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Mis memorias de nuestro hospital Doctor Alberto Mejía D.
Los servicios o sectores de atención eran dirigidos por miembros de la Sociedad de Cirugía y se repartían las camas de los pabellones de forma curiosa, ya que unos tenía cuatro camas, otros dos, etc. El hospital era eminentemente quirúrgico, y el interno asignado a un jefe debía proveer la adecuada rotación de pacientes en tales camas, sea por lograr que el jefe operara o si este consideraba al médico joven con suficiente entrenamiento, autorizábalo para que él efectuara la cirugía. Se contaba el caso de un paciente con bocio, que había durado más de un mes sin que el cirujano de esas camas lo operara. Una mañana que este doctor pasó revista, encontró que el citado enfermo había sido operado la noche anterior, y al reclamarle al interno tal conducta, este contestó que se había agudizado la víspera.
En el área de medicina interna, comenzaba labores el doctor Juan Consuegra, dándole una cierta preponderancia a la cardiología y se practicaban las primeras operaciones de estenosis mitral, pues había regresado al país el doctor Guillermo Rueda, con amplio entrenamiento en el área.
El hospital, acorde al pensamiento de sus fundadores, atendía gran cantidad de pacientes de caridad, así como enfermos particulares. El gerente, llamado entonces síndico, era en mi tiempo un patriarca, don Jorge Wills. Las hermanas de La Presentación manejaban el personal, la farmacia, las salas de cirugía, etc.
La zona urbana era agradable, ya que el barrio estaba habitado por familias de clase media, pero el traslado de la plaza de mercado, por orden de un alcalde militar, cambió totalmente su entorno por la inseguridad y el deterioro de la zona.
En relación con el entrenamiento de los especialistas era enteramente práctico. La concurrencia de cirujanos de diferentes escuelas permitía a los médicos nuestros comparar enfoques y técnicas diversas. No existían programas definidos hasta los años setenta; antes, dejaban al buen criterio de cada cual las lecturas e informaciones que pudieran obtenerse.
Eventualmente venían de visita especialistas extranjeros que realizaban demostraciones y dictaban conferencias. No se contaba con biblioteca ni ayudas audiovisuales.
Claro que gran parte de los médicos vinculados habían recibido su entrenamiento en el exterior, lo que aportaba nuevas ideas y técnicas. No existía formalmente departamento de patología, y por ende, no se realizaban autopsias con el rigor necesario.
Regresando a 1960, encontré como director a Guillermo Fergusson, patólogo entrenado en Estados Unidos, y a quien encargó la Universidad Javeriana, junto con Gabriel Ortega, para organizar un departamento de patología que daría instrucción a los alumnos de su facultad de medicina.
Guillermo, con mente analítica y ánimo despierto, encontró las fallas de la institución y empezó a criticarlas y a proponer remedios, lo que le valió el nombramiento de director y de miembro titular de la Sociedad de Cirugía. Abolió el sistema feudal anotado, de camas con dueño, por la creación de departamento de cirugía. Instituyó las conferencias clínico-patológicas, para comenzar así la evaluación necesaria de las conductas y procedimientos. La práctica sistemática de autopsias, además de generar conflictos con los familiares, fuente de innumerables anécdotas, elevó necesariamente el nivel de atención y el aspecto académico.
En el área administrativa se había nombrado gerente a un eficiente y gentil caballero, el doctor Marino Tobón, quien modernizó en buena parte los procedimientos. Todavía el hospital mantenía buen número de camas de caridad, más adelante llamadas de servicio social, y contratos con el ISS, Caprecom, etc., que permitían ingresos adecuados. El deterioro de la zona alejó mucha clientela particular, y nuestras piezas de pensionados no eran atractivas para ese nivel.
Yo encontré mi departamento tal como la había dejado hacía siete años, con una ubicación comodísima en el segundo piso, sin eficaz sistema de ascensores y con equipos muy antiguos, como comenzamos a trabajar. Después de dos años se logró adquirir un equipo moderno, que duró guardado por cinco años hasta la construcción de una zona nueva para hospitalización de pensionados (Fundadores), la suite quirúrgica que reemplazaría las tres áreas, separadas (Sierra, Zoilo y Maldo-nado) habían sido instaladas desde el comienzo de funcionamiento del hospital. En la planta baja se instaló la sección de radiodiagnóstico.
El contrato con la Universidad Javeriana para docencia de los alumnos de su Facultad de Medicinase terminó bruscamente y Guillermo Fergusson se dedicó a buscar un socio para establecer escuela propia. Era condición indispensable entonces que se hiciera con el apoyo de una Universidad ya existente, y finalmente una charla entre un sacerdote, Monseñor Castro Silva, Rector del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, y un ateo y marxista como Guillermo, produjo el acuerdo para la fundación de la escuela que por muchos años funcionó en el hospital, con Fergusson como su Decano y fundador. La muerte de Monseñor Castro Silva, hizo que cambiara la Rectoría de ese claustro. Los alumnos fundadores hicieron una crítica a la encíclica Humanae Vitae en la cafetería, un viernes por la tarde y ello dio pie a un escándalo en la rectoría, lo que terminó con la renuncia de Guillermo y algunos colaboradores. Fergusson se retiró del hospital y fue reemplazado por el profesor Arturo Aparicio, persona aceptada por el venerable claustro. Con ello cambió el enfoque inicial de la enseñanza, ideada originalmente para dar médicos generales acordes con las necesidades del país.
El hospital continuó su marcha, con cambios cíclicos y predecibles en su Junta Directiva. Desde el inicial empujón que atrás anoté no se había adelantado en la modernización de conceptos ni de equipos y por lo tanto se empezaron a sufrir las consecuencias del tal atraso. En 1987, providencialmente, por la iniciativa de Arturo Aparicio Laserna y su esposa Helena, la Fundación Corona (antes Santa Helena), se interesó por el hospital y viendo que su ayuda serviría para salvar una institución meritoria nos empujó y facilitó la modernización tan requerida, al mismo tiempo que nos hizo conocer nuestras fortalezas y debilidades. Así mismo, un cambio de mentalidad en el gobierno de la Sociedad de Cirugía, y la llegada no hace mucho de figuras jóvenes han hecho posible que se sobreviva a los embates actuales del país y sus dirigencias. |
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