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Servicio de medicina física y rehabilitación

Doctor José Vicente Pardo H.

 

Al escribir la historia del servicio de medicina física y rehabilitación debo hacerlo en primera persona, porque me es más fácil, ya que toda mi vida profesional está ligada a la creación y desarrollo del mismo.

 

Corría el año de 1961, hacíamos residencia de ortopedia y traumatología en el Hospital de San José el doctor Ernesto Torres Acuña y yo. Teníamos la preocupación de que nuestros pacientes se recuperaban muy lentamente o no lo hacían en forma completa; faltaba el tratamiento de fisioterapia. Pedimos al doctor Jorge A Ruiz, jefe del servicio y al doctor Guillermo Fergusson, director del hospital, gestionar una rotación por el Hospital San Juan de Dios, donde dos años antes se había inaugurado el servicio de medicina física y rehabilitación. Otra opción era rotar por el Instituto Roosevelt, sede de la Escuela de Fisioterapia. Pasaban los días y no se tomaba una decisión. A finales de 1961 fui llamado a la dirección del hospital. El director me preguntó si todavía estaba interesado en hacer rehabilitación. Ante mi respuesta afirmativa, me dijo que debería presentar el examen del ECFMG en marzo de 1962 y prepararme para viajar a Nueva York en el mes de junio. No era lo que estábamos pidiendo, pero la oferta era muy tentadora.

 

El Dr. Howard Rusk, de paso por Bogotá, ofreció una beca para que uno de los médicos del hospital hiciera la especialidad en el Institute of Physical Medicine and Rehabilitation, que él dirigía, adjunto a New York University. Después de muchas vacilaciones y consultas, decidí aceptar; presenté el examen en marzo en la ciudad de Cali, lo aprobé y el primero de julio de 1962 inicié mi entrenamiento. A mi regreso, en julio de 1965, fui nombrado jefe encargado del servicio en el hospital, servicio que no existía. Para esa fecha una fisioterapeuta atendía los pacientes de ortopedia en un pequeño consultorio a la entrada del Pabellón Ragonesi.

 

Por un convenio entre el hospital y la Escuela Colombiana de Fisioterapia, se inició la organización del servicio en el Pabellón el Carmen. La escuela colaboró con los equipos y envió cuatro estudiantes de último año para que adelantaran su rotación práctica. Se inició la atención de pacientes hospitalizados y pacientes ambulatorios, la gran mayoría del Instituto Colombiano de Seguro Social, como se le denominaba en esa época y pacientes de la consulta propia del hospital. El servicio creció y llegamos a tener trece terapeutas y un numero variable de estudiantes. Posteriormente el servicio se trasladó al Pabellón Santa Teresa, donde todavía funciona. El área y el personal se han reducido debido a que ya no tenemos pacientes del ISS y las empresas que tienen convenio con el hospital, en su gran mayoría, no autorizan tratamientos de terapia en el mismo. Entre los equipos donados al hospital, había un “pulmón de acero”. En él manejamos varios pacientes con insuficiencia respiratoria, secundaria a polineurorradiculopatía aguda o síndrome de Guillian Barré, antes de que existieran los respiradores. Salvamos varios pacientes que de otra manera hubieran fallecido.

 

Estas experiencias nos llevaron a iniciar tratamientos de terapia respiratoria, que no existían en el hospital y en otras instituciones eran apenas un proyecto. Atendimos pacientes del servicio de cirugía y pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica. No teníamos equipos, muchas eran las dificultades, pero mostramos la importancia de dichos tratamientos, creamos la necesidad de dotar al servicio de los equipos. Cuando estos llegaron, la parte de terapia respiratoria fue anexada al servicio de neumología. Más o menos en 1977 iniciamos otra actividad científica, también novedosa en nuestro medio: las pruebas de esfuerzo y la rehabilitación cardiaca, con la colaboración del doctor Hernando Ospina Callejas, residente IV de cardiología, el doctor Ernesto Ríos Correa, residente II de rehabilitación y el doctor José Alberto Bernal, cardiólogo del hospital, para esa época encargado de la ecocar-diografia. Hicimos las primeras pruebas de esfuerzo en Bogotá y posiblemente en el país. Presentamos nuestro trabajo en el hospital, con el patrocinio de la Sociedad Colombiana de Medicina Física y Rehabilitación, con la asistencia de fisiatras de todo el país. Fuimos invitados a dictar charlas a la Sociedad Colombiana de Cardiología y llevamos nuestras experiencias al congreso latinoamericano de rehabilitación celebrado en Quito en el año de 1981. Nos faltó apoyo, y como la atención de estos pacientes no era rentable tuvimos que dejar de prestar el servicio.

 

Hace dos años y con la colaboración de los servicios de cardiología, hemodinamia y cirugía cardiovascular, se reinició la atención de los pacientes y en este momento atendemos los pacientes del hospital y recibimos aquellos operados y atendidos en otras instituciones. Contamos con una banda sin fin, bicicleta ergométrica y monitores de frecuencia cardiaca. Necesitamos ya otra banda sin fin y más bicicletas, así como un área física más apropiada.

 

En relación con la docencia, desde la creación de la facultad de medicina del Colegio Mayor del Rosario, colaboramos en forma indirecta, a título personal con los doctores Carlos Moreno y Antonino Barros en el área de neurofisiología y con el doctor Enrique Córdoba en el área de las lesiones neurológicas del aparato génito-urinario. El secretario de la facultad, doctor Fernando Isaza, nos dio un aparato de electromiografía, con el cual estamos trabajando todavía; equipo que no había sido posible adquirir a través del hospital. Durante la decanatura del doctor Alfonso Tribín se creó formalmente la cátedra de rehabilitación, en el semestre de medicina interna, la cual se dictó hasta cuando el Rosario se retiró del Hospital de San José. Actualmente en la Facultad de Medicina de la Fundación de Ciencias de la Salud, la rehabilitación se dicta en el noveno semestre, en la modalidad de seminarios preparados por los estudiantes.

 

En cuanto a post grado se hizo un programa conjunto con el Hospital Militar en febrero de 1976, en el cual se graduaron como especialistas los doctores Álvaro Ernesto Ríos Correa, Jorge Enrique Gómez, Amparo Torres León, Carlos Toro, Martha Aristizábal y Luz Amira Pulido de Triana. Como residentes del Hospital Militar, rotaron por el Hospital de San José los doctores Efraín Román, Alberto Rodríguez, Juan Trillos y Olga Higuera. Con la creación de la Universidad Militar Nueva Granada, el Hospital Militar se independizó del Rosario y decidimos terminar el programa en 1982, no era fácil encontrar servicios donde nuestros residentes rotaran, para completar su entrenamiento.

 

Una colaboración muy estrecha ha existido con el servicio de neurocirugía, desde la creación del servicio. Se ha trabajado siempre en armonía y mutuo respeto. Nuestra gratitud al doctor Antonio Becerra Lara y a quienes lo han sucedido en la jefatura, a los residentes, quienes en todos estos años han aceptado nuestros conceptos y orientaciones en la interpretación de exámenes electrodiagnósticos y manejo de los pacientes.

 

Con la misma voluntad y desinterés se ha trabajado con los diferentes servicios del hospital. El servicio de rehabilitación forma parte de la clínica del dolor, desde la iniciación de la misma y recientemente hemos abierto la clínica de espasticidad, con la colaboración del doctor John Jairo Hernández, del servicio de neurocirugía.

 

Nuestra gratitud al doctor Alberto Villaneda Soto, nuestro mentor y defensor en múltiples oportunidades, a las directivas y personal médico del hospital, a las terapeutas que han trabajado, casi siempre, con abnegación y lealtad.

 
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