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Laboratorio clínico Bacterióloga Solita Torres R.
A finales del siglo XIX se empezaron a aplicar la química, la física y la naciente ciencia de la bacteriología en el diagnóstico de las enfermedades. A Colombia llegaron en 1886 las primeras herramientas para diagnóstico (microscopio y estufa) con el veterinario francés Claude Vericel. Uno de sus alumnos, Federico Lleras Acosta, se orientó hacia el estudio de la naciente ciencia de la bacteriología y posteriormente, en colaboración con Roberto Franco, médico especializado en enfermedades tropicales, fundaron hacia 1905 el primer laboratorio al servicio de la profesión médica en el centro de Bogotá. En 1926, siendo miembro de la Sociedad de Cirugía, Roberto Franco organiza en el Hospital de San José el Laboratorio que lleva su nombre. En 76 años y tras siete remodelaciones el laboratorio inicialmente ubicado en la actual sala de toma de muestras, amplió su área inicial de 44 m2 a 632 m2.
Durante los primeros 20 años, con una corta interrupción, fue director el médico Venancio Rueda. En este período se ofrecieron 20 tipos de análisis y se procesaron alrededor de 7.000 exámenes anuales. Con el aumento en el número y la complejidad de las pruebas, se crearon nuevas secciones y laboratorios; para 1950 existieron: sueros, filtrados, química especial, química de orinas, isótopos radiactivos, inmunología, coagulaciones, banco de sangre, parasitología y bacteriología. En el año 2002, se procesan 323 tipos de exámenes en tres secciones: bioquímica, hematología y microbiología, con un crecimiento que alcanzó la cifra de 451.127 exámenes ordenados en el año 1998. En los últimos tres años se recibieron en promedio 324.000 exámenes al año.
Las actividades técnicas siempre han ido de la mano con la docencia y la investigación. Cada uno de los 17 directores (6 médicos y 11 bacteriólogos) impulsó áreas según su perfil y las necesidades del servicio. Durante las primeras décadas Venancio Rueda, Irenarco Venegas y José Loboguerrero tomaban muestras especiales (líquido cefalorra-quídeo, jugo gástrico, médula ósea), las procesaban, hacían el diagnóstico y en algunas ocasiones recomendaban el tratamiento. Otros como Andrés Soriano Lleras, Ana Figuetti y Sonia Vélez impulsaron la bacteriología; Hernando Gómez Vesga fundó el Banco de Sangre; José Loboguerrero fomentó el desarrollo de la hematología, coagulaciones y gasimetría; Nelly Garavito, Américo Perea y Solita Torres impulsaron la bioquímica. Lideraron cambios administrativos importantes: Venancio Rueda, Hernando Gómez Vesga, Irenarco Venegas, Enrique Pedraza, Ana Figuetti, Sonia Vélez y Solita Torres. Gracias a su amor al servicio, apoyados por un grupo idóneo de colaboradores, asesores y respaldados por las directivas del hospital, permitieron y permiten un crecimiento continuo para ofrecer servicios acordes con el nivel III de complejidad del laboratorio.
Parte del personal profesional ha estado vinculado como docente, en facultades de ciencias de la salud como medicina, bacteriología, enfermería citohistotecnología de diversas universidades. Hasta el año 1994, se recibieron estudiantes de práctica de bacteriología de las universidades Andes, Javeriana y Colegio Mayor de Cundinamarca de Bogotá; Católica de Manizales y Metropolitana de Barranquilla. También se ha brindado apoyo a proyectos de investigación patrocinados por casas farmacéuticas, con un promedio de dos al año y tesis de postgrado para residentes de medicina. El personal del laboratorio clínico ha colaborado activamente en los diversos comités del Hospital de San José, como el de infecciones (desde 1980), salud ocupacional (desde 1998), amable (desde 2001) y los talleres de inducción y reinducción al personal del hospital (1997-2000); así como a las brigadas de emergencia (desde 2000).
En 1994, el Centro de Gestión Hospitalaria, seleccionó al laboratorio como exponente de un modelo de organización de alta calidad y lo invitó al Foro Internacional Construyamos el futuro con calidad, realizado en Medellín. Desde 2000, se realizan semestralmente actividades científicas como parte de un programa de capacitación continua a profesionales de la salud.
Actualmente, se cuenta con 14 manuales en donde se describen todos los procesos técnicos y administrativos, que han servido como material de consulta dentro y fuera de nuestra institución. En relación con la tecnología, durante los primeros 50 años, se contaba con microscopios, espectrofotómetros, baños serológicos, incubadoras y balanzas. Se seguían largas y dispendiosas metodologías; reutilizando tubos, frascos, jeringas de vidrio y un instrumento para afilar las agujas. Se preparaban en el servicio la mayoría de los reactivos y medios de cultivo. En la década de los 80 se recibieron los primeros equipos para las secciones de hematología y química, en los 90 se automatizaron 98% de las pruebas y se optimó el manejo de la información utilizándose computadores para el ingreso de muestras e impresión de resultados que remplazaron las hojas y libros de registro diligenciados a mano (1998). Para el año 2002, se instala una nueva red de computadores conectada al sistema de Gestión Hospitalaria Hipócrates que permite consultar resultados validados desde cualquier punto del hospital.
La innovación tecnológica realizada en los últimos doce años ha sido el resultado de evaluaciones de calidad y estudios periódicos de costos que permitieron sustentar nuevas inversiones y mantener la rentabilidad del servicio. Desde 1995, se ha velado por el bienestar y crecimiento del talento humano empleando estrategias como: estudios de tiempo-movimiento; capacitación con énfasis en el desarrollo de competencias cognitivas, motrices y actitudinales; retroalimentación anual de desempeño con seguimiento de logros; participación en programas de vigilancia epidemiológica (riesgo biológico y psicosocial) y planeación estratégica. A continuación se describe el desarrollo del área técnica en sus secciones microbiología, hematología y química.
Sección de microbiología
Proviene de la fusión de los laboratorios de bacteriología, parasitología, coprología, citología y orinas. Desde sus inicios hasta el presente realiza cultivos, coloraciones de los diferentes fluidos corporales, además de exámenes parasitológicos y de orina. Para comprobación de procesos infecciosos y búsqueda de pirógenos se utilizaron animales de experimentación incluyendo serpientes, conejos, perros, un caballo llamado Mararay y carneros, el último de los carneros fue sacrificado y consumido en un asado por personal del laboratorio en 1980 y finalizó así la existencia del bioterio, que estaba ubicado en el jardín contiguo a la actual sección de microbiología.
En el decenio de los 90 se adquiere equipo de fluorometría automatizado para hemocultivos, una cabina de flujo laminar, un microscopio de contraste de fase, un equipo lector de tiras reactivas para análisis químico de orina y un computador con paquetes estadísticos que facilitaron el suministro de información para el programa de vigilancia epidemiológica.
En 2002 se recibió un analizador automatizado para la identificación de 30% de los gérmenes aislados, que incluye pruebas de sensibilidad a antibióticos por el método de concentración inhibidora mínima (MIC). En los últimos años se ha planteado la introducción de diversas metodologías moleculares, como la reacción en cadena de la polimerasa (PCR), para el diagnóstico de infecciones.
Las pruebas de coagulación se iniciaron con la medición de los tiempos de sangría sobre el paciente con reloj y papel de filtro; el tiempo de coagulación y la retracción del coágulo en muestra de sangre total incubada. Hacia los cincuenta, se implementan el tiempo parcial de tromboplastina y el consumo de protrombina utilizando baño serológico y cronómetro. En los setenta se dosifican factores VIII, IX y la generación de tromboplastina. Después de 1985 se recibieron tres analizadores, el actual de los cuales determina coágulos por ultracentrifugación y nefelometría y permite llevar a cabo análisis por métodos cromogénicos.
Por solicitud de los servicios de cirugía y anestesia, se adquiere en 1980 un analizador de gases inicialmente instalado en laboratorio, luego en 1988, se trasladó al servicio de terapia respiratoria. En el año 2000 este aparato es reemplazado por un nuevo modelo que funciona nuevamente para el laboratorio clínico.
Sección de bioquímica
La determinación de enzimas (transaminasas) se inició en los años cincuenta utilizando un espectro-fotómetro, cronómetro, baño serológico y micropi-petas. Con el desarrollo de la tecnología, el laboratorio adquiere una serie de equipos desde los parcialmente mecanizados y modulares hasta los modelos actuales completamente robotizados y compactos que incluyen baños de incubación, discos refrigerados y dispensadores para reactivos y muestras, sistema de lavado de cubetas de reacción y desecho. Además utilizan tubo primario, código de barras y acceso aleatorio permitiendo procesar simultáneamente todos los analitos de una muestra. La velocidad de procesamiento de muestras es de 360 por hora usando pequeños volúmenes (3-350 µl). En los noventa, se reciben otros analizadores para la determinación de medicamentos, vitaminas, proteínas y se cambia el equipo de electroforesis por uno de lectura automatizada aumentando el poder de resolución debido al cambio de acetatos de celulosa por geles de agarosa. En la misma década, se diagnostica el embarazo utilizando placas con reactivo monoclonal reemplazando las pruebas de látex que a su vez habían desplazado a las pruebas biológicas de Galli Mainini realizadas en sapos desde 1949.
En los ochenta, química es la primera sección que inicia un programa de control de calidad interno para valorar la exactitud y la precisión de las metodologías empleadas. En los noventa, este programa se extiende a hematología y microbiología tanto en el ámbito nacional como en el internacional.
El laboratorio clínico se prepara para cambios similares, sucedidos en los 90 con la llegada de nuevas herramientas basadas en principios inmunológicos, moleculares y electrónicos como los biochips que facilitarán continuar con la misión de brindar apoyo en la prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades. Estos cambios permitirían al personal invertir parte de su tiempo en mejorar la atención al usuario y tener una mayor participación en proyectos de investigación, en beneficio de la sociedad.
La siguiente lista informa los nombres y profesiones de los directores del Laboratorio Clínico Roberto Franco desde1926 hasta 2002.
Fundador: Roberto Franco, médico especializado en enfermedades tropicales (1926). Venan-cio Rueda Angarita, médico (1926-1929); Alfonso Rueda Herrera, médico (1930-1931); Venancio Rueda Angarita, médico (1931-1946); Andrés Soriano Lleras, médico microbiólogo (1946-1948); Hernando Gómez Vesga, bacteriólogo (1948-1956); Luis Marmolejo, bacteriólogo (1955-1957); Irenarco Venegas, bacteriólogo (1958-1961); Nelly de Cediel, bacterióloga (1962-1966); Américo Perea, bacteriólogo y bioquímico (1967-1971); Enrique Pedraza, bacteriólogo (1971-1972); Betty Salamanca, bacterióloga (1972-1978); María Cristina Peña, bacterióloga (1978-1981); Álvaro Espinosa, bacteriólogo (1981-1982); José Loboguerrero, médico (1982-1984); Ana Figuetti, bacterióloga (1984-1988); Sonia Vélez, bacterióloga (1988-1995) y Solita Torres, bacterióloga (1995 hasta el presente).
Referencias
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