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Una reflexión de antropología
médica
Indice de la revista Página1 - Página 2 Senos femeninos, evolución humana y sexualidad En la cadena evolutiva, nuestros parientes evolutivos más cercanos son los miembros del orden de los primates, especialmente los del suborden de los antropoides. Entre las muchas e importantes diferencias existentes entre los simios y los humanos, la sexualidad es una de ellas. En todos los primates vivos, la frecuencia del acto copulatorio está estrechamente controlada por el ciclo ovulatorio de la hembra. En el momento de la ovulación, cuando el óvulo maduro está listo para ser fertilizado, las hembras de los primates indican de múltiples maneras que se encuentran en un elevado estado de receptividad denominado estro. Así, pueden mostrar hinchazones policromas en la piel, especialmente en la región ano–vaginal, emitir olores sexualmente excitantes y exhibir cambios en su conducta, como presentar activamente sus grupas a los machos o hacerse más agresivas. Las mujeres en cambio no poseen un ciclo de estro, no hay signos externos que indiquen el período durante el cual los óvulos viables pueden ser fertilizados por el esperma. En lugar del estro, los humanos han desarrollado un sistema único para asegurarse de que durante el breve intervalo en que el óvulo está listo para ser fertilizado los espermatozoides estén allí para efectuar su trabajo. La hembra humana permanece sexualmente atractiva a través de su ciclo menstrual, tanto en los días fértiles como en los restantes. Nuestra especie ha perdido la conexión que existía en los antiguos primates entre actividad sexual y fertilidad. Este sistema implica mantener a hombres y mujeres sexualmente activos durante prácticamente todo el año. (Harris) Las hembras humanas tienen un clítoris que supera en su tamaño a los de todas las demás especies, con excepción de las hembras de chimpancés más lúbricas. La piel lampiña humana es más eróticamente sensible que la de cualquier otro primate y mono. De manera que describir la especie humana como la más sexual entre los primates, no es sino una comprobación de la naturaleza básica del animal humano. (Harris)
Al andar erguidas, las señales sexuales traseras de la mujer quedan ocultas; pero la evolución de un par de protuberancias en su pecho, a imitación de las nalgas, le permite transmitir la señal sexual ancestral, sin necesidad de volverle la espalda a su compañero. (Morris) Fue tan importante este elemento sexual en el desarrollo de los senos, que llegó incluso a incidir en la función maternal primaria. Los pechos se volvieron tan grandes y hemisféricos en su esfuerzo por imitar a las nalgas, que dificultaron el acceso del bebe a los pezones. (Morris) La sorprendente similitud entre los pechos y las nalgas femeninas ha sido explotada en ocasiones por los fotógrafos artísticos. Los pechos describen, sin la sujeción de la ajustada ropa moderna, unos movimientos durante la locomoción que se asemejan mucho al de las nalgas, lo cual contribuye a acentuar su significado sexual. La mujer permanece todo el tiempo tan excitable como excitante y sus señales corporales –los pechos y los glúteos– no aumentan ni disminuyen sensiblemente de volumen durante su período menstrual. Una de las funciones más importantes de la actividad sexual es el reforzamiento de los lazos en la pareja. El orgasmo femenino, no necesario para la fertilización, ayuda al proceso amoroso en la formación de lazos y en su permanencia. Los fuertes lazos cooperativos entre varones y hembras humanas, aseguran a la especie humana una alta tasa de éxito reproductivo y la participación del varón en el cuidado y alimentación de sus crías, así como en su cuidado recíproco. La mayor parte del volumen de las mamas femeninas se compone de tejido graso, mientras que sólo una pequeña porción es tejido glandular, relacionado con la producción de la leche. Si bien la leche materna es el alimento ideal para un bebé, hay que reconocer que la forma de los pechos femeninos está lejos de ser perfecta para la tarea del amamantamiento. Y la razón de esto es la doble función de los senos femeninos, maternales y sexuales. Cuando una mujer empieza a amamantar a un bebé, y sus pechos se llenan de leche, sólo aumentan de tamaño en un tercio. Esto significa que las dos terceras partes de su tamaño (lo suficiente para que adquieran la forma hemisférica) no están relacionados con la actividad alimentaría. (Harris) La forma hemisférica de los pechos no responde a su función maternal, sino a su contenido sexual. Los senos femeninos conservan su redondez y su firmeza durante toda la juventud. Según algunos autores, a los varones los atraen los labios gruesos, los senos redondos y la piel suave porque esto equivale, en sus mentes, a salud y fertilidad. (Harris) En su función sexual, los pechos actúan, en primer lugar, como estímulos visuales, y, en segundo, como estímulos táctiles. Incluso a gran distancia, suelen ser suficientes para diferenciar la silueta de una mujer de la de un hombre. Por su forma, más sexual que maternal, los pechos femeninos se exhiben a menudo en las danzas eróticas. (Morris) Los senos además de su papel de estímulo sexual para los hombres, son para la inmensa mayoría de las mujeres, importantes zonas erógenas. Y esto lo comprenden muy bien los cirujanos plásticos. Estos saben que la sensibilidad de los senos se puede reducir cuando se aumenta el tamaño con prótesis. No así cuando se reduce el tamaño. Los ocho momentos de los senos Los médicos, principalmente los pediatras, ginecólogos y cirujanos plásticos, sabemos que la forma de los senos cambia gradualmente desde la pubertad hasta la vejez. Esta lenta modificación del perfil mamario son “los ocho momentos de los pechos”:
La etapa prepuberal (1), en que sólo se distingue el pezón, la pubertad temprana (2) en la que las areolas y los pezones sobresalen como un cono, la pubertad media (3) en la que el pezón y la areola se proyectan hacia arriba, lo cual crea una forma cónica y más en punta, la pubertad avanzada (4) en la que la areola se diferencia nítidamente del pezón, la juventud (5) en la que los senos son firmes y más redondeados, la maternidad (6) con sus pechos generosos, la madurez (7) con el pecho caído y la vejez (8) con el pecho colgante. Aunque estas son las fases típicas del desarrollo de los senos, hay muchas variaciones. A lo largo de los siglos, las mujeres han intentado, de muchas formas, prolongar la impresión de poseer pechos firmes y redondeados, con el propósito de extender el período en que son capaces de transmitir esta ancestral señal sexual de la especie humana. (Morris) |
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