Hallábase todavía estudiando, un joven de aspecto distinguido, notable entre sus compañeros por su consagración e inteligencia, cuando se dio en 1810 el grito de Independencia que debía repercutir en toda la América española. Ese mismo año empieza a servir a la Patria, iniciando a sus 18 años de edad el trascendental papel que estaba llamado a desempeñar en la lucha ya empezada con el gobierno español.
Francisco de Paula Santander se llamaba ese joven, nacido en esta casa donde estamos reunidos, en la Villa del Rosario de Cúcuta en 1792, de padres americanos, pertenecientes a familias de alta posición social, el mismo que adquirió después tanta celebridad y que alcanzara por sus méritos los mas altos empleos en la carrera militar y en la política.
Santander, desde el primer momento, entendió que sin la educación pública la obra emancipadora carecía de significación. Así, la educación fue una de sus principales preocupaciones hasta el punto de que resolvió que el Estado asumiera la responsabilidad de la instrucción primaria y que ésta fuera gratuita. De gobernante, ordenó que en todas las aldeas y en todos los conventos se debía construir una escuela.
Con justa razón se dice que Santander es, sin lugar a dudas, el fundador de la educación pública en Colombia.
Hoy, después de casi 200 años, el pensamiento de Santander lamentablemente sigue siendo una ilusión,… la situación de la infancia, su educación y su prospectiva, muestra un panorama preocupante.
Informe Mundial De La Infancia 2006: El Caso Colombiano.
Hace apenas unos días, al final de la tarde del 17 de enero, el cadáver del niño Julián Andrés Muñoz Pulgarín, de 3 años, muerto por maltrato físico, seguía en Medicina Legal, sin que nadie lo reclamara.
Su cuerpo mostraba las huellas de violencia inexplicable. "Severos traumas y laceraciones en la cabeza. Le faltaba una parte de sus labios. Tenía señales de fuertes golpes en las piernas y en el tórax", así quedó registrado en la Historia Clínica en el Centro de Atención Médica Inmediata (CAMI) del barrio Venecia, en el sur de Bogotá, a donde fue llevado ese martes, a las 12:50 de la tarde, ya sin señales de vida.
Es el caso de maltrato infantil número 39, que se reporta en una comisaría de familia de Bogotá en este año, y en este mismo lapso la Fiscalía ha adelantado 16 procesos judiciales por la misma causa.
El informe “Estado Mundial de la Infancia”- 2006 realizado por UNICEF, nos muestra, entre varias historias similares, cómo en América Latina y el Caribe, incluida Colombia, millones de niños, niñas y adolescentes viven en medio de la pobreza, el abandono, la discriminación y la falta de protección y escolarización.
Para ellos la existencia es una lucha diaria por la supervivencia. Tanto si habitan en centros urbanos como en asentamientos rurales, corren el riesgo de perder su infancia, de quedar excluidos de servicios esenciales como los hospitales y las escuelas, sin disfrutar de la protección de la familia y la comunidad, y de vivir amenazados constantemente por la explotación y los malos tratos. Son los niños y niñas excluidos e invisibles, para quienes la experiencia de un buen comienzo en la vida es desconocido y el consenso universal de la infancia como una época para crecer, aprender, jugar y sentirse seguros, no significa nada.
Otra cifra alarmante de nuestra violencia muestra que el 30% la ocasiona el “conflicto armado” y el 70% restante la violencia intrafamiliar, siendo esta última ésta última como una epidemia que lacera cotidianamente las entrañas de nuestro país.
Muchos adultos creen, todavía, que los menores son de su propiedad, y que para disciplinarlos hay que castigarlos físicamente, entonces van de la palmada al maltrato extremo, y nuestra sociedad acepta, de manera habitual, que a un niño le peguen para reprenderlo, pero no que esto mismo se haga con un adulto.
Mal Gobierno
Los niños y niñas sufren enormemente cuando los países no tienen la voluntad o la posibilidad de proporcionar servicios básicos a sus ciudadanos. Los niños y niñas de Colombia, no pueden esperar a que mejore la gobernabilidad, porque en esa espera podrían perder toda su infancia.
El Futuro de la SOCIEDAD COLOMBIANA DE PEDIATRÍA
Citando al español Fernando Savater,….. “consideremos al hombre en si mismo. ¿Que lo define? Decía el también filósofo, el alemán Gehlen, que es un ser práxico, es decir que actúa. Que quiere decir cosas y que hace cosas que quiere. Esta característica no parece ser en principio demasiado distintiva. ¿Acaso no es la “actividad” lo característico de todos los seres vivos? ¿Acaso “vivir” no equivale siempre, de alguna manera, a “actuar”? Sin embargo, Aristóteles, en su “Ética a Nicodemo”, asegura taxativamente que los animales no actúan. Puesto que actuar debe ser algo más que reproducirse, buscar refugio o fabricar madrigueras, cazar o moverse en busca del sol o de aguas templadas. Actuar no es solo ponerse en movimiento para satisfacer un instinto, sino llevar a cabo un proyecto que trasciende lo instintivo hasta volverlo irreconocible o suplir su carencia.
La Sociedad Colombiana de Pediatría, consciente del importante papel que le corresponde como parte de la sociedad civil que integra, con indudable capacidad de hacer análisis de nuestra problemática, la hace evidente y la denuncia, pero no quiere eludir su responsabilidad con el país, y especialmente con los niños, niñas, adolescentes y la familia colombiana, actúa y se compromete con acciones que además de satisfacer sus objetivos científicos y gremiales, establece su responsabilidad social.
Para esto, hemos hecho de nuestra asociación una organización que permita encarar con mayor fortaleza este compromiso y que sus objetivos se traduzcan en mejores resultados.
Programa CRIANZA&SALUD y las JORNADAS DEL BUEN TRATO
Nuestra asociación creo hace algunos años, el programa CRIANZA&SALUD, del cual hacen parte la Revista Crianza&Salud®, esfuerzo editorial dirigido a la familia, y las Jornadas Del Buen Trato A La Infancia, donde en una auténtica ALIANZA PARA LA VIDA® con la industria que nos acompaña y está comprometida con nuestro país, y con las instituciones oficiales, en el marco de un encuentro dominical, se transmite un mensaje pedagógico que fomenta y establece la importancia de una crianza y disciplina basada en el afecto y la compañía y no en el castigo físico y la reprimenda que maltrata. Todo esto representa la filosofía, la finalidad social y la responsabilidad de la Sociedad con nuestro país.
Programa PRECOP, con sus diferentes componentes
En cumplimiento de su finalidad científica y académica, que refleja nuestro compromiso por mejorar y ofrecer una atención de calidad a nuestra infancia, la Sociedad Colombiana de Pediatría continúa adelantando un proyecto dirigido al desarrollo total de su Programa de Educación Continua en Pediatría – PRECOP.
Este programa hará parte de un compromiso, fomentará y se retroalimentará de la colaboración estrecha con las distintas cátedras de Pediatría del país, agrupadas en el Comité Nacional de Educación Médica en Pediatría – CONEMEP.
Todo esto enfocado a ofrecer una valiosa herramienta generada desde la academia, por los pares llamados a calificar el proceso de recertificación de la especialidad, enmarcado en la recientemente aprobada Ley 404, pendiente aún de reglamentación.
Apoyamos la propuesta de la Unidad de Acción Médica, y a la Federación Médica Colombiana, para que este proceso de recertificación de la especialidad deba ser de la profesión médica, autónomo y gratuito. Debe ser llevado a cabo por pares académicos de sociedades científicas organizadas y capacitadas como la nuestra, para ser instrumento de garantía de calidad en la atención en salud.
Continuaremos además la consolidación de la relación con el ICBF y la estructuración de programas que disminuyan las causas que comprometen la salud integral del niño colombiano.
En ese mismo orden de ideas, fortaleceremos la alianza natural con los capítulos de nuestras subespecialidades, entre las cuales quiero hacer especial de la Asociación Colombiana de Neonatología y de la Asociación Colombiana de Neumología Pediátrica, cuyos representante hacen parte de nuestra Junta Directiva, y de las nuevas asociaciones científicas que reúnen especialidades pediátricas, con las cuales tenemos la posibilidad de robustecer objetivos comunes.
Propuestas tales como el desarrollo de la herramienta AEIPI, Atención Integral De Las Enfermedades Prevalentes De La Infancia, merecerá nuestra atención, para integrar en un proyecto que cuente con la colaboración de nuestra asociación, la empresa privada y entidades oficiales del orden nacional e internacional, una permanente e indisoluble ALIANZA PARA LA VIDA ®, y un programa que nos permita fortalecernos y asumir con mayor firmeza las responsabilidades que compartimos.
Propósito final
Asumo hoy con mi JD, integrada por prestantes y comprometidos colegas de la especialidad, con asiento en la mayoría de la geografía colombiana, Bogotá y la zona central del país, Atlántico y Bolívar en nombre de la Costa Norte, Antioquia, el Valle del Cauca, el sur del país, con Cauca y Huila, el Eje Cafetero y los Santanderes, el legado de los fundadores de la Sociedad, quienes el 27 de julio de 1917 en Bogotá, motivados por las noticias llegadas de Francia, de la fundación en Paris de Sociedades Científicas especializadas, iniciaron la Sociedad de Pediatría de Bogotá, transformada en octubre de 1942, bajo la Presidencia del Dr. Calixto Torres Umaña, en la Sociedad Colombiana de Pediatría y Puericultura, la cual después de procesos culmina en una agremiación unificada y reconocida nacionalmente como representante de la especialidad.
Continuamos así una ilusión concebida por ilustres precursores de la Medicina y de la Pediatría en Colombia, varios de cuyos nombres solo conocí en la placas que le daba nombre a los antiguos pabellones del Hospital San José de Bogotá. Desde allí, algunos de los fundadores de la Sociedad, acompañaron en silencio mi formación médica en la Universidad del Rosario.
Hoy los nombres de esos pabellones, tienen otra dimensión en este camino iniciado por los ilustres doctores Nicolás Buendía, Calixto Torres Umaña, el padre del tristemente malogrado cura Camilo Torres, y Eliseo Montaña entre otros, además de José Ignacio Barbieri, gestor del Hospital de La Misericordia de Bogotá.
Estimula la heredad y la fuerza impulsora y estimulante de años previos de trabajo de quienes me precedieron en la nueva etapa de la Sociedad, de personas que tuve la fortuna de conocer y me dieron la oportunidad de crecer en su ejemplo y amistad, como el ya fallecido Profesor Ernesto Plata Rueda y la de mis colegas los doctores César Villamizar, Jaime Trucco y José Serrato, pero especialmente de mis compañeros, hoy para fortuna mía y de la Sociedad, integrantes, participantes y activos en nuestro proceso de consolidación, los Doctores Jorge Eduardo Loaiza Correa, Fernando Visbal Amador y mi predecesor en el cargo, el Dr. Juan Fernando Gómez Ramírez.
Asumo la Presidencia de la Sociedad Colombiana de Pediatría y Puericultura, que más que una distinción personal, es un compromiso compartido que me obliga a superarme en el deseo de servir y desde luego, actuar,… con enormes tareas, pero con promisorias metas, las cuales solo las entiendo como la continuación del crecimiento de raíces fuertemente afianzadas en mis padres, Hernando y Leonor, hoy y siempre conmigo. En mis hermanos y en mi familia. En Rocío, ser excepcional y ejemplo de vida fortalecida por ilusiones y esfuerzos compartidos. En mis hijos, Carlos Eduardo y Carolina y su gestante presente, mi primer nieto, que me dimensiona desde ya a una nueva y feliz etapa de mi vida. En Daniela, Juan Felipe y Antonio, que me llenan plenamente la actual.
Quiero además compartir el honor y la tarea que me ha sido designada, con mis colegas pediatras de mi Cúcuta querida y mi departamento Norte de Santander.
Gracias a ellos, a mis maestros, a mis compañeros y colegas y a mi querida Sociedad Colombiana de Pediatría, hoy entiendo mejor, lo que parecía ser una ilusión cuando leía en un añejo libro que me regaló el querido primo, pediatra, Eduardo Montaña Villamizar, recientemente fallecido, las palabras del filósofo y pediatra argentino, Dr. Fulgencio Escardó:
“Cuando un médico atiende un niño con una neumonía, descubre el proceso, aplica el antibiótico exacto y vigila la marcha de la enfermedad hasta su curación, no ejerce propiamente un acto pediátrico, hace clínica médica en un niño, lo que sin duda tiene muchísimo mérito, pero ... ...... no es pediatra ”
..... quien dando un paso más allá, establece un buen régimen alimenticio, se ocupa de que el niño aprenda a respirar bien, le dicta y regula una vida higiénica, tanto en lo físico como en lo intelectual, hace una buena medicina infantil, pero .... todavía no hace pediatría.
Solo es pediatra quien comprende que en ese niño se está gestando un hombre futuro y que tal germen de hombre está engestado en un sistema familiar del que depende no solo su inserción social futura sino el equilibrio de sus reacciones interhumanas.
Pediatría es la Medicina del Hombre, en su más profunda significación, porque le toca prevenir no sólo las llamadas enfermedades prevenibles, sino también intentar las profilaxis de aquellos trastornos que perturbando la conducta humana, originan la desdicha convivencial.”
Muchas Gracias,
Hernando Antonio Villamizar Gómez
Villa del Rosario de Cúcuta, 11 de Febrero de 2006 |