Indice de la revista

Globalización y salud pública en Colombia.
Una breve historia.

Hugo A. Sotomayor Tribín.
Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina.

Aunque el término globalización se acuñó en la década de los sesenta, esto no quiere decir que los fenómenos que este incluye sean nuevos. Si bien la contemporánea tiene sus peculiaridades propias, podemos aceptar para este ensayo que en nuestra historia hemos estado sometidos a
cuatro globalizaciones.

Con los europeos y los africanos llegó una larga lista de enfermedades desconocidas en América entre las que podemos mencionar la malaria, la uncinariasis por N. Americanus, el dengue, la
fiebre amarilla, las filariasis W. bancrofti y O. volvulus, la viruela, el sarampión, la gripe, la rubéola, el tifus exantemático, etc. y con ellas, gracias al etnocentrismo europeo, el desprecio de los alimentos y
conocimientos indígenas y la reducción de la mujeres indígenas y negras, a la condición de Evas yerbateras y brujas. Esta difusión de enfermedades e ideas se hizo gracias a las armas, el comercio, los misioneros y a la difusión de la imprenta mecanizada. Fue la primera globalización para lo que hoy es Colombia.

En el siglo XIX, especialmente después de la Independencia y la consecuente apertura del comercio con otros países europeos diferentes a España, comenzó la segunda globalización. La fiebre amarilla urbana registrada por primera vez en la costa colombiana en 1651, ingresó al interior del país en 1830 de la mano de la navegación con buques a vapor por el río Magdalena.

Gracias a la más intensa y rápida navegación transoceánica con buques de mayor velamen y de vapor, una enfermedad confinada al Asia se dispersa por el mundo: el cólera. Es durante la tercera pandemia que esta enfermedad llega a Cartagena, en 1848, procedente de Nueva York, vía Colón, Panamá.

A finales del siglo XIX y hasta mediados del siglo del XX los modelos y las interconexiones culturales se intensificaron, a medida que se difundieron las nuevas tecnologías de la comunicación y el transporte, como el ferrocarril y el telégrafo, y que la consolidación del imperio europeo se daba en todo el globo.

Es la tercera globalización. Es en estos años cuando los europeos al dominar a África y partes del Asia, acuñan e imponen el término de enfermedades «tropicales» para referirse a muchas
viejas enfermedades parasitarias sufridas o conocidas por ellos, que habían sido una de las barreras, además de las económicas y militares, para su anterior expansión a esos continentes, con
el propósito de señalar más las causas bióticas y abióticas que las verdaderas causas sociales de aquellas. Esta fase está marcada por la gran pandemia de gripe de 1918 y la generalización del
uso y abuso del cigarrillo. Fue una época testigo de los comienzos de una nueva oleada de interconexiones ambientales internacionales, conforme la contaminación transfronteriza en pe-
queña escala se iniciaba en Europa, la deforestación tropical organizada bajo los auspicios imperiales, cobraba ímpetu y la difusión global del industrialismo y del empleo del combusti-
ble fósil empezaron a transformar, en ese momento inadvertidamente, la composición de la atmósfera. Este periodo presenció la circulación, la difusión y la imposición de ideologías y
modelos conceptuales seculares occidentales . liberalismo, socialismo marxista, nacionalismo y ciencia.

Los últimos cincuenta y dos años de nuestra vida republicana signados por la violencia y corrupción generalizadas, coinciden con las extraordinarias innovaciones en las infraestructuras del transporte y las comunicaciones. Es la cuarta globalización.

En la década de los ochenta se inicia la pandemia del SIDA y en 1991 la octava pandemia de cólera llega a Colombia, después de haber ingresado al continente americano por el Perú. La guerra de guerrillas dada en el ámbito de la lucha entre el socialismo y el capitalismo, inventos de Occidente, tras la caída del bloque socialista, dan pie a que el fenómeno de narcotráfico de la coca y la heroína, inicialmente en manos de bandas sin discurso político, infiltre y de sostén económico a las agrupaciones con aparentes discursos políticos igualitarios, cuando no son más que disfrazadas ambiciones de poder de grupos y personas.

Unos y otros, los primeros y las segundas, se convierten en elementos claves en el sostenimiento de esta fase de la globalización estructurada en un discurso secular. La riqueza que genera el narcotráfico se queda en su inmensa mayoría en los centros del poder geopolítico mundial. La globalización de los problemas de contaminación encuentra en los grupos «antiglobalización» a ultranza, las guerrillas, un gran aliado, gracias a sus «tácticas de guerra»: la voladura de oleoductos.
Así como el consumo de café se expandió como bebida estimulante a lo largo de los primeros siglos del desarrollo del capitalismo, el consumo de cocaína, heroína y de las sustancias estimulantes de síntesis ha aumentado enormemente en esta época, gracias entre otras cosas, a las exigencias laborales y los tipos anodinos de trabajos y a que mientras que la inmensa mayoría de las interacciones culturales en las épocas previas eran de élite a élite, casi todas las interacciones de estos años han sido a través de los medios y los artefactos culturales populares.

En la globalización contemporánea si bien los alimentos y las prácticas alimenticias «autóctonas» no son desprestigiados deliberadamente, aquellos y estas se ven fuertemente impactados por los mensajes y las modas impuestas por los medios de comunicación. Las representaciones de la alimentación se relacionan con modelos estéticos corporales que idealizan la delgadez. En el pasado, eran los pobres quienes solían estar subalimentados; en la actualidad, son los pobres quienes más posibilidades tienen de estar sobrealimentados, porque los alimentos ricos en azúcar y féculas son más baratos que la carne y el pescado, más nutritivos y bajos en calorías. Para acceder a las altas esferas, se debe tener aspecto espigado. La gordura lleva elsello de la pobreza y el fracaso. La dietas para adelgazar y los gimnasios y el trote callejeros se pusieron de moda. La anorexia nerviosa cada vez se diagnostica más entre las mujeres jóvenes sometidas a los nuevos ideales de belleza.