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Espasmos de la glotis
Por el Doctor Marco A. Iriarte R., de Bogotá.
El espasmo de la glotis es una contracción tónica
de los músculos aductores y constrictores de la glotis, que
puede durar desde algunos segundos hasta el tiempo para producir la
sofocación.
Sabida es la clásica división de los espasmos en sintomáticos
é idiopáticos. Los primeros, de los que no tendré
para qué ocuparme aquí, provienen casi siempre de la
excitación de los nervios recurrentes, producida por un tumor
que se halle vecino y así, no es raro observarlo en los aneurismas
del cayado de la aorta, en las hipertrofias de los ganglios linfáticos
de la región inferior del cuello, sean éstas de origen
tuberculoso ó canceroso, etc. Se observan también, en
las afecciones irritativas ó ulcerativas de la laringe, como
en el croup, en la sífilis laríngea, etc.
El espasmo idiopático de la glotis, que se ha llamado también
convulsión interna, asma tímica, asma de Kopp, asma
de Millar, espasmo freno-glótico de las criaturas, es una entidad
mórbida perfectamente definida, según la mayor parte
de los autores, que se presenta en los niños desde el primer
día de nacidos hasta los dieciocho ó veinte meses. Rualt,
sin embargo, no piensa que el espasmo de la glotis deba considerarse
como una entidad mórbida aparte, como se deduce claramente
del siguiente párrafo que copio: Siendo una enfermedad
especial a los recién nacidos y procediendo por accesos, está
caracterizada por un espasmo tónico simultáneo de la
glotis, del diafragma y de los músculos torácicos, acompañado
ó seguido frecuentemente, por convulsiones tónicas de
las extremidades. Debe pues, con toda evidencia, entrar en el cuadro
de la eclampsia infantil, de que no es en realidad sino una forma
clínica particular.
El mayor número de casos se observa entre los dos y los
quince meses. Los niños son atacados más frecuentemente
que las niñas, sin que se haya encontrado hasta ahora, razón
satisfactoria para explicar el hecho.
Se cree que la herencia nerviosa desempeña un gran papel,
y así no será raro encontrar en las historias clínicas,
antecedentes hereditarios nerviosos, madre histérica, etc.
Las condiciones higiénicas ocupan un lugar importante en
la etiología de la enfermedad. Así, el doctor Pérez
Avendaño nos relata los siguientes casos que son muy demostrativos:
He tenido ocasión de observar últimamente
en la clientela dos casos, de tal modo semejantes, que una sola historia
los abraza: se trata de dos niños que habitaban un mismo cuarto,
que servía al propio tiempo de taller en donde trabajaban cuatro
personas. Cada vez que iba a verles me era fácil notar lo viciado
del aire, no solamente por las combustiones de cuatro personas, sino
también por las de la chimenea, el humo del cigarro, etc. Los
niños respiraban en esta atmósfera, su madre y nodriza,
siendo solas para poder vigilarlos. Uno de estos niños iba
al campo cada quince días, y me fue fácil observar que
los días consecutivos a estas salidas su estado era otro, y
no era sino algunos días después cuando los accesos
reaparecían. Es posible que la sangre químicamente modificada
constituyera un irritante del sistema nervioso central.
Por la misma razón (confinamiento del aire) debe ser que
en Europa se observan más casos en el invierno que en el verano.
La enfermedad, al decir de Marfan, es rara en París, al
paso que en Inglaterra es bastante común. Entre nosotros no
me ha parecido que se observe con mucha frecuencia.
Algunos autores han acusado a la dentición, como causa de los
ataques. Es posible que en los casos de dentición laboriosa,
con gran hinchazón de las encías, el niño esté
especialmente predispuesto.
Pero es la sífilis, y la sífilis hereditaria, la
que produce en gran número de casos del espasmo idiopático
de la glotis. El Profesor Dieulafoy dice a este respecto: La
sífilis hereditaria determina muy a menudo en los niños
pequeños perturbaciones laríngeas que tienen tal analogía
con los espasmos de la glotis, que tengo la convicción de que
en muchos casos es la sífilis la causa. Es precisamente
por esta coincidencia por lo que he querido relatar la historia de
los dos casos que he tenido ocasión de observar y en los cuales
la sífilis ha sido la verdadera causa del mal.
Mi primera observación se refiere a un niño de ocho
días de nacido que me fue llevado al dispensario de San Vicente
de Paúl.
El niño aparecía bien conformado, había nacido
a término y no presentaba aparentemente estigmas de sífilis.
No pude descubrir antecedentes específicos en la madre, que
fue quien lo llevó a la consulta, ni pude averiguar nada positivo
relacionado con el padre. El niño, nos cuenta la madre, sufre
periódicamente y sin causa apreciable, lo mismo de día
que de noche, de convulsiones que se repiten cinco ó seis veces
en las veinticuatro horas y que parece van a poner su vida en peligro.
Tuve ocasión de presenciar un ataque mientras le examinaba,
y las cosas pasaron de la siguiente manera:
sobreviene bruscamente un movimiento convulsivo del tronco sobre
las piernas, coincidiendo con una inspiración sonora, seguida
de una expiración que no parece tener nada de anormal. Poco
a poco las inspiraciones subsiguientes se fueron haciendo más
y más cortas, sacudidas y los movimientos espiratorios fueron
disminuyendo de intensidad hasta desaparecer completamente. Llegó
un momento en que la función respiratoria no existía.
La cabeza estaba caída hacia atrás, los ojos enormemente
abiertos, la mirada inquieta, angustiosa, la cara cianótica.
Esto duró uno ó dos minutos, al cabo de los cuales la
respiración se restableció, empezando por inspiraciones
sonoras del todo semejantes a las del principio del ataque.
Este cuadro dramático, no podía corresponder a otra
cosa que a un espasmo de la glotis, pues pasado el ataque, el niño
quedaba en un estado de salud excelente, sin que fuera posible descubrir
huella alguna de enfermedad, comiendo y durmiendo como el mejor alentado.
¿Cuál es la verdadera causa de dichos ataques? Por
de pronto me fue imposible descubrirla, y en la ignorancia hube de
limitarme a un tratamiento puramente sintomático de baños
tibios y una poción antiespasmódica.
Tres días después me fue llevado el enfermito de
nuevo porque no solamente no había mejorado, sino que al contrario,
las cosas marchaban de mal en peor, pues los ataques se habían
hecho más frecuentes y de duración más larga.
Examiné de nuevo con más cuidado el niño y encontré
en este segundo examen, una enorme placa mucosa en la margen del ano.
La cosa me sorprendió muchísimo por no haberla visto
en el primer examen y porque el niño aparentemente, como ya
lo he dicho, no revelaba ser un tarado hereditario. Sin embargo, la
duda ya no era posible, el niño era heredo-sifilítico.
Esclarecido el punto etiológico cambié completamente
de terapéutica, e instituí el tratamiento mercurial
intensivo en todo su rigor. El resultado favorable no se hizo esperar,
pues dos días después de comenzado, los ataques se habían
hecho más raros y disminuidos en intensidad y después
de ocho, no volvieron a presentarse. Este niño hoy parece curado
de su sífilis, pues no ha vuelto a presentar síntoma
alguno de dicha enfermedad.
El segundo caso se refiere a una niña, igualmente recién
nacida, para la cual fui llamado de urgencia un día. Cuando
llegué, el ataque acababa de pasar, y por lo referido por los
colegas que habían llegado antes que yo, era indudable que
la niña tenía espasmos de la glotis. Según se
me informó ya había tenido dos ó tres ataques
antes, enteramente semejantes al que acababa de pasar. El distinguido
Profesor Señor Doctor Miguel Rueda A., médico de cabecera,
me hizo el honor de citarme para que lo acompañara a ver la
enfermita. Con el caso anterior que hacía poco había
visto yo, me vino inmediatamente la idea de que podría ser
la sífilis hereditaria la causa de los espasmos de la glotis
de esta niño, a pesar de que, como en mi primer caso, no revelaba
ser una heredo-específica, y sí tenía antecedentes
hereditarios nerviosos, pues la madre es una histérica consumada.
El señor Doctor Rueda acogió muy favorablemente mi idea
y procedió con la prudencia requerida en dichos casos a hacer
un interrogatorio al padre. La cosa fue muy mal recibida por el señor,
hasta el punto de que fue imposible continuar la indagatoria. Así
las cosas, resolvimos dejar un tratamiento antiespasmódico,
listo a cambiar por el anti-específico, si los espasmos continuaban.
La duda no duró aquí largo tiempo, pues dos días
más tarde el Doctor Rueda me citaba de nuevo con el objeto
de mostrarme una bella erupción de psoriasis específica,
que ponía perfectamente en claro nuestras sospechas. El tratamiento
especifico fue instituido inmediatamente y el resultado favorable
no se hizo esperar tampoco.
Después supimos que por tiempo, en que estas cosas pasaban,
el señor estaba tratándose para manifestaciones secundarias
de su sífilis.
Comentario
Héctor Garzón *
En la disertación realizada hacia principios del siglo pasado
en nuestra revista Repertorio de Medicina, por el Doctor Marco A. Iriarte,
referente al cuadro de Espasmos de la glotis, es absolutamente
obligado resaltar, en primera instancia, los conceptos generales que con
gran claridad se expresan al clasificar los laringoespasmos en idiopáticos
y sintomáticos.
Asocia de manera inteligente todas las afecciones que pueden ejercer
compresión sobre el nervio laríngeo recurrente con episodios
de laringoespasmo y, obviamente, refiere como etiología primaria,
las enfermedades de gran incidencia en la época, incluyendo la
tuberculosis, la sífilis y otras que aún siguen vigentes,
como las adenopatías y las neoplasias.
Si bien es cierto que en etiologías como las planteadas aquí
esperaríamos alteraciones representadas en esencia por la parálisis
de las cuerdas vocales, no es ilógico pensar en el laringoespasmo
como síntoma posible ante una lesión compresiva, aún
cuando esta es más común en casos que involucran el nervio
laríngeo superior, pues producen estímulos anómalos
del mismo, lo que se traduce en un cierre glótico reflejo de gran
severidad y conforman un verdadero cuadro de laringoespasmo.
Es agradable recordar nomenclaturas como las denominaciones de convulsión
interna, asma tímica y otras, que el lector puede
disfrutar con la lectura del artículo original, y que nos transportan
de manera romántica hacia la literatura médica de principios
del siglo XX, rica en epónimos y hábilmente mezclada con
finos detalles descriptivos.
Las referencias que se hacen del doctor Ruatl, quien propone el espasmo
laríngeo secundario a la focalización de un síndrome
convulsivo, pueden ser más exactas y lógicas. En la actualidad
se sabe que muchos cuadros son producto de este tipo de enfermedades neurológicas.
Por otro lado, en las apreciaciones detalladas del doctor Pérez
Avendaño es muy interesante advertir cómo propone la brillante
hipótesis, basada en sus observaciones particulares, de casos sucedidos
por exposición de los pacientes a medios viciados con contaminantes
como por humo de cigarrillo y productos de combustión. En la actualidad
estos agentes están asociados a laringoespasmo, con estadísticas
que reflejan un aumento de hasta tres veces su incidencia en individuos
expuestos a humo de cigarrillo, amonio, benceno y otras sustancias de
uso común.
Respecto a la apreciación hecha por el Dr. Pérez Avendaño,
cuando considera que es posible que la sangre químicamente
modificada constituyera un irritante del sistema nervioso central,
podemos aclarar que los últimos estudios demuestran que, en efecto,
el laringoespasmo se produce con mayor facilidad durante los estados hipocápnicos,
en la fase espiratoria y cuando hay aumento en las concentraciones de
dióxido de carbono. Esto explica por qué es una entidad
autolimitada, puesto que cuando las concentraciones de dióxido
de carbono comienzan a elevarse, la glotis se abre por acción refleja,
quedando el paciente absolutamente asintomático.
Por último podemos afirmar que, aun cuando la sífilis es
una patología relativamente común en nuestro medio y época,
ya no lo es tanto como fue a principios del siglo XX, cuando fue escrito
el artículo del doctor Iriarte. Es por ello lógico pensar,
que existiera gran tendencia y sesgo a asociar la lúes con cualquier
enfermedad poco comprendida, como corresponde al laringoespasmo. Aun cuando
se refiere una respuesta al tratamiento instaurado y aceptado en la época,
como el usado con los agentes mercuriales, quedan grandes dudas tanto
en el diagnóstico, como en que fuese la sífilis, la verdadera
etiología de dichos cuadros.
En la actualidad son muchos los conocimientos en cuanto a la fisiopatología
del laringoespasmo, pero debe precisarse que se trata de una enfermedad
de índole multifactorial.
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