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Contra el dolor de muelas:
Santa Apolonia

Esta mujer de familia rica del siglo III, fue víctima de la persecución a los cristianos y por no renegar de su creencia fue sometida al suplicio de quitarle los dientes. Su dolor la llevó a ganarse el apelativo de Patrona de los Odontólogos.
   
     
    Ilustración de Santa Apolonia donde se representa sin la pinza.
Fuente: Francisco Martínez, 1557

La fórmula más rápida puede ser 500 mg de acetaminofén cada 4 horas, 600 mg de ibuprofeno cada 6 horas, diclofenac, ácido mefenámico ácido acetilsalicílico y en algunos casos combinaciones entre ellos. Pero también se puede recurrir a otras prácticas como el anamú o el yantén y si seguimos en esta línea podemos llegar hasta las conocidas “calzas eléctricas” de gran difusión popular y de venta en la droguería de la esquina. Pero el objeto de este artículo no es escribir sobre lo tradicional, sino recordar las múltiples facetas que han mostrado las religiones y cómo en nombre de Dios se han cometido, posiblemente las peores atrocidades, de una de las cuales salió nuestra Patrona, Santa Apolonia.

Entender quién fue Santa Apolonia y la razón de ser de su tormento implica hacer un viaje de regreso histórico y geográfico, para ubicarse temporalmente más cerca de la vida de Jesús. Después de su muerte, el Imperio Romano pasó por momentos muy grandes y otros de terrible decadencia y corrupción, hasta el punto que entre 193 d.C y 284 d.C. se tuvo alrededor de 28 emperadores, en su gran mayoría asesinados. El primer mártir conocido del cristianismo, Esteban, fue un diácono formado por los Apóstoles y a quien el emperador veía como un gran riesgo. Le siguió Marcos, el más viejo de los evangelistas, quien en Alejandría, una ciudad fundada por Alejandro Magno, comienza un fuerte proceso de evangelización. En el año 62 d.C., es apresado y al día siguiente colgado.

Según la historia, Alejandría es el lugar donde nace el Cristianismo y donde se fundamenta filosóficamente, al crearse en ella Didascalia, la escuela de catecismo de Alejandría. Así mismo es el lugar donde se cuenta con la primera iglesia cristiana conocida como la catedral de San Marcos.

Empieza un período de crisis para el imperio Romano. Era rico, lujoso y potente. No le temían a ningún vecino hasta que éstos empezaron el proceso de cruzar sus fronteras. Los primeros avances se dieron con los escoceses en Inglaterra, los pueblos germanos en el Rhin y el Danubio, los persas en Asia menor y los bereberes en Africa. Toda esta amenaza volcada hacia el imperio lleva a plantear que los emperadores deban tener formación militar y por consiguiente deban ser nombrados por los mismos militares, hecho que comienza a darse desde 235 d.C. Se establece una monarquía militar absoluta en la que la confrontación antecede al liderazgo. Con las guerras como cotidianeidad se disminuye el comercio y la producción agraria a lo que se suma que la población no quiere producir en sus terrenos debido al vandalismo y robo generalizado. Esto acarrea que se deban incrementar los impuestos, medida poco popular que empieza a minar la resistencia de la población.

Bajo este panorama llega al poder el emperador Decio (Mesio Quinto Trajano) a quien el emperador Filipo, El Arabe, le había delegado el aplacar a los sublevados por las medidas tributarias tomadas. Asesina a Filipo y firma un edicto con el que se obligaba a todos los ciudadanos a participar en el sacrificio a los dioses. Por el cumplimiento del edicto, se entregaba un certificado llamado libelo, que debía ser presentado a las autoridades con cierta periodicidad. Pretendía acabar con la iglesia cristiana por lo que decreta una persecución a los cristianos, posiblemente la más sangrienta, influenciado por la asesoría de un adivino que se hacía llamar Divino. Según éste, los dioses preparaban diferentes males para la ciudad y la única forma de aplacar la ira divina era el exterminio de los cristianos o su conversión. Condenó a los cristianos a ser despojados de sus casas y bienes y luego ser arrastrados al suplicio. Así murieron el Papa Fabián y Cipriano quien murió decapitado por reconocer la autoridad del Papa.

Los Padres de la Iglesia debían replegarse lo que los llevó a mantener comunicación mediante cartas. En una de ellas, San Dionisio, Obispo de Alejandría, explicaba las terribles persecuciones dadas en la ciudad de Alejandría. Inicia su relato con Metras o Metrius, un anciano venerable, a quien trataron de obligar a proferir blasfemias contra Dios y cuando se negó, lo azotaron, le clavaron astillas de caña en los ojos, y lo mataron a pedradas. La siguiente persona que aprehendieron fue a una mujer cristiana, llamada Quinta, a quien llevaron a uno de sus templos para forzarla a adorar al ídolo. Ella se dirigió al falso dios con palabras de desprecio que exasperó tanto al pueblo que la arrastraron por los talones por encima del empedrado, la azotaron e igualmente mataron a pedradas. Luego descargaron su furia sobre un santo hombre llamado Serapión quien fue torturado en su propia casa y después de herir sus miembros, fracturarle algunos huesos y desarticularle otros, fue lanzado de cabeza desde la azotea, lo que completó su martirio.

Después se dirigieron donde Apolonia, mujer nacida en el siglo III en Egipto. Fue concebida milagrosamente en un hogar de padres ricos pero infértiles. Después de muchos intentos por quedar embarazada, su mamá decidió rogar a la virgen para que le diera un hijo. Apolonia al enterarse de tal condición en su juventud, opta por pedir el bautizo para volverse Cristiana. Se cuenta que posteriormente un ángel se le apareció y le pidió que se desplazase a Alejandría para cumplir con la misión de evangelizar. Así lo hizo y vivió largo tiempo hasta que le tocó presenciar y vivir en carne propia los martirios a los que eran sometidos los Cristianos.

Cuando los paganos llegaron a su residencia, Apolonia era una mujer virgen de avanzada edad que se había caracterizado por las virtudes de la castidad, la piedad, la caridad, la austeridad y la limpieza de corazón. Una vez arrestada se le ofrecieron como alternativas morir o salvarse, para lo cual debía blasfemar y emitir diferentes injurias en contra de Jesús. Como se rehusase a cometer tal acto, de entre los habitantes paganos del poblado salió un hombre corpulento que le propinó un golpe que hizo caer varios de sus dientes, acto al cual se sumaron otros miembros de la comunidad y terminaron tumbándole los dientes que quedaban y fracturándole los maxilares. Con la cara totalmente ensangrentada y sin saberse qué grado de dolor soportaba, los patrocinadores de tal atrocidad la llevaron fuera de la ciudad, donde habían preparado una hoguera, y le preguntaron nuevamente si deseaba renunciar a Jesús o continuar siéndole fiel. Ante la pregunta, Apolonia pide que la dejen pensar por unos instantes y que por favor le desaten las manos.

Cenvencidos de que la Santa renegaría de Jesús y del Cristianismo, ceden ante sus peticiones y la dejan en libertad. Cuenta la historia, que sin explicarse de dónde sacó fuerzas, y ante la mirada atónita de los paganos y otros testigos, corrió velozmente y se lanzó a la hoguera, ratificándose en su creencia. Según diferentes versiones, el cuerpo de la Santa no fue consumido por las llamas, razón por la cual optaron por golpearla para lograr su muerte y finalmente tuvieron que recurrir a degollarla.

Todo parece indicar que las últimas palabras que profirió antes de lanzarse a la hoguera fueron:

«Que aquellos que hagan memoria con devoción de la intensidad del dolor que sufro ahora, no sientan más los dolores de dientes»,

palabras que la han llevado a ganarse el apelativo de Patrona de los Odontólogos y de los que sufren dolores de dientes y muelas.

En el «Libro de Horas de La Virgen» impreso por Simón Vostre en el año 1507 se encuentra el siguiente texto: “Dios todopoderoso y eterno que habéis liberado de manos de sus enemigos a la bienaventurada Apolonia, vuestra Virgen y Mártir, y habéis escuchado su plegaria, yo os imploro, por su intercesión, por la del bienaventurado Lorenzo, por vuestro martirio y al mismo tiempo por el de todos los Santos, el don de aliviar el dolor de mis dientes y de guardar sano y salvo, a fin de que podamos internamente rendiros acciones de gracia”, pero ya en el siglo XIII, Pedro de España, que fue el Papa Juan XXI en su obra «Thesaurus Pauperum» había mencionado por vez primera a Santa Apolonia como «Santa patrona de los dientes».

Con respecto a las reliquias de la Santa, su culto se arraigó en todo el mundo y sus dientes y residuos corporales fueron distribuidos como reliquias. Se cuenta que la población Cristiana de Alejandría recogió sus dientes y diferentes restos, tanto de su ropa como de sus atavíos, para recordarla. Sus restos reposan repartidos en varios lugares: en la iglesia de Santa María de Roma se halla su cabeza; un brazo de la Santa se encuentra en San Lorenzo de Extramuros; parte de la mandíbula en la de San Blas, y dientes en el Convento de Araceli (Capuchinos), en Santa María de Campo Martio y en Santa Cecilia del Transtevere, todos ellos templos romanos.

En Madrid se conserva en el convento de las Descalzas Reales una venerada reliquia de Santa Apolonia a la que muchos fieles rinden un culto especial el día 9 de febrero. A pesar de ser oriental, se la venera en Occidente, ya que en Oriente su acto es considerado suicidio, situación que no es admitida por la filosofía oriental. Es de aclarar que en este punto existe una contradicción en la historia, ya que se supone que ella no murió en la hoguera sino que finalmente fue degollada por los paganos. San Agustín posteriormente ha enfatizado que su lanzamiento a la hoguera por cuenta propia ha sido realizado por la intervención del Espíritu.

Su martirio ha sido motivo de numerosos cuadros de pintores, desde los maestros más reconocidos hasta los más modestos populares. A pesar de que Dionisio se refiere a ella específicamente como una mujer madura, se la ha representado universalmente como joven y hermosa. Se la representa sosteniendo unas pinzas o fórceps, frecuentemente con una muela sujeta entre sus puntas que varía de representación a representación; en algunos casos llegan a parecerse a las tenazas de un herrero.

En otra representación de Jean Fouquet en el siglo XV se muestra una audiencia mirando desde balcones a unos actores que representan el Martirio de Santa Apolonia.

En su honor también se realiza una publicación científica trimestralmente por parte de un grupo de Odontólogos de Boston, Massachusetts, denominada, The Apollonian.

Finalmente, en el año 312 el emperador Constantino decreta que el Cristianismo es la religión oficial del imperio Romano, dando fin a una serie de persecuciones que acabó con la vida de 144.000 personas en la denominada “Era de los mártires”. A finales del siglo IV y principios del V caería el Templo de Serapis, con lo cual se acabaría el paganismo en Alejandría.

Entender el proceso fisiológico del dolor puede resultar fácil y no nos tomará más de un semestre académico, pero entender el dolor causado a la humanidad desde tiempos inmemoriables por la religión o por creencias mal fundamentadas o mal entendidas, posiblemente nos tome muchas vidas más.

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