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| HISTORIA DE LOS DEPARTAMENTOS Y SERVICIOS DEL HOSPITAL DE SAN JOSÉ | |
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Servicio de anestesia Doctor Carlos Castellanos Ch.
El hombre a través del tiempo y del espacio ha tratado de eliminar el dolor utilizando desde plantas, rezos y conjuros hasta drogas potentes y técnicas especiales. Afortunadamente hoy se puede intervenir quirúrgicamente a cualquier paciente sin que experimente dolor. El horror, la tortura y el sufrimiento han sido alejados definitivamente de los quirófanos.
La historia de la anestesia en Colombia está íntimamente ligada a la historia del Hospital de San José.
En los albores del siglo XIX, el 18 de octubre de 1802, se abre la primera cátedra de medicina en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, bajo la dirección del sacerdote maestro Miguel de Isla.
Se creó simultáneamente la cátedra de cirugía sobre el plan de estudio del sabio Mutis; se admitían a estas clases a todos los que lo solicitasen, con tal de que fueran de costumbres y porte decentes. Constaba de dos años de teoría y dos de práctica. Esta incipiente cátedra se truncó con el grito de independencia de 1810.
En los primeros años de este siglo encontramos una noticia que señala el nacimiento y creación de las primeras escuelas de anestesia y más tarde la fundación de la Sociedad de Aneste-siología. El 28 de junio de 1903, según nota del diario El Nuevo Tiempo del 3 de julio, se fundó el Hospital de San José de la Sociedad de Cirugía de Bogotá en el lote donado por el general Juan N. Valderrama.
El secretario de la Sociedad de Cirugía, doctor Hipólito Machado, leyó un informe en el cual hizo el recuento de las labores desarrolladas por la Sociedad desde su fundación el 22 de julio de 1902 y de las cirugías practicadas en su sede provisional del Centro de Salud del Campito, con una rentabilidad de 7%, más adelante dice: en nuestra sociedad, ha nacido la institución del cloroformista, de un facultativo especialista en el arte y en la ciencia de la anestesia, y es allí donde el doctor Isaac Rodríguez ha adquirido su indiscutible competencia, en este acto trascendental de toda operación, creándose así la primera escuela de anestesia del país. Días más tarde, el 19 de agosto de 1903, al dejar el cargo de presidente de la Sociedad de Cirugía, el doctor Juan Evangelista Manrique, refiriéndose a esta naciente especialidad dice en su discurso: un año de trabajo ha probado que nuestro clima no es inadecuado, como se creyó, para la práctica de la cirugía y que la altura en que vivimos no es contra-indicación para la anestesia general.
En 1905 el doctor Lisandro Leyva realiza la primera anestesia raquídea con Tutocaína en el Hospital de San José. El doctor Lisandro Leyva, presidente de la Sociedad de Cirugía introdujo en el hospital la anestesia con cloroformo, éter, el balsoformo y la avertina. Su sucesor, el doctor Andrés Bermúdez (1930-1931), solicitó un aparato para anestesia, equipado con etileno, óxido nitroso, anhídrido carbónico y oxígeno, y en la Clínica Marly se preparó al interno Rogelio Salcedo para aprender a manejarla. Infortunadamente este equipo se extravió en Buenaventura.
En 1945 fue nombrado jefe de anestesia el doctor Juan Marín, con él comienza verdaderamente la era docente de la anestesiología y la formación de la especialidad. Él, un autodidacta, fue realmente el padre y creador de esta disciplina, el único que dejó huellas perdurables. Antes de Juan Marín y su escuela, en los hospitales las anestesias las daban las monjas, algún empleado o los estudiantes, generalmente por castigo. El doctor Marín inició esta primera escuela y allí permaneció hasta 1950, cuando lo reemplazó el doctor Juan Salamanca quien dirigió la escuela hasta 1953.
En el año 1947 nace la Escuela de Anestesia en el Hospital de San José, la primera en Colombia. A este primer llamado no respondieron ni estudiantes ni internos del hospital, por lo cual se inició el curso con seis señoritas, hijas de médicos del hospital. Salieron tres promociones en 1947, 1948 y 1949. Al segundo grupo ingresó el primer estudiante de medicina Armando Mc Cormick. La Sociedad Colombiana de Anestesiología se fundó el viernes 23 de septiembre de 1949. Dice el acta así: A las nueve de la noche nos reunimos en el salón de sesiones de la Sociedad de Cirugía del Hospital de San José, la mayoría de los anestesistas de Bogotá, con el objeto de fundar la Sociedad de Anestesiología de Colombia; el secretario provisional, doctor Juan Marín, leyó para su aprobación los estatutos de la sociedad, los cuales fueron aprobados por unanimidad. Fue nombrado, también por unanimidad, como primer presidente, el doctor Juan Marín, quien agradeció la gentileza y renunció inmediatamente y se le nombró secretario a perpetuidad a solicitud suya.
Hasta esta época vemos que como anesté-sicos generales se usaban cloroformo, éter y óxido nitroso complementados con morfina, y para anestesia local y regional, cocaína, esto-vaína, novocaína y scurocaína.
Años más tarde se empezó a usar en obstetricia el Trilene (tricloroetileno), administrado con su dispensador especial y sin la aplicación de oxígeno. El equipo estaba diseñado para ser usado por la parturienta y su uso se extendió hasta 1962.
El ciclopropano se comenzó a usar en 1938 en circuito cerrado a 40% y se le llamó el champagne de los anestésicos, marcó el comienzo de la declinación del cloroformo, más tarde se empezarían a usar el famoso pentotal sódico y el curare.
En 1940 llegó de los Estados Unidos Juan J. Salamanca, primer anestesiólogo formado en escuela con que contó el país. Hizo su entrenamiento en el Massachusetts General Hospital. Vino a trabajar en la clínica del doctor Pompilio Martínez, luego fue jefe de anestesia en el Hospital de San José, donde reemplazó a Juan Marín.
En los primeros años de este decenio ejercen en Bogotá tres anestesiólogos conocidos: Juan Marín en el Hospital de la Misericordia, Juan F. Martínez en la Clínica de Marly y Juan J. Salamanca en el Hospital de San José.
En octubre de 1950 llegó al Hospital de San José una misión norteamericana presidida por el doctor George H. Humphreys que integraban nueve médicos: farmacólogo, patólogo, cirujanos, psicólogo, internista, pediatras y un anestesiólogo, el doctor Perry P. Volpitto, profesor de anestesiología de la Universidad de Georgia.
Las recomendaciones de la misión norteamericana iniciaron el proceso de cambio de la escuela francesa, dominante hasta entonces, a la escuela americana en lo docente y asistencial.
Veamos, así sea someramente, el informe sobre el estado de la anestesia que el doctor Volpitto encontró en su visita y que dice: La anestesia se practica en Bogotá por médicos o técnicas muy mal entrenados. Por lo menos nueve médicos dedican parte de su tiempo a la anestesia. Sin embargo, sólo uno ha tenido entrenamiento en dicha especialidad (el doctor Salamanca) el resto ha adquirido algunos conocimientos de la materia leyendo moderna literatura médica. Están muy mal pagados... y dedican sólo unas horas a la anestesia. Y continua así su informe: se usan las anestesias por inhalación con etileno, ciclopropano y éter. No vi evidencias de que el anestésico fuese elegido para cada paciente en particular... no vi visitas pre-anestésicas y la premedicación estereotipada, accidental, era administrada a destiempo... Algunos tienen la costumbre de dejar el paciente al cuidado de personal menos experimentado o aun completamente solo, sin observación durante el periodo de la anestesia... No hay visita post-anestésica... No hay evolución. El equipo de succión es inadecuado, no hay colores para los tanques de los gases ... Es un informe deprimente y desolador pero absolutamente real.
Esta misión marcó un despertar y un nuevo interés por la anestesia, que durante años había sido vista como la cenicienta de la medicina. En los años siguientes a la Fundación de la Sociedad Colombiana de Anestesiología hecha por Marín, se comenzaron a organizar los pocos anestesiólogos que había en otras ciudades del país y empezaron a surgir las sociedades regionales.
En 1952 se realizó el primer congreso colombiano de anestesia. Vinieron delegaciones de todo el país y de Venezuela. El 26 de agosto, a las 7 p.m. se reunió en el Hospital de San José la primera convención nacional de anestesiología con la asistencia de delegados de todo el país. Esta reunión fue organizada por la Sociedad Colombiana de Anestesiología y patrocinada por la Sociedad de Cirugía de Bogotá.
La generación de anestesiólogos que siguió a los fundadores, todos ya con un entrenamiento ortodoxo, se extiende desde los años cincuenta hasta el XII congreso latinoamericano en 1973; fueron estos los que sentaron las bases de la especialidad, los que fundaron y le dieron vida a las diferentes sociedades regionales.
Aunque no estuvieron libres de discrepancias fueron los ideólogos y también los factores que influyeron en la generación siguiente que le dio vida a muchos de esos ideales, a la ley de anestesia, a FEPASDE, y a la nueva sociedad que hoy miramos con orgullo. El Hospital de San José tuvo una época de olvido y oscuridad que se acentuó con el conflicto con el Seguro Social en 1973, hasta que fue nombrado como jefe Rafael Peña Castro, formado en la Argentina y que venía de trabajar en el Hospital Infantil y en la Clínica David Restrepo. Era un hombre estudioso, trabajador incansable, organizador magnífico que le dio un giro de 180 grados a la anestesia en el hospital. Inició la docencia y el programa de residencia, que llegó a un alto nivel y lo colocó entre los mejores del país. Es realmente difícil imaginarse la sociedad de los años sesenta y describir lo que es hoy, en lo que se ha convertido, lo que parecía una quimera se ha hecho realidad.
En la asamblea de 1996 se reestructuró y se dividió la sociedad en tres grandes bloques: la organización científico-gremial que continúa ejerciendo las funciones tradicionales de la sociedad: toda la parte gremial, organización de congresos, cursos y asambleas, etc. La organización de publicaciones, que se encarga de las dos revistas y de otras publicaciones que sean necesarias, y la organización del fondo especial para auxilio solidario de demandas (FEPASDE).
Para finalizar, creo pertinente citar lo escrito en un editorial de nuestra revista hace algunos años, que no ha perdido actualidad, y decía: El cloroformista de hace cincuenta años se ha convertido en el anestesiólogo de hoy, al que se le exige una formación completa y sofisticada, donde es indispensable la profundización de las ciencias básicas, especialmente química, física, farmacología y fisiología... ¿y todo esto por qué? Porque el anestesiólogo de hoy dista mucho del dormidor de otros tiempos. Hoy es, y cada día lo será más, el internista de la sala de cirugía, que además de saber aplicar drogas anestésicas, debe manejar balance de líquidos, equilibrio ácido-básico, ser cardiólogo, ser endocrinólogo, etc. Así la especialidad se va volviendo cada día más médica y menos quirúrgica y esta tendencia está sacando al anestesiólogo de las salas de cirugía para llevarlo a las unidades de cuidado intensivo, a las clínicas de dolor, a las unidades de terapia respiratoria y, en general, a todos los sitios en que se requiera hacer reanimación.
Transcribo, además, este comentario del diario El Tiempo que muestra la apreciación que se tiene del anestesiólogo Muy poco se valora la callada y casi podríamos decir misteriosa labor de los médicos anestesiólogos. De su pericia y constante vigilancia de los signos vitales del paciente depende en gran parte el éxito de una operación, en que siempre el cirujano es quien gana todos los créditos. Su labor comienza desde el día anterior a la cirugía, cuando practica un cuidadoso examen al enfermo y decide qué drogas son las apropiadas para administrarle. Este anónimo médico, el primero y el último que ve al paciente en la sala de cirugía y en la sala de recuperación, es el encargado de no abandonarnos ni un instante y de vigilar constantemente los monitores de los signos vitales. La meta es procurar que las funciones fisiológicas normales se alteren lo menos posible ante el impacto de la operación. Su campo de trabajo se amplía cada vez más: hoy no solamente administran anestesia, se recurre a ellos en emergencias respiratorias de vida o muerte, está a cargo de las unidades de cuidado intensivo, de las unidades de terapia respiratoria, de las clínicas de dolor, etc.
Al terminar esta larga trayectoria que se inició con nuestro antepasado, el chamán, luego clorofor-mista, después anestesistas, ahora anestesiólogos, lo cual implica acopio de conocimientos y tecnología en esta evolución, hasta llegar al anestesiólogo moderno, con suficientes conocimientos para participar en decisiones científicas, docencia universitaria, administración hospitalaria y amparados por una ley que nos da el soporte legal necesario.
Tenemos la firme convicción de que la escuela de anestesiología de nuestro hospital sigue siendo pionera de la especialidad en el país y para ello nuestras metas están acordes con los avances de la ciencia y los cambios que se suscitan en el mundo actual, para lo cual trabajamos sin desmayo en los campos de sistematización, administración, formación docente, formación científica y formación investigativa, con lo cual nos preparamos para asumir los retos en la prestación de servicios con eficiencia, profesionalismo y seguridad. |
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