Gerencia interdisciplinaria de instituciones de salud

Carlos Eduardo Jurado Moncayo
carlos.jurado@javeriana.edu.co

Indice de la revista

Cuando se habla de instituciones que prestan servicios de salud, lo primero que viene a la mente, es una institución en la que se desenvuelven profesionalmente médicos, enfermeras, terapistas, nutricionistas, bacteriólogos, algunas veces odontólogos y en general, un recurso humano que se encuentra enfocado en lograr el objetivo de recuperar o mantener la salud de una población.
Esta visión ha hecho que con frecuencia las instituciones de salud sean vistas exclusivamente desde esta perspectiva y se olvide que son empresas de un sector altamente productivo, que como cualquier empresa, cumple con unas tareas dentro de un ambiente social y en un marco económico que facilita o entorpece su actividad. Como tales, estas empresas poseen, al igual que las demás, una estructura, unos procesos y unos resultados, que giran en torno a satisfacer las demandas de unos usuarios.

Cuando se profundiza en cada una de las actividades y en los procesos que lleva a cabo la institución de salud, es cuando se entiende que éstas son entidades que no pueden ser manejadas o gerenciadas desde la perspectiva exclusiva del sector salud y se debe recurrir a la conformación de un grupo interdisciplinario, que permita hacer de ellas, instituciones que cumplen con una función social y que generan recursos sociales y financieros a la sociedad en la cual se desarrollan.

El proceso educativo

Recordar el proceso educativo de los programas en salud, lleva a entender adicionalmente cuál es la razón por la cual los profesionales del sector se enfrentan a la dirección de las instituciones con una visión exclusiva desde el sector, sin enmarcarla en el contexto en el que se desenvuelve.

El Estudio de Recursos Humanos realizado en Colombia durante los años 2000 y 2001, mostró que los programas curriculares que actualmente sirven para formar los profesionales, se dirigen exclusivamente al área clínica y teoricopráctica del área científica y abordan lateralmente la formación en humanidades, ciencias administrativas y otras materias de gran desarrollo profesional (Ruiz et al, 1998). La enseñanza de cada profesión se da, adicionalmente, en un ambiente donde el intercambio con otras disciplinas del conocimiento es muy limitado. Ejemplos de esto hay muchos. La mayoría de los programas en salud requieren que el alumno permanezca en contacto permanente con personas de su misma profesión, sin posibilidad de interactuar con miembros de otras facultades y con diferentes intereses de conocimiento. Bajo este esquema, el profesional se forma con una mentalidad acortada de la realidad que no le ayuda en su proceso de interacción con otros profesionales.

Por el contrario, el ambiente universitario en el cual se encuentra inmersa cada facultad, muestra una realidad integradora que permite que el conocimiento fluya en todas las direcciones y que el desarrollo profesional se logre en un medio que favorece el crecimiento integral de la sociedad. Es aquí, donde se puede apreciar en su conjunto, la interdisciplinariedad que debe existir y que debe imperar en todos los aspectos del desarrollo de una sociedad. La formación distribuida en cada una de las 9 áreas del conocimiento, permite ver que cada profesional no puede manejar el conocimiento en su totalidad, sino que por el contrario, debe recurrir a complementarse y a complementar otras áreas.

De esta manera se entiende cómo la interacción entre profesiones permite sacar adelante proyectos de gran magnitud, dirigir empresas, generar nuevo conocimiento, investigar, plantear soluciones, y demás acciones que se puedan emprender para sacar adelante una sociedad de conjunto.
Aunque el proceso educativo lleva inicialmente a plantear una clara separación entre las diferentes áreas del conocimiento, lo importante es la interacción que se debe dar en el momento de aplicar los conocimientos.

Dentro de la empresa de salud, es claro que el profesional debe prestar el servicio que a él le corresponde y que para cumplir sus funciones a cabalidad, requiere un equipo de colaboradores que le ayuden a obtener los mejores beneficios de su actividad.

Internacionalmente, las facultades han identificado con claridad, que los estudiantes requieren de un proceso de socialización dentro de sus diferentes disciplinas, así como con las demás. Las facultades no están acostumbradas a brindar a sus estudiantes ambientes en los cuales se desarrollen estas cualidades y tampoco saben cómo reconocer y recompensar este tipo de comportamiento (Harris et al., 1998).

Lo que muestra la realidad

Nuevamente, los casos son muchos, y para ello debe observarse lo que se investiga al respecto. El cambio de enfoque en la salud, antes centrada en el individuo y ahora centrada en la comunidad, obliga a que los administradores de salud deban ser formados en una diversidad de ambientes multidisciplinarios (Sinay, 2000).

En el modelo tradicional, el médico está al mando, situación que debe ser reorientada. El profesional debe tener la competencia para trabajar dentro de un equipo interdisciplinario, lo cual demanda un cambio en las profesiones de la salud. La Universidad del Sur de la Florida desarrolló un programa que parte desde la filosofía de la enseñanza y que enseña con un equipo interdisciplinario. Se identificaron cuatro pasos críticos, que fueron: establecer un objetivo común, desarrollar un proceso de equipo, crear un modelo para guiar las interacciones y desarrollar redes de apoyo entre la comunidad (Lowry, 2000).

Las experiencias muestran que es preferible mostrarles a los estudiantes una actitud de trabajo en equipo, antes que una de competitividad, para lo cual se ha desarrollado y se viene aplicando desde hace algún tiempo, un currículo interdisciplinario (IGC – Interdisciplinary Generalist Curriculum) en algunas facultades. Esto ayuda a que los alumnos fortalezcan su trabajo en grupo. Se incluye el trabajo de otros departamentos y otras facultades, lo que ha significado a su vez, la integración misma de la universidad y la comprensión de otro tipo de trabajo al interior de las instituciones (Muller et al, 2001). La educación interprofesional persigue que los estudiantes aprendan juntos, con miras a trabajar juntos. Diferentes facultades han adoptado esquemas en donde en el currículo básico se introduce el trabajo interprofesional (Banks & Janke, 1998).

Esta práctica colaborativa es un proceso dinámico que requiere tiempo para desarrollarse. Hace manifiesta una relación de interdependencia y cooperación, que se construye a partir del entendimiento que cada profesión tiene su propia perspectiva y que esto conduce al logro del objetivo común. Permite que surjan elementos de colaboración y se hacen evidentes las barreras que impiden que el proceso se lleve a cabo, así como también ilumina sobre los patrones de relaciones entre profesionales de diferentes disciplinas. Sin duda, se llega a un sinergismo, cuando se crea un ambiente de interdisciplinariedad, situación que se refuerza por los logros sobre los pacientes así como por la satisfacción por el trabajo (Makarama, 1995).

Proyectos como la atención primaria en salud, son ideales para mostrar los ejemplos de trabajo en equipo y han servido para organizar grupos que trabajan efectivamente, al mismo tiempo que se incrementan los incentivos. Generalmente, el inicio de los programas se da en planes que se llevan a cabo en zonas rurales y aisladas (McNair, 2001).

Otro efecto visto en el trabajo interdisciplinario en salud es el relacionado con la efectividad en el cuidado del paciente. Se nota una resistencia inicial del estudiante; pero el avance en el proceso del trabajo hace que se desarrollen actitudes positivas hacia el aprendizaje en equipo. Se adquieren nuevas habilidades, lo cual redunda en el bienestar del paciente. En estos estudios ha sido evidente que el médico es el que más habilidades necesita adquirir (Horsburgh, 2001).

Desde la perspectiva de los sistemas de salud, la colaboración apropiada y la comunicación entre los profesionales es vista como un factor determinante para lograr los cambios que pretenden las reformas. El trabajo interdisciplinario se enseña desde experiencias clínicas y académicas y durante el proceso se identifican elementos que inhiben o facilitan la educación interdisciplinaria (Ruebling, 2000).

Otra experiencia que demuestra la interacción de la universidad, expone cómo desde la facultad de arquitectura, se dicta el componente de la construcción y diseño de obras hospitalarias en los programas de administración en salud (Verderber, 2002). Esto ha llevado a que la formación de los administradores en salud se brinde con equipos interdisciplinarios, en comunidades deprimidas que no gozan de los beneficios de las grandes ciudades y en ambientes académicos que se interrelacionan con las comunidades (Forti, 2001).

Se observa que la experiencia lograda en la clínica se traslada a los espacios administrativos. El proceso de toma de decisiones en forma interdisciplinaria responde al surgimiento de nuevos roles por parte de otras profesiones de la salud (Aaronson, 1998). Esto ha hecho que los programas de Administración en Salud posean en su equipo, miembros que no pertenecen al sector salud y que en últimas, son los encargados de orientar los procesos de política, planeación, análisis organizacional y programas de evaluación. Por su parte, los especialistas en salud, poseen la experiencia en el área de salud más que cualquier otro profesional, lo que conduce a que las investigaciones y sus hallazgos sean aterrizados a la realidad. Al identificar el medio, pueden orientar el trabajo interdisciplinario y desde esta perspectiva, deben capacitarse para lograr la dirección apropiada de un equipo de trabajo. De igual manera, los hallazgos de las investigaciones deben ser orientados para su uso apropiado y deben retroalimentar los programas de Administración de Salud (Rohrer, 1992).

Un componente adicional que se ha observado últimamente y que se requiere incorporar en los programas, tiene que ver con la formación transcultural.

La salud se ha convertido en un bien internacional y los procesos migratorios generados por la globalización, han traído como consecuencia, la atención de personas con diferente tipo de culturas, etnias y razas, bajo el mismo techo. Desafortunadamente, la enseñanza de la práctica médica posee rasgos occidentales, los cuales no aceptan fácilmente la incorporación de otro tipo de filosofías en sus procesos de atención. (Winn, 2001)

Esta nueva concepción ha surgido a partir del trabajo con comunidades. La claridad de los miembros acerca de su rol y el de los demás, la apreciación de sus bases de conocimiento como “iguales pero diferentes” y la confianza en la competencia de los demás, son factores fundamentales para lograr el máximo beneficio. (Minore, 2002)

A modo de conclusión

Enfrentarse a la práctica profesional requiere en primer lugar una gran dosis de personalidad. Asumir la responsabilidad que plantea el ejercicio ya es una labor ardua, para la cual se viene preparado desde la facultad o escuela de la cual se es egresado. Pero, a esta situación debe sumarse que existe una responsabilidad social aún mayor, que obliga a que el profesional interactúe con una comunidad, conozca de ella, participe de sus vivencias. Dichas comunidades, sobre todo aquellas marginadas, esperan, en la mayoría de las ocasiones, que se dé solución a sus problemas de una forma integral, lo que hace que el profesional ya no deba pensar exclusivamente en su campo de acción, sino en un conjunto de actividades que deben ser desarrolladas por un equipo multidisciplinario.

Es de esta manera como surgen dos elementos que debe encarar el profesional de la salud: en primer lugar la necesidad de especializarse en un campo de acción y, en segundo lugar, la necesidad imperiosa de que estos profesionales interactúen y colaboren entre sí. Desde el punto de vista de la atención en salud, el trabajo en conjunto, la colaboración y la estrecha comunicación optimiza el proceso de atención (May, 2001). Pero se llega un punto en el cual no es posible dar marcha atrás y no se puede pensar en lo que la academia dejó de brindarnos durante el proceso de formación. Resulta imperioso que adoptemos otra posición y que se reconozca en la dirección de las instituciones de salud, el hecho que un profesional no posee los elementos suficientes y necesarios para lograr extractar de la institución los mayores beneficios.

El trabajo en equipo permite que cada profesional en su área de conocimiento haga lo que debe hacer y lo haga bien. La prestación de servicios de salud involucra el análisis de las políticas, la planeación, un análisis organizacional, un control de gestión y una evaluación de programas, además de una gerencia integral estratégica, para lo cual el profesional de la salud no ha sido formado. Pero también, y de manera muy importante, requiere que se preste el servicio de salud con la más alta calidad disponible y con la mayor oportunidad posible. Requiere que a partir de la prestación del servicio, se identifiquen factores en la comunidad que intervienen en su proceso salud-enfermedad; lo que lleva a que se planteen investigaciónes al respecto y se adecúen los resultados obtenidos a un contexto específico que genere conocimiento, cambie actitudes y retroalimente los procesos de formación, tanto especializada como general.

Todos estos factores hacen pensar que el profesional de la salud, empíricamente, asume ciertos roles y desarrolla algunas actividades, pero el desarrollo del trabajo hace que deba asumir la necesidad de conformar un grupo de trabajo, para brindarle a la comunidad lo que mejor se merece.

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