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Servicio de cirugía general Doctor Esteban Díaz-Granados G.
La historia de la cirugía en el Hospital de San José, de sus servicios y departamento, comienza con la fundación del hospital en 1925. Sus eximios fundadores eran cirujanos de renombre. El doctor Julio Z. Torres fue quien practicó la primera colecistectomía en Colombia y la segunda tiroidectomía.
El doctor Zoilo Cuéllar Durán, quien después se inclinó por la urología, fue quien practicó la primera gastrectomía total en Bogotá, por cáncer avanzado de estómago. El doctor José María Montoya, había practicado la primera pericardiotomía. Y así otros. Sólo el doctor Isaac Rodríguez, después de iniciarse con algunas intervenciones quirúrgicas, terminó consagrado a la clínica y a la radiología. Todos se mantenían a la vanguardia de la cirugía de la época y, pronto, el Hospital de San José se convirtió en un fortín quirúrgico, de cuyos pabellones, quirófanos y aulas, irían a brotar verdaderos titanes de la cirugía en Colombia. En el Hospital de San José se encierra buena parte de la historia de la cirugía del país.
Desde su fundación hasta 1960, la cirugía funcionaba en los pabellones Ragonesi, La Pola (hoy Corpas) y posteriormente también en Santa María y Santa Cecilia (hoy oficinas de la decanatura y facultad de medicina) con varios servicios de cirugía. Estos consistían de 5 a 7 camas, con un jefe de cirugía que era un miembro de la Sociedad de Cirugía de Bogotá - Hospital de San José y con la ayuda de uno o dos adjuntos. A veces, había un subjefe. En 1938, por ejemplo, existían en Ragonesi los servicios de los doctores Marco Tulio Aguilera Camacho, Hernando Anzola Cubides, Genaro Rico y Germán Reyes; en la Pola, los del doctor Jaime Jaramillo Arango con los doctores Víctor Forero Falla y Aristides Rodríguez Acevedo como cirujanos adjuntos y del doctor Manuel José Luque con el doctor Enrique Torres Herrera como adjunto.
En 1950, los servicios de cirugía eran, en Ragonesi el del doctor Manuel José Luque que practicaba principalmente cirugía de cuello; el del doctor Marco Tulio Aguilera Camacho con su sobrino, el doctor Carlos Camacho como adjunto; y el del doctor Enrique Torres Herrera quien había estudiado medicina en la Universidad de George-town en Washington, D.C. y quien introdujo la penicilina a Colombia con el debido sigilo. En La Pola estaban los servicios del doctor Aristides Rodríguez Acevedo con los doctores Alberto Escallón Azcuénaga y Jorge Segura Vargas como adjuntos; el del doctor Santiago Triana Cortés con su sobrino Hernán Rodríguez Cortés como adjunto; y el del doctor Manuel Antonio Rueda con los doctores Hernando Galvis Ordóñez y Hernando Galvis Espinosa como adjuntos. En el recién instalado pabellón de Santa María y Santa Cecilia el jefe de cirugía era el doctor Hernando Anzola Cubides, el subjefe el doctor Mario Negret López, y como adjunto el doctor Juan di Domenico di Ruggiero.
Las décadas de los años 40 y 50 constituyen la época en la que la práctica de la cirugía sufre las primeras grandes transformaciones en el Hospital de San José. La dedicación, el talento y muchas veces los aportes traídos del exterior modernizan esta práctica, siendo el primer gran gestor de esta transformación el doctor Hernando Anzola Cubides.
El doctor Anzola ya era miembro de número de la Sociedad de Cirugía en 1931. Después de haber estado en Francia, en donde había adquirido la esencia de su formación quirúrgica, viajó a la Clínica Mayo impulsado por el doctor Juan di Domenico di Ruggiero, quien recién se había instruido en esas tierras; así adquirió el doctor Anzola nuevos conocimientos y perspectivas; y regresó al hospital, entonces, con una importante dosis de escuela americana, mostrándole al gremio quirúrgico de Bogotá y de la nación que las grandes operaciones sobre el esófago, el estómago, las vías biliares, el tubo digestivo y el páncreas no tienen técnicamente misterio alguno y que aquí, lo mismo que en Europa y los Estados Unidos, se pueden practicar con igual eficiencia técnica.
El doctor Anzola era un titán de la cirugía, con una destreza técnica hipnotizante que había depurado en el extranjero y después en San José. Hizo escuela, tanto que los aspirantes querían verlo operar y aprenderle. Creó las famosas tertulias quirúrgicas de los martes por la noche. Sus primeros discípulos fueron el doctor Eugenio Ordóñez Márquez, Magencio, y el doctor Mario Negret López. Ambos dotados de una habilidad quirúrgica innata. El doctor Eugenio Ordóñez Márquez había ingresado a la Sociedad de Cirugía en 1949 con el trabajo Dilatación quística del colédoco. Con el pasar de los años, se fue retirando de esta actividad hasta dedicarse finalmente a dirigir la Sociedad de Cirugía y el hospital, habiendo sido en varias ocasiones presidente y director de los mismos. El doctor Eugenio Ordóñez murió súbitamente, siendo presidente de la Sociedad de Cirugía, como consecuencia de un fulminante infarto del miocardio en 1979, año en que también moría en Miami el maestro Anzola Cubides.
El doctor Mario Negret López había entrado como interno al hospital en 1941 junto con los doctores Eugenio Ordóñez Márquez, Lope Carvajal, Belisario Calderón y Hernando Galvis Ordóñez. En 1991 la Sociedad de Cirugía y el Hospital de San José celebraron las bodas de oro profesionales de los doctores Negret, Galvis Ordóñez y Francisco Arango Jaramillo pionero en el campo de la oftalmología, acompañados por muchos de sus discípulos y por importantes miembros del cuerpo médico de Bogotá.
El doctor Negret era, hasta que se retiró de su actividad profesional, la perfección en la disección quirúrgica, en la ejecución de las suturas; parecía interpretar un concierto de cirugía cuando operaba. Además, tenía preocupación científica por diversos temas, con lo que mostraba que un cirujano debe ser no sólo un buen técnico sino un buen médico. En 1949 publica en el Repertorio de Medicina y Cirugía Vol. IV No. 2 (tercera época) un estudio sobre Cirugía del mediastino posterior, interesante trabajo que para la época empezaba a mostrar el brillo de un cirujano. Fue la continuación actualizada del maestro Anzola. Sin haber recibido ninguna formación en el extranjero, era una eficiente mezcla de escuela francesa y americana. Hizo contribuciones importantes en la cirugía del esófago, ensayando ascensos gástricos, transposiciones de colon y hasta reemplazos yeyunales; igual hizo en la cirugía del páncreas y fue de los primeros cirujanos en practicar y recomendar la esfinteroplastia transduodenal para algunos casos de pancreatitis. Practicó la primera pancreatectomía en el Hospital de San José y la primera hepatectomía. En cirugía de las vías biliares difundió la técnica del tubo en U o tubo sin fin para su reparación, y poseía una virtuosa orientación para la disección de las mismas.
Los otros discípulos de Anzola fueron los doctores Alberto Escallón Azcuénaga y Carlos Mogollón. Este último se dedicó después con éxito a la práctica privada en la clínica Marly. El doctor Escallón se dedicó también a la práctica privada, pero más a la actividad docente/asistencial. Ingresó como interno en 1948. Después de la independencia de Mario Negret, que ya pasaba a tener camas propias, pronto se convirtió en el asistente por excelencia de Anzola quien lo dejó encargado de su consultorio particular en los años 52 y 53, cuando el maestro viajó por un tiempo a Estados Unidos. Desde su regreso, le permitió compartir su consultorio hasta 1958.
Alberto Escallón operaba a imagen y semejanza de su tutor y profesor; científicamente inquieto y académico ejemplar, había incursionado por los Estados Unidos adquiriendo novedades que luego difundió en esta tierra. Estando en San José se vinculó a la facultad de medicina de la Universidad Javeriana. Cuando la facultad se trasladó al hospital de San Ignacio en 1964, Escallón también se trasladó allá en forma definitiva y ejerció el cargo de jefe del departamento quirúrgico desde enero de ese mismo año. En época posterior, fue decano de esa facultad. Retirado de todos los cargos y de su actividad quirúrgica sigue en San Ignacio como profesor distinguido de cirugía. Desde hace unos dos años suspendió la consulta de consultorio particular. Ha dejado una estela de cirujanos que han seguido sus pasos. Escallón es uno de los grandes del San José y de la cirugía colombiana.
Otro dignísimo hijo del San José es el doctor Jorge Segura Vargas. Poseído también de una talentosa destreza quirúrgica, había ingresado como interno en 1947. En el 48 y 49, se convirtió en el discípulo del doctor Mario Negret a quien reconoce como maestro. Le aprendió mucho. Desde el 50, pasó a ser adjunto en el servicio de cirugía del doctor Aristides Rodríguez Acevedo. Poco después dejó este cargo para seguir vinculado como jefe médico de carreteras del distrito que disponía de un pabellón en el hospital. Al tiempo que de-sempeñaba este cargo se vinculó al Instituto Nacional de Cancerología donde permaneció 23 años y ejerció durante muchos años, hasta su retiro, la jefatura de gastroenterología. Desde muy temprano fue docente de la facultad de medicina de la Javeriana adonde llegó a ser jefe de cirugía y del departamento quirúrgico.
Retirado de esta actividad, siguió en la Javeriana como profesor distinguido de cirugía, lo mismo que el doctor Escallón. Superó con éxito serios quebrantos de salud, y en el momento se encuentra retirado de toda actividad operatoria pero sigue frecuentando su consultorio y el San Ignacio, aunque con menor intensidad. Las pasiones del doctor Segura han sido las cirugías de esófago, del páncreas, de las vías biliares, en las que hizo importantes aportes. Además de ser un verdadero hombre de ciencia y de academia, es un gran señor. Segura Vargas es otro de los grandes de la cirugía del San José y del país.
En estos momentos se respiraba en el San José un picante ambiente de escuela quirúrgica; los médicos entraban con vehementes deseos de aprender las nuevas técnicas y conductas. Había motivación. Las visitas y los estudios en los Estados Unidos se generalizaron. Iban a satisfacer la curiosidad de los que quieren aprender.
Así se formaron, sin tener tutor directo, otros cirujanos, entre los que podemos mencionar a los doctores Hernando Galvis Ordóñez y Hernando Galvis Espinosa, primos entre sí. El primero, como ya se mencionó, había ingresado en el 41 con el doctor Negret. Aprendió cirugía sin tener tutor definido. Inquieto con la ciencia visitó varios e importantes centros docentes norteamericanos en donde afinó sus ya cimentados conocimientos quirúrgicos que aplicó a su regreso al país. Aprendió varias técnicas en vías biliares principalmente y escribió su tesis de grado, de mención honorífica, sobre la aplicación del tubo en T o tubo de Kehr que había introducido a Colombia el doctor Juan di Domenico di R. quien dirigió su tesis. Sin duda, trajo novedades importantes. A pesar de su facilidad quirúrgica siguió el mismo camino de Eugenio Ordóñez y se dedicó a los quehaceres administrativos hospitalarios. En la actualidad, se encuentra retirado de la práctica quirúrgica y administrativa. Ingresó a la Sociedad de Cirugía en 1949 y desempeñó los cargos de subdirector y director hasta su retiro hace ya varios años.
El doctor Hernando Galvis Espinosa entró como interno, luego fue jefe de internos y después adjunto de cirugía. Ingresó a la Sociedad como miembro de número en 1953 con el trabajo Balance de líquidos y electrolitos en cirugía. Lo mismo que su homólogo estaba dotado de gran técnica quirúrgica. Pronto y aún muy joven llegó a ser jefe del servicio de cirugía del Hospital Militar Central y después jefe del departamento. Fue nombrado embajador en Suecia y Bélgica en la década del 70. Regresó al país en 1979 y se vinculó nuevamente al Hospital de San José en el servicio de cirugía general del cual llegó a ser el primer jefe, como servicio independiente dentro del departamento cuyo jefe seguía siendo Mario Negret. Fue elegido presidente de la Sociedad en febrero del 90 y en noviembre del mismo año falleció a causa de una trombosis cerebral que sufrió inesperadamente.
Era obvio el interés por las novedades científicas en el campo de la medicina y de la cirugía que no pocos cirujanos importaban de los Estados Unidos principalmente y que ponían en práctica en el Hospital de San José; así fue evolucionando la cirugía del hospital y forjándose una escuela de fuertes ingredientes más americanos que europeos. Y así se puede seguir mencionando cirujanos que difundieron esta escuela ya como cirujanos rasos, ya desde posiciones importantes en Bogotá, el país y el exterior. El doctor Guillermo Rueda Montaña, que fue jefe de cirugía cardiovascular del Hospital Militar, y que ocupó los cargos más importantes del Hospital de San José y la Sociedad de Cirugía. El doctor Alfonso Linares jefe de colon y recto del Militar. Alejandro Hakim, de cabeza y cuello del Instituto Nacional de Cancerología. Hernán Rodríguez Cortés, destacado cirujano de seno y oncológico del Instituto Nacional de Cancerología. Antonio Ordóñez Plaja, importante bastión de la cirugía de tiroides. Rafael de Zubiría Gómez, Emilio Echeverri, Joaquín Abello, Camilo Schrader, Alberto Vejarano Laverde, Humberto Ibáñez, Luis Céspedes, Pablo Emilio Ramírez, Guillermo Umaña, y otros muchos que se escapan pero que tienen igual mérito para ser mencionados aquí.
Pero en San José hubo otro titán de la cirugía: el doctor Carlos E. Camacho Rodríguez. Su ingreso como interno fue en 1944. Residía en el hospital, de manera que su disponibilidad era casi permanente. Era también uno de esos que no tuvo tutor especial. Sin embargo, pronto se convirtió en un virtuoso de la cirugía, un cirujano de una espeluznante destreza quirúrgica, estudioso, consagrado, con talento para enseñar y para liderar. Siendo de la escuela del San José y de mucha formación europea, había trazado corrientes diferentes, por ejemplo, mientras la corriente principal hacía gas-trectomías con Billroth I para úlcera duodenal, Carlos Camacho reconstruía con Billroth II. Así en otras conductas. Poseído de esa inquietud científica viajó a la Argentina en donde estuvo nutriéndose en los servicios de los profesores Bonorino Udaondo del Hospital Rawson, Iván Gogni-Moreno del Hospital de Haedo y en el Instituto de Cirugía Profesor Luis Guemes de Buenos Aires. Además de ciencia quirúrgica propiamente dicha, aprendió endoscopia digestiva lo mismo que perito-neoscopia o laparoscopia.
Todas estas innovaciones las trajo en el 48 al hospital, que le dieron un importante impulso a la gastroenterología clínica y quirúrgica. Al regresar fue adjunto de cirugía en el servicio de su familiar, el doctor Marco Tulio Aguilera Camacho y pasó a ser jefe al morir él. En 1952, creó la unidad de endoscopia digestiva con la colaboración del doctor Arecio Peñaloza Rosas, también cirujano, compañero y discípulo suyo. El 9 de agosto de 1961, murió prematuramente el doctor Carlos Camacho a la edad de 40 años. Se extingue un verdadero monstruo de la cirugía y de la gastroenterología. Lo reemplaza el doctor Peñaloza en la jefatura del ya constituido servicio de gastroenterología y endoscopia digestiva.
Otro de los discípulos de Carlos Camacho fue el doctor Amílcar Jaramillo, el ñato quien había ingresado como interno junior en el 55. Mientras Arecio Peñaloza se inclinaba más por la endoscopia y la gastroenterología clínica, a las cuales se entregó por completo hasta la época actual, Amílcar Jaramillo se iba más por lo propiamente quirúrgico. Siguió en San José hasta febrero del 65 cuando pasó a la clínica San Pedro Claver, y a formar parte del cuerpo docente de la Javeriana. Amílcar Jaramillo se ha destacado en el ámbito quirúrgico nacional con un nutrido número de trabajos científicos. A su lado estuvo entrenándose el doctor Alberto Chaya, cirujano a carta cabal quien murió víctima de un carcinoma de páncreas a temprana edad.
Queda por mencionar a una de las personas más importantes en la historia de la cirugía del Hospital de San José, a un coloso, que logró las grandes transformaciones en la educación, en la organización y en la reglamentación de la ciencia quirúrgica del hospital, principalmente en la década del 60: el doctor Juan di Domenico di Ruggiero.
El doctor di Domenico nació en Panamá en 1913; a los dos años se trasladó a Bogotá y a los once años, a Italia, tierra de sus padres, en donde cursó su educación secundaria y luego sus estudios de medicina en la Universidad de Nápoles. Su deseo de complementar su formación europea con la escuela americana lo hizo viajar en 1938 a Estados Unidos en donde hizo un año de internado rotatorio en el Mercy Hospital de Davenport, Iowa y luego aprender cirugía en la Clínica Mayo, Chicago (Cook County Graduate School of Medicine) y otros centros importantes del Norte hasta 1942. Regresó con innovaciones importantes en todo lo mencionado. Introdujo al país el tubo en T o de Kehr, y el uso y manejo de la sonda nasogástrica sin y con succión continua con el aparato de Wangensteen que había conocido en Iowa, y al que por aquí llamaban en ese entonces aparato de di Domenico.
Trajo, además, conceptos claros en el manejo pre y post operatorio de intervenciones de cierta magnitud como gastrectomías, colectomías, tiroidectomías, etc. Introdujo el procedimiento de la esfinteroplastia transduodenal y la endocoledociana con el esfinterótomo de Colp, que pronto hubo que abandonar por las hemorragias que producía. Hizo mucho énfasis en la fisiopatología de las enfermedades y en el manejo quirúrgico de apoyo. Estableció la cátedra y el laboratorio de técnica quirúrgica de la cual se beneficiaron muchos discípulos; se practicaba en perros, en cadáveres y lógicamente en humanos. Demostró la regeneración del hígado remanente (con comprobación histológica) después de resecciones hepáticas realizadas en perros. Y, en humanos, se le atribuye la primera pancreato-duodenectomía hecha en el Hospital de San Juan de Dios y las primeras comisurotomías atriales y ligaduras del ductus arterioso hechas en el San José y en la Hortúa. Ingresó a la Sociedad de Cirugía en 1952, después de presentar los importantes resultados de la colangiografía operatoria, hecha por primera vez en el Hospital de San José y en el país.
Tan importante o más fue la forma como iba reglamentando la educación y la organización de los servicios. Primero, estableció el entrenamiento de tres años en cirugía y otras especialidades, en un internado júnior (rotatorio, 18 meses) senior (18 meses, fijo en la especialidad escogida); después, algunos pasaban a adjuntos, también llamados auxiliares. Creó el fondo de auxiliares para poder remunerarlos por su atención a los pacientes del hospital. Además, le puso disciplina y orden a las actividades del personal en entrenamiento; los internos andaban medio sueltos y se desaparecían antes de las 12 del día, razón por la cual hizo que se quedaran la jornada completa, y los puso a tomar turnos para un cubrimiento organizado de los pabellones como en los grandes centros médicos de los Estados Unidos.
Con el fin de acabar con los múltiples servicios de cirugía, al doctor di Domenico se le nombró jefe del departamento de cirugía general y educación médica en 1960; tras ardua tarea, logró acabar con los feudos y aglutinó todas las camas en dos pabellones y todo el personal quirúrgico en un solo departamento (o servicio, hoy día) el departamento de cirugía general, tal como funciona en los grandes hospitales del mundo. En esta fecha sostuvo conversaciones con el doctor Janer y otros médicos para reglamentar el entrenamiento en cirugía y otras especialidades con programas de residencia de posgrado: tres años para cirugía, en ese entonces. ASCOFAME supervisa esto y por unos años otorga los títulos. Ahora los otorgan las respectivas universidades y los programas de residencia en cirugía son de cuatro años.
En febrero de 1962, comienzan los dos primeros residentes de cirugía: los doctores Benjamín Bronstein y Alfonso Barrios Cuervo; en 1963 se inician los doctores Orlando Rodríguez, Guillermo Poveda y Gonzalo López Escobar; y así sucesivamente otros y otros.
Otra gran contribución de di Domenico di Ruggiero fue la demostración que le hizo al doctor Hernando Anzola de la importancia y necesidad de la instrumentación quirúrgica al servirle de instrumentador en algunas cirugías; y no sólo le insistió en su importancia como parte del equipo operatorio, sino como disciplina que debe tener todo recinto sagrado como es el quirófano. Formó a la primera instrumentadora quirúrgica de Colombia, Merceditas Roa.
Desde ese momento se generalizó el concurso de la instrumentadora en todas las intervenciones quirúrgicas. Hay que anotar, sin embargo, que quien logra la transformación de las salas quirúrgicas de saco y gabán en verdaderos quirófanos fue doña Celmira Acevedo en 1948. Doña Celmira, enfermera fundadora de la escuela de enfermeras de la Universidad Nacional, hizo un curso de posgrado en asepsia y antisepsia en la Universidad John Hopkins en Baltimore. En 1948 llega a San José y con el apoyo decidido del doctor di Domenico reglamenta la actividad dentro de las salas quirúrgicas para iniciar así la era de la verdadera instrumentación quirúrgica. En febrero de 1951, comienza a funcionar la escuela de instrumentación quirúrgica del hospital. Celmira Acevedo pronto se convertiría en la esposa del doctor Jorge Segura Vargas.
La escuela, hoy facultad de instrumentación de la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud (FUCS), ha producido un gran número de excelentes instrumentadoras difundidas por todo Colombia, y se puede decir que es la pionera de la instrumentación en Colombia. El año pasado (2001) se celebraron sus bodas de oro, y en la ceremonia se les rindieron merecidos reconocimientos a doña Celmira y al doctor di Domenico.
La organización de las salas de cirugía no pudo ser más oportuna; en octubre del 48, una comisión americana, The Unitarian Medical Mission, conformada por el doctor George Humphrey, cirujano de la Columbia University-Presbyterian Hospital, y otros especialistas norteamericanos, estuvo en el país haciendo una evaluación de la medicina asistencial y académica de Colombia. Rindió un informe (publicado en una edición especial de la revista Repertorio de Medicina y Cirugía de la época), en el que el hospital, particularmente su servicio quirúrgico y sus quirófanos, salen muy bien librados.
El profesor di Domenico di Ruggiero, al igual que Carlos Camacho, crea corrientes distintas dentro de la escuela de San José y deja importantes seguidores. Se retira del departamento de cirugía en 1967 para asumir la dirección de la Clínica San Pedro Claver, adonde traslada todas sus inquietudes. Posteriormente, fue nombrado jefe nacional de educación médica del ISS, cargo que no existía con anterioridad. Luego, se dedica a colaborar con la revista Tribuna Médica, como parte de las directivas, entre otras actividades, y en 1999, regresa al hospital a resucitar el Repertorio de Medicina y Cirugía como su director, nombrado por la Fundación Universitaria. Su gestión ha sido de completo éxito. El doctor di Domenico es Profesor Honorario de Cirugía de la Universidad del Rosario.
En reemplazo del profesor di Domenico, la Junta Directiva nombra al doctor Mario Negret López quien era jefe en la Samaritana. Su aceptación la condicionó al nombramiento del doctor Antonio Ramírez Sánchez como coordinador del departamento de cirugía para compartir con él la responsabilidad y el tiempo que ésta labor demanda. La Javeriana se había ido del San José en el 64 y en el 66 comenzaba a funcionar la facultad de medicina del Rosario-Hospital de San José. Se iniciaba, pues, otra era en el departamento de cirugía y en el hospital. Dejó de ser departamento de cirugía general para convertirse en departamento de cirugía que incluía el servicio de cirugía general y las otras especialidades quirúrgicas como urología, ortopedia, otorrinolaringología, oftalmología, neurocirugía y anestesia; posteriormente se le adicionó cardiovascular y más tarde cirugía de tórax. Mario Negret era al tiempo jefe del departamento quirúrgico y del servicio de cirugía general y Antonio Ramírez su coordinador. |
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