Los planes de beneficios en Salud Oral

Cuando hablamos de diseño de planes de beneficios nos remitimos a una cantidad de estudios que se encuentran detrás de ellos. Son muchas las cifras y son muchos los elementos que se deben tener en cuenta para hacer un diseño acorde con la realidad del medio en el cual se implementará. Es el caso del Plan Obligatorio de Salud que manejamos dentro de nuestro Sistema de Seguridad Social. Se podría decir que es un plan amplio, aunque nunca será suficiente para todo lo que se necesita en salud, más aún en un medio como el nuestro, que maneja tantos componentes y tantas externalidades.

Pero lo que realmente nos importa como profesión tiene que ver con las actividades que están contempladas en odontología dentro de nuestro POS. Después de revisar con cuidado lo que se ofrece se puede cuestionar si hubo o no el acompañamiento de los profesionales del ramo. Para nadie es extraño que los sistemas de salud alrededor del mundo en muchos casos excluyen planes odontológicos. No es para menos, odontología está considerada como una de las áreas con los mayores valores de tratamiento. Pero por otra parte cuando se observan los estudios internacionales sobre la morbilidad oral, en todos figura que los problemas de los dientes y su aparato de sostén figuran siempre entre los 5 primeros lugares con muy contadas excepciones.

Si fuera economista, demógrafo o actuario podría, después de preguntarme cuántos años de vida productiva me añade realizar o no un tratamiento de operatoria en odontología, decidir que no incluyo actividades en odontología a no ser que fueran preventivas. Pero como soy odontólogo, estoy consciente de las implicaciones que tiene la salud oral dentro de la salud integral del individuo, entendida desde un punto de vista físico y mental, por esta razón debo interceder para que nuestros planes de salud contemplen actividades de recuperación de la salud oral.

La realidad que vive el país económicamente hablando, debe marcar unas pautas que se deben tener en cuenta para llevar servicios de salud a la población. Que la solución sea realmente una solución y no la prolongación en el tiempo de un problema.

Pero todo lo anterior sumado, lleva a que adoptemos otra posición, la de la realidad con la racionalidad. ¿Qué estamos viendo en la actualidad? La inclusión de actividades de salud oral sin ningún propósito de continuidad, lo cual nos lleva a malgastar los recursos con los cuales cuenta el Sistema de Seguridad Social en Salud. El caso típico está cuando se observa el paciente con un alto grado de caries y de destrucción que amerita un tratamiento de endodoncia para salvar el diente afectado. Por todos los medios se convence al paciente de lo importante que es para su salud ser tratado, por lo que termina haciéndose su tratamiento. Se le comenta que el paso siguiente es la rehabilitación y aquí, el paciente se desaparece. A las pocas semanas vuelve e informa que no hay recursos para seguir con la rehabilitación, razón por la cual el diente es preferible sacarlo.

¿Qué obtuvimos de triunfo como profesión? Una vergüenza. Se destinaron unos recursos para poder mejorar las condiciones de salud oral de una población y terminamos desperdiciándolos. Tampoco podemos decir que es culpa nuestra. Cuando se diseña un plan de beneficios por fuera de un contexto socioeconómico ocurren generalmente estas cosas. Pueden estar todos los soportes técnicos para el plan pero hace falta la retroalimentación por parte de los directamente involucrados. La realidad que vive el país económicamente hablando, debe marcar unas pautas que se deben tener en cuenta para llevar servicios de salud a la población. Que la solución sea realmente una solución y no la prolongación en el tiempo de un problema.

En el editorial anterior vimos los retos planteados como profesión para el año 2020, ahora veamos lo que nos espera al enunciar el Plan Nacional de Salud Bucal 2005. Este es un trabajo que se viene adelantando con amplia participación y liderado principalmente por el Ministerio de Protección Social, la Secretaría Distrital de Salud y la Asociación Colombiana de Facultades de Odontología. Deberá estar formulado a finales de 2004 y su éxito y aplicabilidad dependerá del grado de participación y de la consciencia que tome cada uno de nosotros de aportar al plan.

Aunque parezca reiterativo sobre el tema, existe una responsabilidad cuando se manejan cifras de un sector y cuando se tiene información sobre alguna situación en particular. Nuestro deber es enterarnos de lo que está ocurriendo y aportar desde nuestro conocimiento y nuestra práctica para que las políticas que se implementen vayan en la dirección de lograr un incremento en la mejoría de nuestros indicadores de morbilidad oral y que la población pueda gozar de una mejor Calidad de Vida.

Carlos Eduardo Jurado Moncayo
Editor