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Revista Colombiana de Cirugia Plástica
y Reconstructiva
Redacción de un artículo HERNANDO Rodríguez Umaña.*
Resumen: Se revisan algunos elementos del artículo médico, como son la nomenclatura anatómica, las unidades de medida según el Sistema Internacional de Unidades, el uso de las abreviaturas y las siglas, los nombres de los autores, las referencias y la bibliografía. Abstract: This paper reviews some elements of the medical article, such as anatomic nomenclature, measure units according with the International System of Units, usage of abbreviations and acronyms, authors names, references and bibliography. Además de los elementos del artículo médico analizados en las dos primeras partes, hay elementos accesorios descuidados a menudo. Ellos son importantes, ya que contribuyen a darle o quitarle calidad al artículo, y reflejan en el papel el rigor que se tuvo para hacer el trabajo clínico o de laboratorio. Nomenclatura anatómica La nomenclatura anatómica latina (1, 2, 3) se usa con frecuencia entre nosotros en versión latina; así da una impresión de sapiencia, pero a menudo está mal escrita y peor pronunciada. Esto sucede por no estar nosotros habituados al latín, que no se enseña en Colombia desde principios de los años sesenta, salvo en los seminarios y en pocas carreras universitarias. Ejemplos de la versión escrita de un trabajo premiado de un docente: El músculo Gastrognemius, apareció así
en tres ocasiones, para referirse al gastrocnemio o gastrocnemius, o sea
que no fue un error de transcripción, y el autor lo cree correcto. Los términos anatómicos castellanos, traducidos de los grecolatinos, se usaron desde el siglo XVI hasta comienzos del XVIII, cuando llegó a España la moda del léxico afrancesado, con traducciones llenas de errores y barbarismos, (4) efecto secundario de la llegada de los Borbones. El uso de los nombres castellanos se ha preconizado de nuevo ya hace años, con muy buen juicio, por la similitud de los dos idiomas. (2, 3) En la terminología anatómica pueden usarse los equivalentes en los distintos idiomas, traducidos directamente de los términos latinos, y los que ya existen como nombres vernáculos. (5) ¿No sería ridículamente pedante hablar del os frontale, del pes o pedis dexter, o de la auricula auris externa sinistra, en lugar del hueso frontal, el pie derecho y la oreja izquierda? ¿No son preferibles vibrisas a vibbrissae, periostio a periosteum, región crural anterior a regio cruris anterior, vientre anterior del músculo digástrico a venter frontalis musculus digastrici, red venosa dorsal de la mano a rete venosum dorsale manus? Los términos latinos no llevan cursiva ni inicial mayúscula, porque son nombres comunes. (5) Esto puede verificarse en las publicaciones de lengua inglesa. Los términos latinos se pueden restringir a las escasas publicaciones en otros idiomas, para servir de lingua franca. Unidades de medida y números La coherencia en el uso de símbolos, abreviaturas, grafías,
mayúsculas y minúsculas, puntuación, números,
citas, cuadros y otros muchos detalles de la redacción científica,
da a las publicaciones seriedad y calidad, y aporta orden donde podría
haber un caos que distrajera la atención. (6)
El SI sigue el sistema métrico decimal creado durante la Revolución Francesa, y usado casi universalmente, incluidas la Gran Bretaña y la comunicación científica en los Estados Unidos, (10, 11,12, 13, 14) país que en la vida diaria se obstina en las pulgadas, libras, galones, acres, grados Fahrenheit, etcétera. Al escribir las unidades, se deja espacio entre números y símbolos, y éstos sólo tienen punto al final de la oración. (14) Para evitar la confusión de los litros con el número uno, que es igual a la letra ele en algunos tipos de letra de los más usados, la CGPM admitió el uso de L. Puede usarse l cuando no haya riesgo de error: 2 mol/l y 1 L. (14) Los decimales siempre se separaron con comas y los miles con puntos, (16, 17, 18) en Colombia como en casi toda Europa. Para imitar a los estadounidenses, ahora se ve hacerlo al revés, aunque el punto signifique multiplicación en matemáticas. El SI recomienda separar los miles con espacios: 1234 ó 1 234; a partir de cinco cifras se escribe: 12 345 y 1 234 567; los decimales se separan con coma: 0,123 456 (7, 14) lo cual también es norma técnica colombiana, (9, 19) y no 0.123 ni aún menos .123 como se ve hacerlo. Abreviaturas Las abreviaturas deben seguir las normas de la lengua, (17, 20) deben ir después de la primera mención del enunciado completo, y se deben evitar en el título y en el resumen: (8, 10, 11) HTM puede ser hipertrofia mamaria o hipertensión maligna; HVD puede ser hipertrofia ventricular derecha o hepatitis viral D, etcétera. Se acostumbra no ponerles puntos, y en todo caso, escribirlas siempre igual. Ejemplo erróneo: BB sin ninguna explicación, pretendía ser bloqueadores ß; antaño significaba más Brigitte Bardot. Siglas y nombres Las siglas son conjuntos de iniciales y por tanto no tienen plural en español: el Instituto de Seguros Sociales es ISS y no ISsSs ni ISSs, y la Organización de las Naciones Unidas es la ONU, y no la ONsUs ni la ONUs. Se escriben por regla general sin puntos, sobre todo al volverse palabras llamadas acrónimos. (17, 21) A veces llevan algunas de las letras siguientes a las iniciales: la Asociación Colombiana de Universidades es ASCUN y no ASCUNs; el Instituto Colombiano de Normas Técnicas y Certificación es ICONTEC y no ICONsTEsC; la Federación Nacional de Cafeteros es FEDECAFÉ y no FEDECAFÉs. Entonces no hay razón para escribir EPSs, IPSs, PCAs, CLs, TAMs, AINEs, o peor PCAs y similares, que son burdas imitaciones del inglés. Se escribe los ECG, dos AINE pero se dice dos aines. No hay que usar siglas de denominaciones inventadas por la burocracia nacional, que no le dicen nada a un lector extranjero, pueden desaparecer en cualquier momento por otra norma, y menos usarlas en el título, aunque lleguen a ser aceptadas por algunas revistas. Ejemplo: E. S. E. Hospital... y menos e. s. e. Hospital..., que tiene tres errores de ortografía. Algunas revistas médicas, para imitar a los estadounidenses, incluyen
siglas de títulos como M. D., M. Sc., Ph. D., etc., como los escriben
ellos, y que los británicos escriben MD, BSc (Hons), PhD, FRCS
Ed o FRCS (Ed) (Hon), con las minúsculas no iniciales. Pero en
Colombia a menudo no las escriben así, como lo hacen sus modelos,
sino MSC, PHD, como si science y philosophy fueran dos palabras cada una;
llegan a ponerle al mismo nombre, una sigla con puntos y otra sin ellos,
o una sólo con mayúsculas y otra con mayúsculas y
minúsculas; nuevo ejemplo del copiarlos por copiarlos, pero mal.
En ningún caso las siglas de títulos deben estar en las
referencias. (22, 23) Las siglas de títulos académicos son en realidad un esnobismo que sólo sirve para añadir desorden y confusión, como opinaba ya en 1977, una autoridad en redacción científica de Estados Unidos, Eugene Garfield, creador de los Current Contents. (24) Al respecto recomiendo consultar la anatomía de Cunningham, (25) y un sabroso comentario sobre esa costumbre británica. (26, 27) Un artículo científico debe despertar la atención de los lectores por la importancia de su contenido, y no por una presentación dirigida a impresionar al lector con la categoría y el estatus científico del autor. (28) Entonces es preferible escribir los nombres sin siglas, como en las revistas europeas y como en Acta Médica Colombiana, puesto que en las revistas médicas escriben médicos. Así se facilita el trabajo de los impresores y se evita que autores descuidados las incluyan en las referencias (¡verídico!). En el pie de página, o en nota al final, se pueden indicar los títulos y cargos académicos, junto con la dirección. A los lectores no les interesa que los autores tengan muchos títulos, sino que el trabajo sea bueno, y esas siglas no le ponen ni le quitan su calidad. El trabajo puede ser bueno con autores sin siglas, y puede ser malo, en el fondo, en la forma, o en ambos, con autores con siglas. Aún más, es paradójico y desdice de esos títulos, ver artículos deficientes de autores con varias siglas, aun de tres y más letras. Cuando hay autores que son estudiantes, profesionales de otras áreas de la salud o de otros campos, se precisa en el pie de página o en nota al final. (No puse la sigla que apareció después de mi nombre en las dos primeras partes de este trabajo). Se debe evitar el uso de la inicial del segundo apellido. O se ponen los dos apellidos completos, o sólo el paterno. De lo contrario hay el riesgo de que el artículo sea mal codificado en las bases de referencias, en caso de ser publicado y de merecer interés en el extranjero. En una época recibí una revista dirigida a U Hernando Rodriguez (sic, incluida la falta de tilde). En los manuscritos, los apellidos deben distinguirse de los nombres por su tipografía. (8) La misma norma debería aplicarse cuando acompañan los títulos de los artículos. Un ejemplo para imitar es el escribir con minúsculas los nombres y con mayúsculas los apellidos, para distinguirlos bien, como hacen los franceses. Hay apellidos iguales a nombres: Alfonso, Álvaro, Ambrosio, Armando, Arturo, Bernardo, Diego, Estefanía, Gil, Hernando, Jaime, Jimeno, Juan, Julio, Lázaro, León, Marías, Matías, Martín, Ramón, Ricardo, Rodrigo, Santos, Ventura y otros. Entonces, si el artículo merece entrar a las bases de datos internacionales, Juan Alfonso CASAS, no aparecerá Casas JA, y María ESTEFANía Pérez no aparecerá Pérez ME, sino Alfonso Casas J y Estefanía Pérez M. El Index Medicus incluye los dos apellidos sin guión desde hace años, cuando los autores los escriben. Ya hay revistas en inglés, idioma que no tiene signos ortográficos de entonación, que usan tildes y otros signos españoles, franceses, portugueses, italianos, alemanes, escandinavos, eslavos, y hasta turcos, como è, ô, ç, ã, ò, ä, ø, å, , ý, ÿ. Parece increíble, y es paradójico y hasta vergonzoso, que aquí no se escriban bien los nombres de los vecinos, y Assumção aparezca Assumcao. Pero es cierto que a veces escriben mal los nombres de dirigentes de las revistas, y de dirigentes de las sociedades científicas responsables. |
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