sólo del interior de nuestra escuela sino de otros hospitales de la ciudad.
La actualidad
Fue también en este lapso durante el cual, el grupo de señoras esposas de los miembros de la Sociedad de Cirugía se constituyó en permanente benefactor de nuestro servicio para mejorar la dotación con nevera, silla de ruedas, para quimioterapia y con reactivos especiales para el estudio de pacientes con leucemia y hemofilia.
En 1984 cuando era residente de hematología la doctora María Consuelo González, se concretaron los pasos necesarios para que la entidad estatal encargada, el Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior (ICFES) aprobara en forma definitiva la formación de especialistas en hematología en nuestro hospital.
Como parte del compromiso con el país se han formado, entre 1980 y 2001, médicos de diversas regiones del país con el propósito de contribuir a la formación de servicios de hematología en las ciudades intermedias; tales son: María Helena Solano(1980-1982), Carlos Alberto Escobar (1983-1985), María Consuelo González (1985-1987), Enrique Pedraza Meza (1987-1989), María Victoria Herra (1988-1990), Carlos Ramírez (1994-1996), Myriam Rodríguez (1995-1997), Carmen Rosales (1999-2001) radicados en Bogotá.
Ricardo Romero (1989-1991) radicado en Barranquilla, Carlos Cuéllar (1991-1993) radicado en Popayán, Rigoberto Gómez (1993-1995) radicado en Cali.
Nuestros especialistas ocupan cargos relevantes en diferentes ciudades del país, son líderes en sus regiones y mantienen permanente contacto con el servicio que los formó en esta disciplina. Un convenio permanente con el Instituto Nacional de Cancerología ha hecho posible que los residentes de hematoncología de esta prestigiosa institución roten por nuestro hospital. En 1996 la licenciada en enfermería Nubia Pedroza especializada en hematología y oncología se vinculó a nuestro servicio. Sus excelentes calidades profesionales y humanas enriquecieron el cuidado de los pacientes. Sus intereses han ido más allá de lo técnico y han alcanzado las instancias administrativas que las nuevas condiciones de la reforma en la salud impusieron al trabajo hospitalario en los últimos años.
El doctor Carlos Ramírez C. ingresó a la planta del hospital en 1996, su denodado interés en los retos que ofrece el fenómeno de coagulación lo llevó a completar sus estudios en Chapel Hill, Carolina del Norte, en los Estados Unidos. A su regreso, el doctor Carlos en calidad de instructor de medicina interna y hematología se ha incorporado a la docencia y asistencia del servicio con especial interés por el estudio de la trombofilia y la hemofilia. Ha aportado su inquietud por la buena práctica médica, un interesante sentido por lo pragmático en una especialidad tan compleja y una cálida personalidad que genera afecto entre compañeros de trabajo y pacientes. La unidad ha ganado en complejidad, con gran interés en el tratamiento de la hemofilia, introduciendo la terapia moderna de esta enfermedad, al igual que en enfermedades malignas; así, se ha creado el programa de autotransfusión y se ha interesado por las enfermedades huérfanas.
Las instalaciones del primer piso del pabellón Santa Teresita se tornaron insuficientes dado el incremento del número de pacientes y la adquisición de nuevas tecnologías con equipos de aféresis, obtención de plaquetas; al tiempo que se implementaron los servicios de plasmaféresis y citaféresis terapéutica.
El servicio mudó sus instalaciones en septiembre de 2001 al Pabellón Central en el segundo piso, donde quedaban en el pasado las instalaciones de unidad renal con amplia área, estilo moderno sin disonancia con la bella estructura del edificio del hospital. El nuevo servicio de hematología con amable arquitectura interior y deliciosa luz natural cuenta con tres consultorios, salas para quimioterapia, transfusiones ambulatorias, aféresis, y microscopía, área para cámara de flujo laminar, oficinas administrativas y buenos equipos de sistemas acordes con la demanda del servicio y del mercado de la medicina de hoy en Colombia.
|
|
|
Bajo la dirección de la doctora María Helena Solano, el servicio de hematología ha hecho la transición entre los tradicionales servicios hospitalarios, cuyo devenir estaba estrictamente ligado a la enseñanza de la especialidad en pre y postgrado y una mejor comprensión de la problemática de los pacientes y el tratamiento de sus dolencias, hasta una medicina diferente, altamente influida por el proceso económico de la misma. Para los primeros años del nuevo milenio, la hematología como todas las otras ramas de la medicina, han entrado en Colombia en un proceso de estrecha relación con los recursos de salud, pero a diferencia de otras, esta especialidad trata enfermedades de alto costo, se ha visto obligada a racionalizar sus procesos buscando equilibrio entre lo econométrico y lo éticamente suficiente. En ello la doctora Solano ha logrado éxitos que han requerido de su talento y una inmensa versatilidad entre lo científico y lo administrativo.
Al servicio de hematología del hospital de San José le cabe el orgullo de haber formado profesionales de la más alta calidad que enriquecen el panorama de la medicina nacional y que prometen multiplicar su efecto positivo en diversas regiones del país. Los actuales miembros del servicio estamos seguros de que con el alto nivel de compromiso que nos une al hospital y a su futuro, continuaremos una labor que no defraudará las metas que se propusieron sus fundadores y las esperanzas que han depositado el hospital, su escuela de medicina y sus amigos, porque así corresponde a la grandeza individual de las personas mencionadas en esta breve historia. |
|