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Consulta externa

Doctor Raúl Barrios A.

 

Sabemos todo lo que va desde que el concepto predominante era el de enfermedad, es decir restaurar la salud perdida, haciéndolo con un acentuado sentido religioso inspirado en la caridad, hasta estas nuevas concepciones de la salud como un derecho y como un factor decisivo de desarrollo.

 

Así debieron intuirlo los visionarios del 22 de julio de 1902, que hicieron realidad la quimera de dedicar sus empeños a aliviar sufrimientos y a aligerar la carga de horrores que conlleva la pobreza. La creación de la Sociedad de Cirugía de Bogotá marcó un sentido y rumbo nuevo a la medicina nacional, no sólo en el aspecto asistencial sino docente. Impulsadores también, creo yo, de la seguridad social en el país, habida cuenta de que este es un sistema que no ha surgido completo y estructurado en un momento determinado, ni como producto de las ideas de una persona o de las normas de una ley. Ha sido una preocupación social que se manifiesta en múltiples formas y en épocas diferentes desde tiempos inmemoriales. La concepción doctrinal de los fundadores de la Sociedad de Cirugía de Bogotá interpretada en el curso de un siglo de desarrollo en el campo de la generación de recursos humanos para la salud, enmarcados dentro de una filosofía que consulta la aspiración de amplias capas sociales, no dejan duda de su poderosa influencia en la extensión e implantación en el ámbito nacional de los sistemas de protección con criterios de unidad, solidaridad, universalidad e integración constitutivos de la armadura de defensa contra los factores sociales de la miseria.

 

Cuando una nueva generación sucede a la que se honró participando en esta intensa renovación de ideas, parece especialmente oportuno precisar los resultados obtenidos y las tendencias actuales, en el sentido de que la reflexión sobre pasadas experiencias sirve para determinar nuevos objetivos. El hospital de San José, fruto de los esfuerzos de la Sociedad de Cirugía de Bogotá, abre formalmente sus puertas el 8 de febrero de 1925, por manos del doctor Carlos Tirado Macías, presidente de la Sociedad de Cirugía en esa época, manos que “agitadas por el temblor de las grandes emociones” abrieron de par en par las puertas del Hospital de San José a “todos los que caen vencidos en esa pugna eterna que sostiene la humanidad contra el dolor”, según él mismo lo dijera. Consustancial con los servicios para hospitalizados que se inauguraron en esa época, debió comenzar la consulta externa, habida cuenta de que es un acto precursor al internamiento, de frecuente práctica en la era en la cual el hospital empezó sus labores. Constituyó, además, visible preocupación de los fundadores, habida cuenta de que en el acta número 59 de diciembre 1 de 1920, cinco años antes de la inauguración oficial del hospital, el doctor Julio Manrique informa que los “ingenieros Vaugham, Jaramillo y Manrique Martín manifiestan que el proyecto para la consulta externa no es aceptable”.

 

Los médicos que atendían a sus pacientes en el Hospital de San José, muy en los albores de la institución, los remitían desde sus consultorios privados de la misma manera como se hace en la actualidad, obedeciendo a una costumbre que no ha tenido variaciones en el tiempo distintas a la instalación de los grandes centros médicos que agrupan a profesionales de muchas especialidades, en los cuales se practica la consulta externa y la interconsulta a otras disciplinas, o se acude a exámenes auxiliares de diagnóstico con mayores facilidades por circunstancias de índole locativa. La consulta externa para los pacientes pobres se ejercía en consultorios escasamente dotados, sin que obedeciera a ninguna norma preestablecida en atención a horarios, número de consultas a practicar, y sin ningún acopio de datos estadísticos de valor. Esta consulta era realizada por personal en entrenamiento, llamados “practicantes”, los cuales fueron favorecidos con algún salario gracias a un aumento de los auxilios provenientes del gobierno nacional, según consta en el informe del doctor Julio Aparicio, presidente de la Sociedad de Cirugía en el período 1926-1927. El auxilio que mencionamos se aumentó de $20 a $40 mensuales y fue obtenido gracias a gestiones del doctor Carlos Tirado Macías ante la Cámara de Representantes.

 

En esa misma época, como dato de interés, se creó el cargo de médico residente y por primera vez se retribuyeron con asignaciones mensuales los cargos de médico director del hospital, jefe del laboratorio clínico y ayudante de rayos X. Es de advertir que el hospital contó desde su iniciación con estos sistemas de ayudas diagnósticas, muy bien dotados de acuerdo con el lapso al que nos estamos refiriendo. La labor de estos practicantes, que en los informes del periodo de 1928-1929 son llamados “internos”, es de tal altura y abnegación que merecen el reconocimiento de la junta directiva del hospital y la gratificación de $15 para cada uno de los 13 que laboraban en ese momento, siendo presidente de la Sociedad de Cirugía el doctor Tirado Macías.

 

En el período de 1930-1931 correspondió la presidencia de la sociedad de cirugía al doctor Andrés Bermúdez, quien poseía un innato sentido de la administración muy adelante de la época en que le tocó ser rector de los destinos del hospital. Dentro de sus muchas realizaciones se empeñó en organizar la consulta externa, haciendo énfasis en su disposición por especialidades, en su oportunidad, en calidad y buen diligenciamiento de las historias clínicas, además de crear entre otras consultas especiales la de vías digestivas como pionera de esta rama en el país. Estableció una oficina para accidentes, con lo que demostró su preocupación por los hechos fortuitos que frutos del azar o del trabajo pueden lesionar la salud y disminuir la capacidad laboral del hombre. Creó consultas para el personal de la policía, la empresa de energía eléctrica, los ferrocarriles, el ejército y municipios de Bogotá. Otras actividades que redundaron en beneficio de la consulta externa fueron, sin duda, la organización de los archivos clínicos y de la estadística.

En la sesión de la junta directiva de la Sociedad de Cirugía del 10 de febrero de 1933, época del conflicto bélico con el Perú, se ofrecieron al gobierno nacional el pabellón El Carmen y los locales de la consulta externa del hospital para los heridos de esta guerra. En noviembre del mismo año los doctores José Luque, Arcadio Forero, Lisandro Leiva Pereira y Rubén García, llevaron a la consideración de la junta directiva un programa para cursos de entrenamiento en ginecología, oftalmología, ortopedia y medicina interna, el cual implicaba actividades en la consulta externa, lo que da una idea del desarrollo que la misma tenía en la rutina diaria de las distintas especialidades y de su acertada estructura en búsqueda de una mayor calidad médica.

 

Así transcurrió el diario acaecer de la consulta externa del hospital, atendida como ahora por “practicantes internos” y residentes del hospital, tutelados por profesores vigilantes, desinteresados y profundamente éticos, quienes hacen honor a los beneméritos fundadores de la Sociedad de Cirugía, administradora de este bien de los pobres, como aseguraba el profesor Montoya, quien definía su principal misión de esta manera: “La Sociedad de Cirugía maneja la administración del hospital, cuida de su adelanto, tutela su marcha. Ninguno obtiene beneficio alguno; así lo convinimos como regla fundamental. Así se ha cumplido a través de los años”.


Organización de la consulta

 

Antigua consulta externa del hospital con la placa conmemorativa a los doctores Ricardo Fajardo Vega y Ernesto Escobar Anzola.

Entre marzo de 1947 y el mismo mes del año 1954 la consulta externa, por acertada designación de la junta directiva del hospital, queda bajo la dirección del doctor Alberto Villaneda Soto, destacado ginecólogo egresado de la Universidad Nacional de Colombia en diciembre de 1946 con una tesis titulada “Anestesia local en cirugía vaginal” tesis tutelada por el profesor Arturo Aparicio Jaramillo. Villaneda concibe la consulta externa como la dependencia donde se inician las etapas que recorre el paciente al utilizar la labor social que cumple el hospital. Recibió el servicio en época de crisis y de cambios, con sólo un médico jefe y un interno para resolver toda clase de casos, con excepción de la consulta prenatal y de órganos de los sentidos, asistida por especialistas. Disponía de tres consultorios y del apoyo de una hermana de la caridad, dos auxiliares de enfermería y una mecanógrafa. Para julio de 1952 trabajaban para la consulta treinta y cinco médicos, tres enfermeras graduadas y el área es sitio de práctica y entrenamiento de alumnas de la Escuela Nacional Superior de Enfermeras. Mantiene una oficina administrativa y una de kárdex debidamente organizadas; la consulta es atendida por jóvenes médicos especializados en su mayoría en el exterior quienes trabajan ad honorem en pacientes ambulatorios. Se dota de todos los exámenes auxiliares de diagnóstico posibles para la era y mantiene como norma atender el mayor número de pacientes con el mínimo de hospitalizaciones. Calificó el doctor Villaneda, como tarea ardua y necesaria, abocar la organización de la consulta externa por especialidades, como correspondía a un hospital general al cual concurría toda clase de pacientes con la más variada patología. El doctor Villaneda mantiene como especialidades la oftalmología, otorrinolaringología, endocrinología, urología, gastro-enterología, proctología, ortopedia, neumología, cardiología y crea la consulta postnatal y la clínica de esterilidad de indudable alcance social y con el mérito de ser la primera de ellas en Colombia. Al manejo de la esterilidad se adscriben tres ginecólogos, un urólogo, un endocrinólogo y un laboratorista experto en citología.

 

El personal de enfermería está compuesto por una hermana de la caridad, tres enfermeras graduadas una de ellas especializada en la organización de la consulta externa con el apoyo de la Kellog Foundation. El kárdex, la estadística y los archivos clínicos son asignados también a la consulta externa.

 

No hay dudas del enorme avance que significó esta época para la organización y buen suceso del acaecer del hospital, cuyo polo de mayor contacto con sus usuarios lo constituye sin duda el servicio de la consulta externa.

 

Sucede al doctor Villaneda Soto el doctor Humberto Ibáñez Castro, médico egresado de la Universidad Nacional, que continúa y consolida la labor del doctor Villaneda y se ocupa de mantener la disciplina necesaria para la atención oportuna de los pacientes. Permanece en la jefatura de consulta externa hasta el año 1955.

 

Posteriormente es jefe de la consulta externa el doctor Hernán Rodríguez, desde 1956 hasta mayo de 1961, fecha en que se suprime este cargo. Evidentemente en el acta número 10 del 10 de mayo de 1961 se dice que es por razones de economía y “para usar la asignación del mismo en la creación de los puestos de cajero, portero y coordinador”.

 

Nuevas instalaciones


En esta época y para la consulta externa se inauguran veintidós nuevos consultorios construidos entre dos alas del edificio original, infortuna-damente sin guardar ninguna armonía con la edificación e injertado como una fea adición de pasillos estrechos y locales inadecuados. Esa obra se adelantó por donación de la familia Escobar Anzola, como consta en el acta No. 14 del 2 de julio de 1958, en la No. 32 del 22 de septiembre de 1960 y en la No. 2 del 1 de febrero de 1961.

En el pasillo que da acceso a estos consultorios existe una placa fechada el 19 de marzo de 1961 en la cual aparece que las señoritas Sara y Cornelia Escobar Anzola, donantes del servicio lo dedican a Ricardo Fajardo Vega y Ernesto Escobar Anzola, honor que comparten con la Academia Nacional de Medicina, a quien fue asignado también por voluntad de la junta en octubre de 1968.

 

De esta manera transcurre el diario acontecer del servicio de consulta externa, sorteando con mucha dificultad, necesidades y apremios por la permanente escasez de recursos, pero asistida de la mejor voluntad de los médicos, quienes consiguen una muy buena dotación sobre todo en el área de otorrinolaringología, en donde su progreso alcanza especial notoriedad.

 

Desde el 1 de abril de 1985 hasta el 9 de septiembre de 1988 la consulta externa estuvo bajo la dirección y control del doctor Gonzalo López Escobar. Su labor en este lapso, perdurable e importante, apuntó básicamente a la mejor organización administrativa y la mayor suma de la calidad médica en el servicio. Al tiempo se normalizó la consulta de medicina interna, de por sí excesiva, con el empeño de aumentar su calidad y mejor supervisión por parte del personal docente. Adelantó algunas reformas locativas y se empeñó en implantar un nuevo modelo de historia clínica para los pacientes recibidos por medicina general, para su posterior manejo por las distintas especialidades; modelo de atención que recibió un notorio impulso en este lapso. El doctor López creó, además, la clínica de coloproctología.

 

En enero de 1989, la consulta externa se adscribe a la subdirección médica del hospital a cargo del doctor Raúl Barrios Angulo, quien ejerció la jefatura de la consulta externa como una de sus funciones hasta el año 2000, fecha en la cual fue relevado de esa responsabilidad por la Dirección Médica del Hospital. En esta administración, ante todo, se adelanta un inventario de deficiencias, se estudia una estructura de la oferta y la demanda y se establece con total claridad la procedencia y sitios de remisión de los pacientes, su destino en el hospital, sus perfiles socioeconómicos, el grado de utilización de las distintas especialidades, la categoría de sus ingresos y el peso que ellos tienen en el presupuesto del hospital. De todo ello se presenta un pormenorizado informe a la junta directiva del hospital, la cual aprueba las siguientes acciones: racionalizar el uso de los recursos, establecer un sistema de acopio de datos estadísticos que arroje informes mensuales, organizar un sistema de información al público e impulsar el trabajo social.

 

Los programas a corto plazo se cumplieron con eficacia. Como programa a largo plazo se definió lo siguiente: adecuar una nueva área de consulta externa de fácil acceso, aislada de las zonas hospitalarias, con un sentido de circulación plano.

 

Durante todo el año de 1989 la política se concentra básicamente en la intención de captar mayores ingresos por concepto de asistencia social, consolidando unos servicios económicos al alcance de gentes de limitados recursos, sin la gravosa circunstancia de atender personas sin ninguna capacidad de pago, cuyas angustias, infortunadamente, no puede remediar el hospital sin correr el riesgo de agravar su penosa situación financiera. La bondad de este ejercicio lo comprobó el incremento que se tuvo de 44,04% en los ingresos de 1990 en relación con el año inmediatamente anterior.

 

En 1990 funcionan en consulta externa cuarenta y nueve especialidades médicas agrupadas en siete áreas, con la utilización porcentual que sigue:

 

• medicina interna 38.
• otorrinolaringología 13.
• ginecología y obstetricia 12.
• cirugía general 11.
• oftalmología 9.
• ortopedia 8.
• pediatría 5.

La prioridad de medicina interna está condicionada por la mayor cantidad de especialidades que conforman esta área, con relación a las restantes.

 

En los años 1990-1991 se han creado ocho nuevas especialidades médicas: psiquiatría de adultos, nutrición, mano, columna, urología y neurología pediátricas, alergias en pediatría y endocrinología ginecológica, las cuales han venido a conformar casi un cuadro completo de oferta de servicios. En adición a lo anterior y mediante convenio con la Fundación Universitaria de San Martín, se instala en el Pabellón Buendía un centro de atención para salud oral completamente dotado con cinco unidades para tratamiento odontológico, un consultorio para cirugía maxilo-facial, un pequeño salón de conferencias y oficina para profesores, todo en una construcción armónica con el inmueble, sin causar ningún deterioro a su edificación original. Allí reciben entrenamiento estudiantes de odontología de la fundación mencionada y en un futuro se formarán especialistas en cirugía maxilo-facial. Este nuevo polo de atención se dio al servicio en febrero de 1992.

 

El doctor Darío Cadena Rey como presidente de la Sociedad de Cirugía, en el lapso comprendido entre febrero de 1996 y febrero del año 2000, además de muchas obras de gran interés y significación para el hospital, se empeñó en realizar la más trascendente estructura para una nueva consulta externa. La planeación de esta obra y los ajustes de los planos originales, además del trámite burocrático para cumplir disposiciones vigentes sobre sismo-resistencia y conservación de monumentos nacionales ocupó un año de arduo trabajo. La construcción comenzó a mediados del año 2000, siendo Presidente de la Sociedad de Cirugía de Bogotá el doctor Jorge Gómez Cusnir, quien continuó con especial entusiasmo y dedicación los programas en curso. Finalmente, se inauguró la obra el día 3 de diciembre del año 2001. Es de destacar la labor del doctor Carlos Durán García, arquitecto de la Universidad Nacional, quien realizó estas obras con una consagración poco común, respetando en más de un setenta por ciento la estructura original, conservando la ventilación y luminosidad adecuadas y aprovechando al máximo las áreas disponibles, dotándolas al tiempo de vías expeditas para el flujo de funcionarios y pacientes, escaleras de emergencia y en especial creando un ambiente grato y armónico.

 

En esta breve semblanza histórica de la consulta externa hemos querido destacar la importancia de estos servicios como puerta de entrada al hospital y rendir tributo a los médicos, enfermeras y personal administrativo, que en forma desinteresada y altruista crearon un presente para asegurar el mañana de una institución admirable.

 
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