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Servicio de cirugía general

Doctor Esteban Díaz-Granados G.

 

Antonio Ramírez era un motor arrollador, inquieto, infatigable, comenzaba en San José antes de las 6 a.m. y rara vez salía antes de las 4 p.m. Según cuentan, no había hecho un entrenamiento formal en cirugía. Había aprendido a operar en perros con unos amigos veterinarios llegando a desplegar posteriormente en humanos una sorprendente habilidad quirúrgica.

 

En 1967 acababa de llegar del Ropper Hospital en Charleston, Carolina del Sur, en donde hizo cirugía experimental durante dos años; organizador obsesivo, líder auténtico y dominante, permanecía casi todo el tiempo en el hospital. Organizó “la gran revista del servicio” los viernes por la mañana y luego la reunión académico/asistencial tal como se lleva a cabo hoy día. Puso en marcha para pregrado “el enfermo imaginario” que sigue en la actualidad. Lo mismo hizo con la reunión de “patología quirúrgica”. Le inyectó un gran impulso a la cirugía arterial.

 

Poco después, llegan de los Estados Unidos los doctores Jorge Suárez Betancourt y Esteban Díaz-Granados Goenaga, en julio y octubre de 1969, respectivamente y entran a formar parte del “staff” quirúrgico. Imparten nuevos conceptos y alternativas en conductas, y reenfatizan la importancia de la fisiopatología. El doctor Jorge Suárez era egresado de la Javeriana, estuvo en San José como interno e hizo 5 años de entrenamiento de cirugía en la Clínica Mayo. De grandes conocimientos, excelente cirujano y docente, su personalidad chocó con la del doctor Negret y en especial con la del doctor Ramírez. En enero de 1971, llegó a iniciarse en el semestre encontrando la desagradable sorpresa de que no le habían renovado su nombramiento. No fue difícil para él entrar luego al Hospital de la Samaritana como coordinador de cirugía durante un par de años, al cabo de los cuales, se trasladó a los Estados Unidos en donde hizo una exitosa práctica en Fort Lauderdale, Florida. Junto con Díaz-Granados propugnó la mastectomía radical modificada en vez de la tradicional de Halsted que se defendía a capa y espada en el Instituto Nacional de Cancerología hasta varios años después, cuando se adoptó la nueva técnica; el doctor Negret acogió esta conducta especialmente porque él ya había incursionado en ella.

 

Quizás lo más importante de Suárez Betancourt fue el haber traído, difundido y luchado por los nuevos conceptos sobre la gastritis y las ulceras gástrica y anastomótica por reflujo alcalino, que explicaba con magistral eficacia. Estos conocimientos fueron rápidamente asimilados por el gremio medico-quirúrgico y muchos cirujanos y gastroenterólogos atraídos por el tema se dedicaron a él con intensidad y estudio, y publicaron trabajos que todavía hoy siguen apareciendo. Un severo Parkinson incapacitó a Suárez en sus cincuenta. Esta enfermedad junto a unas várices sangrantes le arrebataron su vida a los 61 años en Fort Lauderdale a principios de este año (2002).

 

El doctor Díaz-Granados había estudiado medicina en la Universidad de George Washington, en Washington, D.C. Allí recibió el grado de Medical Doctor en junio de 1963. Siguió 6 años de entrenamiento en cirugía repartidos entre el mismo centro, el Norfolk Medical Center y la Clínica Lahey de Boston, en donde estuvo como Senior Fellow In Surgery. Desplegó, al igual que Ramírez y Suárez, mucha inquietud académica. Enfatizó el procedimiento de Hartman como opción en algunos problemas de cirugía del rectosigmoide. Trajo nuevos enfoques en la cirugía de tiroides y de cuello y el monoplano para las anastomosis gastrointestinales; acorde con su formación, no dejaba drenes ni hacía colangiografía operatoria de rutina en las colecistectomías, y no suturaba peritoneo al cerrar la pared abdominal. Hoy día, después de cierto tiempo, estas se convirtieron en las conductas del servicio de cirugía, pero no así el monoplano que impone miedo. El monoplano se ha generalizado en todo Antioquia y parte del Valle, amén de otras partes del mundo. Díaz-Granados fue uno de los que introdujo en Bogotá la aplicación del catéter subclavio. En 1981, es nombrado jefe de urgencias para organizar el nuevo servicio que comenzaba a funcionar en la sala Eduardo Cubides Pardo y logró que todos los residentes de turno se quedaran en urgencias para una mejor e inmediata atención al paciente.

 

Tanto Suárez Betancourt como Díaz-Granados eran de los pocos cirujanos colombianos certificados por el National Board of Medical Examiners de Estados Unidos, y como especialistas por el American Board of Surgery. Ambos fueron fundadores de la Sociedad Colombiana de Cirugía, y miembros de número de la Sociedad Colombiana de Gastroenterología, de la Societé International de Chirugie, y del American College of Surgeons.

 

Antonio Ramírez, a todas estas, seguía su pujante carrera y con Díaz-Granados pusieron en marcha varias reuniones entre ellas el “cine clínico” y el “club de revistas” que duraron funcionando hasta bien entrados los ochenta.

 

Ramírez era, sin duda, otro de esos destacados especímenes quirúrgicos de la escuela del San José y llegó a ser muy importante en el hospital y en la facultad; sin embargo, nunca lo eligieron miembro de número de la Sociedad de Cirugía, su máxima aspiración. En marzo de 1975, renunció y se retiró del hospital, para sorpresa de muchas personas dentro y fuera de éste. Tal parecía que a Mario Negret se le hubiera salido de las manos su ego. Pronto ingresó al hospital Lorencita Villegas, luego a la clínica Palermo, después al Hospital de la Samaritana, posteriormente al Hospital San Rafael y finalmente se concentró en la Clínica del Country donde murió en forma repentina mientras operaba un injerto femoropoplíteo, de un accidente cerebrovascular, el 27 mayo de 1987, a los 54 años. En todos fue jefe de cirugía menos en la Clínica Country y en todas hizo aportes y cambios que se le han reconocido.

 

El doctor Negret siguió de jefe del servicio y del departamento hasta junio de 1988 cuando nombraron jefe del servicio de cirugía al doctor Hernando Galvis Espinosa. Quedaron así separadas las dos jefaturas y el doctor Negret siguió de jefe del departamento hasta enero de 1991 para retirarse de su actividad profesional después de una brillante, ejemplar y fructífera carrera ya antes expuesta; desde esa fecha se encuentra en uso de buen retiro al lado de su esposa doña Beatriz Anzola. En su lugar, la junta directiva del hospital nombró al doctor Roberto Jaramillo Uricoechea, destacado ginecólogo quien había sido jefe del departamento de gineco-obstetricia, jefe de educación médica en la facultad de medicina del Rosario, presidente de la Sociedad de Cirugía y muy activo en todo lo relacionado con la docencia.

 

En el servicio de cirugía general, el doctor Galvis Espinosa había acordado con la junta, nombrar un coordinador bajo su tutela que ejerciera las veces de jefe, debido a sus múltiples ocupaciones. El primero fue el doctor Rafael Riveros Dueñas, seguido, al año, por el doctor Gonzalo López Escobar. El primero de junio de 1990, el doctor Esteban Díaz-Granados reemplazó en la coordinación del servicio al doctor López y el 23 del mismo mes, la Junta Directiva decidió nombrarlo jefe del servicio de cirugía general, en reemplazo del doctor Galvis, quien había sido elegido presidente de la Sociedad de Cirugía. Díaz-Granados permaneció cuatro años como jefe del servicio hasta el 1 de junio de 1994, cuando pasó a ser jefe del departamento quirúrgico en reemplazo del doctor Jaramillo quien siguió dedicado a su servicio de ginecología en el hospital y a la docencia hasta llegar a ser decano de la facultad de medicina de la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud y hoy día su rector.

 

Durante el período de Galvis y principalmente de Díaz-Granados, el servicio de cirugía, sufrió unos cambios importantes que redundaron en más eficiencia para el servicio, para la docencia y para su buena marcha. Se fortalecieron y se crearon los servicios de cirugía vascular periférica, cirugía de cuello y cirugía de trasplantes, todos integrados en servicio de cirugía general. La división del trabajo según la capacidad y/o especialidad de quienes lo asumen, es la forma más eficiente de producir resultados.

 

El servicio de cirugía vascular periférica había comenzado a funcionar como parte del servicio de cirugía general a partir del nombramiento que le hizo el doctor Guillermo Fergusson, a la sazón director, al doctor Bernardo Tirado Plata en 1962, como adjunto en cirugía vascular. El doctor Tirado organizó el servicio que pronto cobró fama. Poco después se reforzó con la colaboración del doctor Guillermo Poveda, discípulo del doctor Tirado. Luego recibió el aporte del doctor Antonio Ramírez. El doctor Poveda salió del hospital por desavenencias con el doctor Ramírez. Años más tarde, se consiguió la colaboración del doctor Jaime Segura, egresado del servicio de cirugía general; y a partir del 78, el doctor Oswaldo Ceballos Burbano, egresado del mismo servicio y nombrado cirujano, se encargó de manejar dentro del hospital lo vascular periférico, con la asesoría de Tirado y Segura. En el 89 el doctor Galvis lo nombró jefe de cirugía vascular periférica consolidando así la existencia e identidad de este servicio. El doctor Ceballos sigue al frente de este servicio y lo ha fortalecido y le ha dado nombre con todo el apoyo de Díaz-Granados. En el momento, funciona con un cirujano asistente, el doctor José Lubín Mercado, con un “fellow” o residente propio de la especialidad, el primero del programa de posgrado, recién aprobado, y con dos residentes de cirugía general. El doctor Bernardo Tirado, habiendo cumplido una meritoria labor se retiró del hospital en 1980. A pesar de los reveses propinados por la ley 100, el servicio de vascular periférico mantiene volúmenes respetables de consulta y cirugía, además de una actividad académico/científica importante.

 

El servicio de cirugía de cuello se fue desarrollando a partir de los años 86 y 87, cuando se creó la necesidad de que alguien con conocimientos, atendiera la creciente demanda de cirugía de tiroides que se generaba en el rejuvenecido servicio de endocrinología y su ya famosa clínica de tiroides. A esto se sumaba la necesidad de tratar quirúrgicamente los pacientes con hiperpara-tiroidismo secundario que comenzaban a aparecer con progresiva frecuencia en el servicio de nefrología.

 

Esta persona era el doctor Esteban Díaz-Granados quien había recibido entrenamiento en cuello en el Norfolk General y en la clínica Lahey. Díaz-Granados se preocupó por asistir a todas las reuniones tanto de tiroides como de paratiroides y a atender todas las interconsultas. Sentó adicionalmente escuela, elaborando los protocolos de manejo y conducta quirúrgica. Su consulta rápidamente se convirtió en consulta de cuello y se puso de moda. Entrenó a varios residentes y cirujanos graduados, entre ellos al doctor Álvaro Granados, quien a partir de 1994 ha sido el cirujano asistente del servicio. Con el doctor Raúl Barrios, director del hospital, enviaron comunicación a todas las EPS y a todos los consultorios de Bogotá poniéndoles a sus órdenes la consulta y los servicios de cirugía de cuello. Y empezó a llegar toda clase de esta patología, principalmente de tiroides. La actividad del servicio cogió fama, y además de pacientes recibía interconsultas de muchas partes directamente o a través de la clínica del tiroides.

 

En 1992, siendo Díaz-Granados jefe del servicio de cirugía, dio por creado y constituido el servicio de cirugía de cuello, y quedó como jefe él mismo. Cirugía de cuello mantiene un volumen bastante alto de consulta y de cirugía, y continúa recibiendo interconsultas provenientes de afuera; la mayoría de los casos son de tercer nivel. Se han realizado más de 1.500 tiroidectomías, cerca de 90 paratiroidectomías y más de 100 radicales laterales de cuello, entre muchas otras.

 

En 1984, el doctor Rafael Riveros como integrante de la cirugía general junto con los servicios de urología y nefrología, comenzó a practicar trasplantes renales; inició así el programa de cirugía de trasplante, que se fue organizando hasta que en mayo de 1996, Díaz-Granados, a la fecha de nuevo jefe de cirugía general, y Rafael Riveros con anuencia de las directivas del hospital, crearon el servicio de cirugía de trasplante como parte de cirugía general, con un jefe, el doctor Rafael Riveros y dos cirujanos adscritos a cirugía general que funcionarían como cirujanos asistentes, los recién egresados del servicio, doctores Guillermo Aldana y Juan Carlos Gallo. Sólo se ha hecho un tipo de trasplante: el renal. Su cirugía se ha concentrado en dos períodos; entre el 84 y el 94 en el que se hicieron 45 trasplantes; y entre el 96 y el 99 en el que se hicieron 68, para un total de 113 trasplantes renales. Los resultados se asimilan a los de otros servicios de Colombia y el mundo.

 

Con el revés sufrido por el ISS (fuente principal de trasplantes), entre otras razones, no se ha vuelto a hacer un solo transplante desde el 1 de enero de 2000 hasta la fecha. Los cargos de cirujanos adscritos a trasplantes se abolieron y el doctor Aldana fue nombrado cirujano de planta en cirugía general en mayo de 2001, para que se encargara de los trasplantes y de su servicio en reemplazo de Riveros, que se había retirado del servicio y del hospital en junio de 2000, y para que ayudara con cirugía hepatobiliar y gastrointestinal en las cuales tiene experiencia. Con la recuperación del ISS y con un buen arreglo que se haga con las EPS, la cirugía de los trasplantes renales debe montarse en una espiral ascendente.

 

Después de cuatro años de jefaturas ininterrumpidas, y a partir del 1 de junio de 1994, hubo una sucesión algo apretada de jefes, tanto en el departamento como en el servicio.

 

En el departamento quirúrgico la sucesión ha sido así: 1 de junio de 1994: doctor Esteban Díaz-Granados, cirujano; 18 de enero de 1995: doctor Manuel Palacios, neurocirujano; 11 de enero de 1996: doctor Miguel Madero, cirujano cardiovascular; 9 de julio de 1996: doctor Luis Alberto Blanco, urólogo; 20 de abril de 1998: doctor Miguel Madero, cirujano cardiovascular; 1 de abril de 2000: doctor Oswaldo Ceballos, cirujano; 1 de mayo de 2002: doctor Edgar Muñoz, ortopedista

 

A partir de Miguel Madero, los jefes han sido, al tiempo, jefes de sus respectivos servicios. En el hospital, la labor del jefe del departamento es más de coordinación que de propia jefatura; por eso, cualquiera de los especialistas quirúrgicos con capacidad administrativa puede ocupar el cargo sin problema.

 

Los servicios dentro del departamento han venido funcionando con independencia y adecuadamente; en el momento sus jefes son: anestesia, doctor Fernando Umaña; cardiovascular, doctor Miguel Madero; cirugía plástica, doctor Jorge Cantini; neurocirugía, doctor Juan Antonio Becerra; oftalmología, doctor Juan Fernando Díaz-Granados; otorrinolaringología, doctor Jorge Herrera; ortopedia, doctor Édgar Muñoz; salas de cirugía, doctor Álvaro Sánchez.

 

La sucesión de jefes en cirugía general ha sido como sigue: 1 de junio, 1994: doctor Gonzalo López; 1 de febrero, 1995: doctor Luis Augusto Cortés; 15 de enero, 1996: doctor Rafael Riveros; 2 de febrero, 1996: doctor Esteban Díaz-Granados; 1 de noviembre,1997: doctor Luis Augusto Cortés; 10 de mayo, 2001: doctor Oswaldo Ceballos, quien sigue. Todos, cirujanos generales y miembros de número de la Sociedad de Cirugía de Bogotá, y todos nuevos a excepción del doctor Díaz-Granados que ya había sido jefe del departamento y del servicio y que desde abril del año 2000 es vicerrector de la FUCS.

 

El doctor Gonzalo López, cirujano de mucha trayectoria no tuvo mucho tiempo en realidad para de-sempeñarse como jefe; durante su período ingresó como cirujano de tórax ad honorem el doctor Juan Camilo Ramírez. En el servicio su consulta y cirugía la dedicó a colon, ano y recto, con volúmenes considerables al principio, que se han venido menguando. El doctor López está preparando la publicación de un manual de enfermedades proctológicas. Muchas veces ha participado en los congresos con algún trabajo científico. Ha sido presidente de la Sociedad Colombiana de Gastroenterología y de la Sociedad de Colon y Recto; es miembro de número de la Sociedad Colombiana de Cirugía, del American College of Surgeons, y de la Academia Nacional de Medicina. En la actualidad, es el jefe de posgrado e internado de la FUCS.

 

El doctor Riveros, solo duró 17 días; renunció para seguir con la cirugía de trasplantes y la cirugía arterial. Fue elegido consiliario de la universidad del Rosario y como tal le tocó negociar la separación total y definitiva entre esta universidad y la Sociedad de Cirugía. Se retiró del servicio en junio del año 2000 para encargarse de la jefatura de áreas quirúrgicas de la facultad de medicina de la Universidad del Rosario. En julio de 2001, fue elegido Honorable Rector de la Universidad del Rosario por sus colegiales y sus consiliarios.

 

El doctor Luis Augusto Cortés, hábil cirujano, se dedicó a la jefatura con mucha entrega, y a la docencia de pre y posgrado con éxito; impulsó la cirugía abdominal y gastrointestinal siguiendo los pasos de su maestro, el doctor Negret, pero, además, se convirtió en una de las autoridades en suturas mecánicas; su ascendente casuística de respetables cifras se vio truncada por la falta de autorización por parte de las EPS. Reforzó la cirugía pediátrica con el ingreso del doctor Roger García, en octubre de 1995. Le tocó, como quien dice, despedir a los últimos estudiantes del Rosario en diciembre de 1999, cuando se selló la separación definitiva entre la Universidad del Rosario y la Sociedad de Cirugía - Hospital de San José. El servicio quedó sin estudiantes de pregrado durante 2000 y 2001. Regresaron en enero de 2002 con los estudiantes de la Fundación Universitaria. El doctor Cortés, después de algunos quebrantos de salud que superó sin problemas, siguió dedicado al servicio y poco después renunció para encargarse de la jefatura de las salas de cirugía de la clínica Reina Sofía de Colsánitas, en donde se encuentra ahora. Se había ido del servicio un gran docente y cirujano con la promesa de volver.

 

El doctor Oswaldo Ceballos, excelente cirujano también, pero dedicado más a la cirugía vascular, ha tomado la jefatura de cirugía general con gran entusiasmo. Además de los méritos ya mencionados, trabajó y logró con José Lubín Mercado, su asistente en cirugía vascular, la aprobación para la FUCS del posgrado de cirugía en la subespecialidad de cirugía periférico-vascular de dos años de duración. Rápidamente el nuevo programa se colmó de solicitudes, pero la plaza ya tenía nombre propio, el doctor Ernesto Córdoba, recién graduado de cirugía de nuestra escuela. A Ceballos le tocó estrenar el semestre de cirugía con la primera promoción de estudiantes de la FUCS en enero de 2002, como su coordinador por ser jefe, asistido en esta labor por el doctor Álvaro Sánchez, y a partir del 1 de mayo, por la doctora Adriana Córdoba. Es la misma docencia y preparación, pero ahora la universidad es propia. Sánchez pasó a ser jefe de salas quirúrgicas.

 

Queda por mencionar el servicio de cirugía de tórax. Este era un servicio más, dentro del departamento quirúrgico, con el doctor Humberto Ibáñez como jefe y único cirujano, quien, además, atendía la consulta de neumología y la terapia respiratoria; estas dos con mucho mayor volumen que la cirugía. En 1994 comenzaba a funcionar el recién creado servicio de neumología dentro del departamento médico, el cual rápidamente se encargó de la consulta pulmonar. En octubre del 94, ingresó al hospital el doctor Juan Camilo Ramírez como cirujano de tórax ad honorem. Ramírez era egresado nuestro y había hecho un posgrado en cirugía de tórax y trasplante pulmonar en Toronto, Canadá; ya de vuelta, había trabajado en la clínica Shaio, en la Cardioinfantil, y otras.

 

El doctor Ibáñez se pensionó por la Sociedad de Cirugía el 17 de octubre del 97 y pocos meses después renunció a la jefatura. En su reemplazo nombraron a Ramírez, en propiedad, el 20 de marzo del 98. Debido a que era un servicio de un solo cirujano, con muy poca consulta y cirugía, las directivas le dan sepultura, declaran insubsistente la jefatura y nombran a Ramírez cirujano hospitalario en el servicio de cirugía el 30 de noviembre del 99, para que desde ahí siguiera atendiendo los casos de cirugía de tórax, lo cual hizo independientemente hasta que en mayo de 2001, Oswaldo Ceballos lo integra definitivamente al servicio en donde es notorio que se encuentra más a gusto con una consulta y cirugía que va en aumento. El doctor Ibáñez, después de una dedicación ejemplar a la neumología y a la cirugía de tórax en el Instituto de Cancerología y en San José se encuentra ahora en uso de buen retiro.

 

Cirugía pediátrica ha venido funcionando desde 1987 como servicio de cirugía general. Su jefe siempre ha sido el doctor Luis Alfonso Pallares, cirujano egresado nuestro, quien se dedicó a la cirugía pediátrica logrando reconocimiento y prestigio. Es, sin embargo, un facultativo muy ocupado dentro y fuera del hospital, quizá por eso se aprovechó de la disponibilidad del doctor Roger García, quien hacía poco se había pensionado como cirujano pediátrico del ISS, para que le ayudara en el servicio y en octubre de 1995, es nombrado como cirujano hospitalario del servicio.

 

El doctor García se había graduado en nuestro servicio en el 71, seguidamente hizo dos años de cirugía pediátrica en Estados Unidos, y a su regreso siguió trabajando en el servicio hasta 1977; a los pocos meses, lo nombraron jefe de cirugía pediátrica en el hospital San Ignacio, después lo fue en el Simón Bolívar, y siempre trabajó en la Clínica del Niño hasta que se pensionó. Excelente cirujano y docente. A pesar de esta fuerte inyección, y de que existe en el hospital un departamento de pediatría, el programa de cirugía pediátrica no despega y como servicio ya no existe; el número de consultas y de cirugías ha caído verticalmente.

 

En el servicio de cirugía se han formado muchos cirujanos sobresalientes que han escalado posiciones importantes en el país y en el exterior. He aquí algunos: doctor Luis Camacho Márquez, destacado cirujano y docente en Bucaramanga con una exitosa práctica quirúrgica; doctor Juan Francisco di Domenico B, que ayudó a organizar la facultad de medicina de la universidad del Magdalena, está radicado en Santa Marta.

 

El doctor Juan de Francisco, después de entrenarse en cirugía de cuello en Inglaterra, se vinculó al servicio de cuello del Instituto Nacional de Cancerología y es ahora el director de la clínica Palermo. El doctor Hernando Santos Calderón, especializado en cirugía cardiovascular en nuestras tierras, desde hace cerca de 20 años se entregó a la Clínica Shaio, en donde es un sobresaliente cirujano de corazón. El doctor Gabriel Riveros, actual Ministro de Salud, ha llegado a ocupar importantes cargos administrativos y asistenciales en Colsánitas, entidad con la cual sigue vinculado. El doctor Jairo Garavito, en el momento jefe de cirugía de la clínica Palermo. El doctor Hernando Ordóñez González, quien llegó a ser jefe de cirugía y director de la Clínica del Country; junto con el doctor Rafael Riveros, formó parte del selecto grupo de cirujanos que obtuvo el Premio Nacional de Medicina en 1992 cuando ambos laboraban en el hospital. El doctor Gustavo Quintero, muy activo en cirugía de trasplantes en especial el hepático en la Fundación Santa Fe, en donde ha ejercido el cargo de jefe del servicio y del departamento de cirugía. El doctor Gabriel Reina, quien fue jefe de cirugía de la clínica de la Policía y de la Juan N. Corpas. El doctor Rubén Luna, dedicado a trasplantes, fue jefe de cirugía de la Clínica San Pedro. Germán Rojas, Andrés Isaza, Miguel Haime, Álvaro Bedoya, Rafael Rodríguez, Ignacio Ucrós, Carlos Ángel, Fernando Fonseca, Emilio Ramírez, Miguel Ramírez, Juan Carlos Salamanca, Jacobo Pérez, Humberto Jiménez, Luis José Gómez, Juan Daniel Rodríguez y muchos otros, porque estos son apenas unos pocos de los muchos que merecen ser mencionados.

 

Además de los doctores Oswaldo Ceballos, Esteban Díaz-Granados, Gonzalo López, Luis Alfonso Pallares, Roger García y Juan Camilo Ramírez, ya mencionados, el servicio cuenta con un “staff “ de cirujanos destacados. El doctor Álvaro Sánchez Galán, diestro cirujano general, muy dedicado a la cirugía de seno, es el actual jefe de salas de cirugía. El doctor Álvaro Granados, es el asistente en cirugía de cuello y el coordinador de los internos desde que ingresó al servicio. El doctor Guillermo Aldana, cirujano general de experiencia, está encargado de la cirugía de trasplante. El doctor José Lubín Mercado, valioso centro delantero de la cirugía vascular. Y los muy prometedores jóvenes cirujanos, los doctores Adriana Córdoba, Jorge Márquez, y Oscar García, llamados recientemente a reforzar nuestras filas. A excepción del doctor Esteban Díaz-Granados, quien desde luego es de la escuela del San José, todos son egresados del servicio de cirugía del Hospital de San José. El servicio siempre ha participado activamente en los congresos y otras actividades de las diferentes sociedades científicas y ha publicado importantes trabajos en las distintas revistas del país.

 

Con estos apuntes sobre la historia de la cirugía en el Hospital de San José, espero haber mostrado que el hospital siempre ha sido un fortín quirúrgico desde los tiempos de los fundadores, y que en él se han formado algunos titanes de la cirugía colombiana y muchos cirujanos de excelencia.

 

Bibliografía


1. Muñoz, Laurentino, Historia del Hospital de San José 1902-1956. Imprenta del Banco de la República, Bogotá, 1958
2. Bonilla-Naar, Alfonso, Precursores de la Cirugía en Colombia, Antares, Bogotá, 1954
3. Díaz-Granados, Esteban, Reseña Histórica de la Cirugía Endocrina en Colombia, (en Historia de la Endocrinología en Colombia, por Ucrós, Hernández y Acosta, Bogota,1999)
4. Díaz-Granados, Esteban, "Cirugía, Hospital de San José, 1902-1992" en Revista Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, No. 559, Marzo de 1993
5. Cadena, D. y Cáceres, H., Sociedad de Cirugía de Bogotá, Itinerario Histórico desde el 22 de julio de 1902, Santafé de Bogotá, 1997
6. Repertorio de Medicina y Cirugía
7. Actas de la Sociedad de Cirugía de Bogotá - Hospital de San José
8. Archivos Recursos Humanos, Hospital de San José
9. Mosaicos del Servicio Científico del Hospital de San José
10. Comunicaciones Personales
11. Vivencias en el Servicio de Cirugía y Hospital de San Jos

 

 
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